El inicio de la caída de los Romanov
La huelga de obreros, iniciada el 8 de marzo de 1917, originó condiciones para el establecimiento de un gobierno comunista, dirigido por un grupo de bolcheviques
CIUDAD DE MÉXICO.
La reacción a la política del gobierno autocrático y su rechazo a reformas políticas liberalizadoras, así como la participación de Rusia en la Primera Guerra Mundial, provocó huelgas orquestadas por el Comité bolchevique de Petrogrado al inicio de 1917, a las que se sumaron las mujeres el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer Trabajadora), para apresurar el derrumbe del zar Nicolás II.
La manifestación de las obreras fue apoyada con un movimiento general de huelga con unos 90 mil obreros y obreras que dieron el impulso necesario a las jornadas que derrocarían el régimen zarista, tras 304 años de reinado de la dinastía Romanov, y el inicio de la Revolución Rusa.
A la vez el movimiento originó condiciones para el establecimiento, meses después, de un gobierno de carácter comunista, dirigido por un grupo de bolcheviques (partidarios, en su mayoría, de la doctrina de Carlos Marx), que tuvo por supremo jefe a Lenin (Vladimir Ilich Ulianov).
El débil y condescendiente Nicolás II no fue capaz de gobernar de forma tan autoritaria como su padre, Alejandro III. Y tampoco estaba dotado de la firmeza suficiente para reformar su Imperio. Él y su mujer, la alemana Alejandra, se aferraban a un sentimiento mítico de unidad entre el zar y el pueblo ruso, pero en realidad vivían muy alejados.
Para el calendario juliano, que regía en Rusia hace 100 años, el movimiento de trabajadores inició el 23 de febrero.
Pero en el gregoriano, utilizado en casi todo el mundo, el 8 de marzo comenzaron los enfrentamientos con la policía, el movimiento revolucionario se defiendió con piedras y pedazos de hierro. Sin embargo, los cosacos, que eran la fuerza más confiable del zarismo, decidieron no reprimir. Algunos soldados, saludaban a los huelguistas, e incluso se podía ver a grupos de obreros y obreras que charlaban amistosamente con ellos.
Esta simpatía de los soldados hacia los obreros cobraría una importancia fundamental con el correr de las horas, y es que una gran mayoría de soldados tenía a su madre, hermana, amigos, parejas, hijos, entre los manifestantes.
La madrugada del 11 de marzo fueron detenidas cerca de 10 personas de organizaciones revolucionarias, entre ellas cinco de la dirección del partido bolchevique de Petrogrado.
El gobierno pasó a la ofensiva, los obreros se reunieron en las puertas de las fábricas, y comenzaron a movilizarse al centro de la ciudad. Se escucharon disparos dirigidos hacia la multitud, desde las ventanas y las terrazas. Los enfrentamientos dejaron un saldo de 40 muertos.
El 12 de marzo de 1917, los diputados se negaron a disolver el Parlamento y formaron un comité provisional de 11 miembros constituido por los partidos burgueses liberales del Bloque Progresista, el trudovik Aleksandr Kérenski y el dirigente menchevique Nikolái Chjeidze para tratar de restablecer el orden.
La propia Duma (Parlamento) se disolvió, privándose así de participar en los siguientes acontecimientos. El Comité envió comisarios para supervisar los distintos departamentos gubernamentales, anunció la toma del poder en la capital y su intención de formar un nuevo gobierno provisional y llamó a la calma.
Ante la insurrección general y la presión del pueblo, Nicolás II, se vio obligado a abdicar el 15 de marzo de 1917, en su nombre y en el de su hijo. Su hermano, el gran duque Miguel, rechazó el trono al día siguiente.
El 18 de marzo de 1917, Excélsior iniciaba su propia historia en México publicando en su nota de ocho columnas la caída del zar de Rusia.
Entre los obreros, campesinos y soldados se organizó un consejo representativo de la clase trabajadora, denominada Soviet, estableciéndose la República, con su primer presidente, Aleksandr Kérenski, un socialista moderado.
Nikolaus Katzer, director del Instituto Histórico Alemán en Moscú, señaló que “la fecha no puede ser ignorada, pero a los rusos no les gusta recordar ese aniversario. La defensa del Estado de la amenazante anarquía siempre ha sido un factor de la historia rusa. Tal vez obedece a que Rusia después de 1917 quedó sumida en la anarquía”.
Las causas directas de ese levantamiento popular fueron la Primera Guerra Mundial y la miseria económica. La moral andaba por el suelo: en 1916 cerca de un millón y medio de soldados rusos desertaron y la población padecía hambre y frío.
La inflación era desbordante: a finales de 1916 los precios de la mano de obra y las mercancías habían aumentado en 400%. El 85% de Rusia vivía aún de la agricultura, y en los pocos centros industriales aumentaban la radicalización y las huelgas, en especial en Petrogrado, conocida luego como Leningrado y hoy como San Petersburgo.
La batalla política real y decisiva no se dio medio año después en la Revolución de Octubre, en la que los bolcheviques tomaron el poder. Sólo en 1922, se pudo constituir un nuevo Estado multinacional, la Unión Soviética.
El año 1917 se resiste a convertirse en Historia, sigue teniendo repercusiones en la política actual”, escribió el historiador Konstantin Salesski en el periódico Izvestia.
Por su parte, el historiador alemán Jan Claas Behrends dijo a la agencia DPA que: “la autocracia, el despotismo, las injusticias sociales y la expansión imperialista fueron los problemas que condujeron a la Revolución Rusa hace 100 años. Un siglo después, no se ha solucionado ninguno de esos problemas”.
El asesinato de la familia imperial rusa, los Romanov, tuvo lugar en Ekaterimburgo el 17 de julio de 1918. El zar Nicolás II, su esposa Alejandra y sus cinco hijos: Olga, Tatiana, María, Anastasia y Alexis fueron fusilados.
Los orígenes de la familia imperial rusa
La dinastía de los Romanov gobernó Rusia durante más de 300 años. En la historia rusa, de más de mil años desde la Edad Media, fue la segunda dinastía tras la de los Rúrikovich.
El primer zar de la poderosa familia aristócrata de los Romanov, Miguel I, fue elegido en 1613 en una asamblea popular. Con él terminó una etapa de revueltas y luchas por el trono e invasiones extranjeras en el país, que había totalmente falto de recursos tras el dominio de Iván el Terrible.
Durante el reinado del nieto de Miguel, Pedro el Grande (1672-1725), Rusia se convirtió en una potencia europea. Pedro se coronó como el primer emperador del Imperio ruso.
El último zar, Nicolás II, abdicó durante la revolución de 1917. Un año después los comunistas lo asesinaron a él y a su familia.
Los demás Romanovs emigraron tras 1917. Aún se discute sobre a cuál de las ramas de la familia le pertenecería el teórico derecho sucesorio al trono.
-DPA
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