El presidente de EU, bajo el escrutinio de la prensa

Más de un centenar de estaciones de radio, cadenas de televisión y organismos no gubernamentales verifican las declaraciones de políticos y funcionarios. El mandatario estadunidense está bajo la lupa de los medios por las mentiras que ha dicho desde la campaña 

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CIUDAD DE MÉXICO.

Mientras el gobierno del presidente Donald Trump habla de “hechos alternativos”, más de un centenar de estaciones de radio, cadenas de televisión y organismos no gubernamentales verifican constantemente las declaraciones de políticos y funcionarios, especialmente en Estados Unidos.

De hecho, organizaciones como Politifact y FactCheck, dedicadas ya hace años a la verificación de declaraciones, cifras y hechos, gozan de una popularidad desacostumbrada. Sus clasificaciones, que en un caso son “pinochos” y en otra una expresión popular sobre mentirosos, “pants on fire” (pantalones en fuego), son citadas ampliamente.

Cuando el 15 de agosto de 2016 un reporte del Instituto Poynter, especializado en prensa, señaló que ante las patentes y constantes falsedades del entonces aspirante presidencial Donald Trump se hacía necesario la acción pronta de los medios, ya algunos literalmente cotejaban y publicaban sus reportes cuando el sujeto en cuestión aún hablaba.

Bill Adair, catedrático de la Universidad de Duke fue quien fundó el proyecto Politifact.

Lo que resultó imprevisible fue “la avalancha de noticias falsas” ocurrida en 2016, que los verificadores de hechos no reconocieron a tiempo, pero que a fines del año pasado lo llevaron a augurar que 2017 sería no sólo el año de los verificadores sino cuándo se pondría en marcha un proyecto con programas robot para acelerar el cotejo de informaciones.

Muchos aliados de Trump, sin embargo, consideran que los contrastes entre sus afirmaciones y las hechas por los medios al verificar sus asertos son o bien informaciones falsas o inclinadas en su contra.

La mayoría de los verificadores son meramente periodistas liberales que buscan probar su narrativa preconcebida”, afirmó el 26 de septiembre de 2016 un artículo firmado por Kelly Riddell en el diario conservador The Washington Times.

La realidad, sin embargo, no es tan simple.

Esto (el cotejo de información) ha sido siempre una parte fundamental de nuestro trabajo, pero ahora es más central”, comentó Michael Oreskes, vicepresidente de noticias de la cadena de Radio Pública Nacional (NPR) en una entrevista.

Del canadiense Globe and Mail al británico The Guardian del New York Times al USA Today, de la agencia Associated Press a la Radio Pública Nacional y la cadena de televisión CNN, la verificación de datos y discursos es un nuevo mantra del periodismo.

De hecho, de creer a algunos el estilo de Trump y su relación con los medios, y la verdad, ha llevado a una confrontación que revitalizó a una prensa, que a su vez combate acusaciones de falsedad que lanza aquel para enfrentar las críticas.

Es cierto, como afirmó recientemente el historiador Julian Zelizer en el semanario The Atlantic (09/III/2017), que el ambiente político-mediático en Estados Unidos es sustancialmente distinto a cualquiera en las últimas décadas: un país políticamente dividido que se refleja a su vez en medios informativos polarizados y un Presidente que aprovecha las redes sociales, especialmente Twitter, para decir lo que se le viene a la mente sin que sea necesariamente cierto y, según sus críticos, sin que parezca importarle que sea falso.

Pero algunos creen que el momento en que la consejera presidencial Kellyanne Conway alegó el uso de “hechos alternativos” en defensa del gobierno del presidente Donald Trump, fue también lo que dio nuevo vigor a una prensa menospreciada y vilificada por los nuevos poderes fácticos.

La crítica a las “noticias falsas” y sus diseminadores -usualmente medios “hostiles”- es un mantra del gobierno Trump, que la prensa tradicional parece abonar con una mayor actividad y crecientes espacios a la verificación casi inmediata de las declaraciones del mandatario.

El hecho es que los principales medios estadunidenses, y no pocos de otros países, parecen sentirse obligados profesionalmente a cotejar y verificar los señalamientos de Trump, al grado que las cadenas de televisión comparan los dichos del mandatario con información previa mientras Trump hace su discurso y diarios como The New York Times siguen sus discursos con comentarios simultáneos “en vivo” en “chats” por internet.

Tradicionalmente, la prensa estadunidense afirma que parte de su trabajo es obligar a los poderosos, al gobierno en especial, a hablar con verdad y hacerse responsables de sus actos.

Esa por lo menos fue la mística que lleva casos como el escándalo de Watergate, que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon en 1974.

En 1998 dos destacados reporteros políticos estadunidenses, Ron Brownstein y Keneth Walsh, escribían que las mentiras del entonces presidente Bill Clinton representaban un sostenido examen de la tolerancia pública.

Hasta ahora, los límites de esa tolerancia han probado ser muy amplios”, lamentaban en un texto publicado por el semanario US News and World Report.

Clinton fue sometido a un juicio de impugnación por perjurio y obstrucción de la justicia, con base en sus declaraciones en torno al vínculo con Lewinsky (“No tuve relaciones sexuales con esa mujer”) y finamente exonerado.

Casi 20 años después, otra vez un Presidente está en el centro de un huracán de acusaciones sobre falsedades y señalamientos de tácticas divisivas.

De acuerdo con señalamientos  del propio Brownstein en la cadena CNN, Trump desarrolló una campaña electoral que fue virtualmente una “guerra civil cultural” con base en un “patrón” de mentiras.

De acuerdo con el diario The Christian Science Monitor, “Estados Unidos tiene un Presidente que provoca aplausos cuando ubica a los periodistas “entre los más deshonestos seres humanos en la tierra”. Ellos son “escoria”, dice, “la forma más baja de vida” y “enemigos”. Su principal asesor, Steve Bannon, etiquetó a los medios de comunicación como ‘el partido de la oposición’”.

Pero aún, agregó, “hoy en día el significado mismo de la verdad y el hecho está en tela de juicio. El presidente Trump ha afirmado repetidamente que, si no fuera por un fraude electoral masivo, él —y no Hillary Clinton— habría ganado el voto popular por casi tres millones de votos. Alega que “miles” de residentes del estado de Massachusetts fueron transportados en autobús a New Hampshire para votar en su contra”.

Ambos cargos carecen de fondo. El mensaje por el que el presidente Trump acusó a su predecesor, Barack Obama, de haber ordenado se espiaran sus teléfonos durante la campaña creó un escándalo que provocó llamados a investigaciones del Congreso.

La situación  que  bien podría describirse como choque entre Presidente y medios, ha llevado a que los principales medios estadunidenses y algunos extranjeros establezcan al menos reporteros dedicados a cotejar las opiniones de Trump, sin importar como las emitió: por mensaje de tuit o en discursos formales, en conferencia de prensa o en entrevista.

Los medios informativos verifican más agresivamente las declaraciones políticas —una función que con frecuencia era abandonada al final de las campañas— y encontrado nuevos y más innovadores formatos al ver un agudo interés entre los consumidores.

Una administración que ve a la prensa como la oposición la revitaliza”, afirmó la Radio Pública de Minnesota, una prestigiosa estación de radio.