MexiCanUs: antifaz de neblina sobre el puente Golden Gate
Nos adentrarnos —después de una larga y sinuosa cuesta— en la tierra de las sequoias; rodamos bajo titanes de savia milenaria

Viernes 7 de julio
Casi cumplimos dos semanas de haber inaugurado nuestro periplo ciclista. No pudo haberse presentado un mejor viernes: silencio en la salida de San Francisco y un antifaz de neblina sobre el puente Golden Gate. Cruzamos el rumbo bajo las cuerdas de metal colorado y nos vimos en la dificultosa tarea de esquivar grupos de ancianos deportistas y poco enterados del tránsito ciclístico-transeúntico que los abordaba. Temerarios, estos viejos robles.
Oficialmente consideramos desplazada a la 101 y nos hicimos devotos de la carretera 1. Por esta nos adentrarnos —después de una larga y sinuosa cuesta— en la tierra de las sequoias. Rodamos bajo titanes de savia milenaria. La sequoia, esa primogénita de Gea, es el auténtico axis mundi. Un misticismo susurrante nos aturdió desde las ramas. Los senderos bajo la cúpula clorofílica nos llevaron hasta la zona de acampada de Olema, todavía tierra californiana.





