La cruenta batalla entre los sindicatos del narco en Brasil

Las cárceles del país sudamericano viven una guerra desde que inició el año. Las organizaciones criminales luchan por el control de las prisiones y el manejo de las actividades delictivas

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CIUDAD DE MÉXICO.

La temeraria guerra que viven las prisiones de Brasil, desde el primer día de 2017, tiene entre sus principales rivales al Primer Comando Capital (PCC) y el Comando Vermelho (CV), organizaciones criminales formadas por prisioneros para su autoprotección, las cuales luchan por el control de las instalaciones y el manejo de las actividades delictivas.

Luego de décadas de entendimiento e incluso zonas de alianza, la tensión entre el PCC y el CV llegó a niveles críticos en los últimos meses en las cárceles del noreste de Brasil, una región fundamental para el narcotráfico y el contrabando, por su cercanía con países productores de cocaína y a los escasos controles de Venezuela, de acuerdo con InSight Crime.

Según la prensa sudamericana, la relación entre las principales facciones del narcotráfico se agravó después de la muerte del empresario de las drogas Jorge Rafaat Toumani, de 56 años, asesinado en Paraguay en junio de 2016. El capo negociaba con las dos organizaciones.

Como resultado de esa tensión llegó la inevitable ruptura de la tregua, sólo en lo que va de este año, se han contabilizado 136 muertos por los diversos enfrentamientos entre ambas organizaciones criminales en las prisiones brasileñas.

Para Camila Nunes Dias, profesora de la Universidad Federal ABC (UFABC), de Sao Paulo y autora del libro PCC: Hegemonía en las prisiones y monopolio de la violencia, la alianza entre CV y PCC nunca fue ideológica. Respondía más bien a intereses comerciales y de conveniencia.

Cuando un miembro del PCC era preso en áreas controladas por el Comando Vermelho recibía su protección y viceversa”, explicó Nunes.

En tanto, expertos en criminalidad y narcotráfico llevaban meses alertando a las autoridades de la gravedad de la situación. “El propio PCC difundió dentro del sistema penitenciario, tanto en Sao Paulo como fuera de ese estado, los motivos por los que comenzó esa guerra. Según ellos, fue por causas de abusos del Comando Vermelho, que habría establecido alianzas con enemigos del PCC”, explicó el fiscal Lincoln Gakiya, del Grupo de Actuación Especial contra el Crimen Organizado (GAECO).

Un informe presentado en 2016 por el Departamento Penitenciario Nacional (Depen) reveló que hay 622 mil 202 detenidos en Brasil. Hubo un aumento de 167% desde 2000.

Brasil tiene la cuarta población carcelaria del planeta, detrás de Estados Unidos, China y Rusia. La proporción es de 306 presos por cada 100 mil habitantes, cuando la media mundial es de 144.

PRIMER COMANDO CAPITAL

InSight Crime destaca que el PCC es una pandilla inspirada por el Comando Vermelho, que surgió en Sao Paulo durante la década de los años 90 del siglo pasado y ha librado una guerra con la policía brasileña. Se cree que hoy en día es la organización criminal más grande y mejor organizada de Brasil.

Durante la época de su creación del PCC, se dice que los miembros de la pandilla en el exterior de la prisión tenían que pagar una cuota de 500 Reales al mes (cerca de 250 dólares de aquel tiempo), mientras que los prisioneros pagaban unos 25 Reales (poco más de 12 dólares).

Estos fondos eran utilizados para pagar abogados, sobornar a guardias y policías, así como para comprar drogas y armas. En 1999, el grupo robó 32 millones de dólares de un banco en Sao Paulo, el más grande hasta el momento.

El PCC cuenta con miembros en dos terceras partes de los estados del país sudamericano, y controla las rutas de tráfico de drogas entre Brasil, Bolivia y Paraguay.

Su surgimiento se remonta a octubre de 1992 después de la matanza en la prisión de Carandiru, en Sao Paulo, en la que fuerzas de seguridad brasileñas mataron a más de cien prisioneros durante un motín.

En agosto de 1993, un grupo de ocho reos que habían sido trasladados a la prisión de Taubate formaron el PCC con el objetivo inicial de buscar justicia por la matanza y para presionar por mejores condiciones carcelarias.

Tiempo después el PCC comenzó a hacer uso del lema del Comando Vermelho (CV), “Paz y Justicia”, abogando por la revolución y destrucción del sistema capitalista, y expresando su solidaridad con el grupo que inspiró su creación.

La periodista Fatima Souza fue la primera en denunciar la existencia del PCC en 1997, aunque el gobierno de Sao Paulo inicialmente negó sus acusaciones. Años más tarde, el gobierno procedió a dividir a los líderes del PCC, transfiriéndolos a prisiones ubicadas a lo largo del país.

Para 2001 era imposible negar la existencia del grupo. Fue en ese año cuando coordinó la mayor rebelión jamás vista en una prisión, con cierres simultáneos en 29 instalaciones en todo el estado de Sao Paulo.

En 2006 se lanzó una rebelión aún mayor en señal de protesta luego de que más miembros fueran trasladados a instalaciones más alejadas. El PCC tomó más de 70 prisiones en todo el país, manteniendo como rehenes a los visitantes y lanzaron ataques coordinados al exterior, principalmente en Sao Paulo.

EL OTRO ACTOR, EL COMANDO VERMELHO

El CV es el grupo criminal más antiguo de Brasil, creado en una prisión de Río de Janeiro en los años 70, también como un grupo de autoprotección para los prisioneros.

Nació de una alianza entre delincuentes comunes y militantes de izquierda, cuando los dos grupos fueron llevados juntos a prisión durante la dictadura militar de 1964 a 1985. Las terribles condiciones en la prisión Cándido Mendes, ubicada en Ilha Grande en Río de Janeiro, obligaron a los prisioneros a unirse para poder sobrevivir dentro del sistema, documenta InSight Crime.

Primero se formó una organización de milicias de izquierda llamada Falange Vermelho, pero la ideología fue abandonada cuando el grupo llegó a involucrarse más profundamente en el crimen organizado, y fue bautizado como Comando Vermelho por la prensa brasileña.

Comenzó con actividades criminales pequeñas como atracos y robos a bancos, pero en la década de los 80 se movió hacia el tráfico de cocaína, trabajando en conjunto con carteles de la droga colombianos y asumiendo un papel de liderazgo social en muchas de las favelas de Río de Janeiro.

Las ideas del CV se extendieron a otras prisiones, llevando a un aumento en el poder de la organización. Dos décadas más tarde emergió en Sao Paulo un movimiento similar de presos llamado el PCC, hoy en día su principal rival.

El CV creó un sistema paralelo al gobierno dentro de las favelas, en Río de Janeiro, y proporcionó empleo a los habitantes que durante mucho tiempo habían estado excluidos de la atención gubernamental y de la sociedad brasileña.

Para lo década de 90, a medida que los poderosos jefes de los juegos ilegales de azar de la ciudad (bicheiros) vieron disminuir su influencia, el CV se convirtió en el principal grupo criminal de Río.

Se estima que para 2005, el Comando Vermelho controlaba más de la mitad de las zonas más violentas de Río, aunque la cifra se redujo a menos de 40 por ciento en 2008, y se cree que la influencia del grupo en la actualidad se ha minimizado gracias al programa policial de las Unidades de Policía Pacificadora (UPP), que tiene por objeto llevar la presencia estatal a las favelas.

Si hubo una ruptura en la alianza entre el PCC y CV, hay que esperar una violenta reestructuración del control en las cárceles que comparten o separarlos para evitar más muertes”, dijo la especialista Camila Nunes Dias.

Ambos sindicatos del crimen adoptaron, en los últimos años, una estrategia de nacionalización para controlar las rutas del tráfico internacional de drogas y armas.

El CV eligió hacer alianzas de tipo franquicia, que suponen una asociación, pero sin subordinación. Por su parte, el PCC tiene una estrategia diferente, de control territorial y bautismo, que incluye la imposición de acciones y una jerarquía, explicó al diario digital argentino Infobae Renato Sérgio de Lima, director y presidente del Foro Brasileño de Seguridad Pública.

La violenta lucha en las prisiones brasileñas no parece tener fecha de caducidad, pues el control del narcotráfico en Brasil es clave para el empoderamiento de estas organizaciones criminales.

Cárteles mexicanos los inspiran

Las 30 decapitaciones que dejó este mes una guerra de pandillas en una cárcel brasileña se inspiraron en las tácticas de los cárteles mexicanos y representan un cambio radical en la violencia contra el narcotráfico en el país sudamericano, según un alto funcionario de seguridad.

Imágenes de videos mostraron a miembros de la pandilla Familia del Norte arrojando las cabezas de sus rivales a un patio bañado de sangre de la prisión de Compaj, en el estado de Amazonas, durante un motín el 1 de enero.

Cuando se trata de cortar cabezas, los mexicanos comenzaron mucho antes de que nuestras pandillas adoptaran esa estrategia de mezclar el terror con el crimen”, dijo Sergio Fontes, secretario de Seguridad del estado de Amazonas.

-Reuters