Panteras Negras, la lucha que sigue vigente
Hoy se cumplen 50 años de la fundación de ese partido político que luchó por los derechos de los negros; un legado que no ha muerto
CIUDAD DE MÉXICO.
Con boinas, chamarras de cuero y fusiles en mano, los Panteras Negras patrullaban las calles de la ciudad californiana de Oakland. El objetivo: resguardar a la comunidad negra de quienes están llamados a protegerla, la fuerza policial.
Hace 50 años, el 15 de octubre de 1966, en plena efervescencia de la lucha por los derechos civiles, Huey P. Newton y Bobby Seale, dos estudiantes negros de barrios marginales, crearon el Partido de Autodefensa de los Panteras Negras (BPP, por sus siglas en inglés) buscando darle una voz al negro del gueto. Para luchar contra la segregación racial; para, igual que ahora, responder a la violencia con violencia.
No es parte de la naturaleza de la pantera atacar primero, pero cuando es atacada y acorralada, ella responde de forma violenta y acaba con su agresor”, rezaba la organización política, heredera de los principios del líder musulmán negro, Malcolm X, quien, a diferencia del reverendo Martin Luther King, aplicaba la “ley del talión”: ojo por ojo y diente por diente.
Los diez mandamientos del programa de Newton y Seale incluían asegurar el pleno empleo para los negros, viviendas decentes, sanidad gratuita, exención del servicio militar, liberación de los detenidos (sólo por su raza) y tribunales paritarios para ser juzgados.
Además, ante la brutalidad policial, defendieron el derecho de portar armas, sacando partido del marco legal estadunidense.
El programa del partido intenta reflejar las necesidades y aspiraciones del negro del gueto, la realidad de su vida cotidiana y su experiencia histórica, interpretadas según principios de aplicación universal”, explicó Seale, quien, junto con su compañero de fórmula (Newton), recurrió a las tesis marxistas en busca de poner punto final a la opresión racial.
Habíamos dado con una fórmula única. Demostramos de una forma concreta a la comunidad lo que representaba el orgullo negro, enfrentándonos a los policías como iguales, e incluso cuestionándolos, y todo ello sin salirnos de la ley”, sentenció el fundador.
No comulgaban con el concepto de nacionalismo negro —búsqueda de una nación negra sin lugar para otras razas—, promovido por el grupo de liberación US (United Slaves), con quienes mantuvieron una cruenta disputa. No obstante, los Panteras Negras, como se les conoció posteriormente, ganaron el reconocimiento y la simpatía de la comunidad. Rápidamente se extendieron a otras ciudades norteamericanas (Richmond, San Francisco, Los Ángeles y Filadelfia), acogiendo entre sus filas a obreros, pandilleros, hombres y mujeres. Dos mil militantes se sumaron a sus filas. Era el “intercomunitarismo” en su máxima expresión.
En los barrios más marginales desarrollaron programas de asistencia social. Construyeron clínicas con atención médica gratuita y escuelas de “liberación”. Ahí se les enseñaba la historia de la opresión blanca. Los niños comían gratis y los adultos recibían asesoramiento legal, en casos civiles y criminales. Era la llamada “liberación en acción”, el pobre “organizado dentro de su pobreza”.
Contaban con un periódico propio: el Pantera Negra (Black Panther), que era distribuido por los negros de la calle, y alcanzó una circulación semanal de 125 mil ejemplares, de acuerdo con el sitio historiaybiografías.com.
EL CONTRAATAQUE FEDERAL
Los enfrentamientos entre la policía y los Panteras Negras llegaron a su culminación en 1967, cuando Newton fue arrestado por el supuesto asesinato de un policía. Bajo el lema “Free Huey”, la organización ocupó las calles de las principales ciudades. La presión ejercida por los miles de manifestantes logró su objetivo. Un año después, el activista salió bajo fianza.
Una vez que comprendieron el alcance de su eco en la sociedad estadunidense, los Panteras Negras ejercieron su músculo sin obstáculos. Su poder de movilizar a las masas cimbró los cimientos del FBI, que los consideró como “la mayor amenaza para la seguridad interna del país”.
Los reflectores posaron su incómoda y potente luz sobre ellos. Así comenzó una cruzada en contra de la organización, que lentamente cedió terreno ante la arremetida: agentes infiltrados, acoso judicial, persecuciones, amenazas. A principios de los 70, el colectivo fue prácticamente desmantelado y para 1982 ya había desaparecido.
El tiro de gracia llegó en 1989, cuando el cadáver de Newton apareció con tres impactos de bala en su cabeza. El supuesto asesino fue un traficante de drogas. Sospechas de narcotráfico mancillaron el legado del revolucionario.
Seale, de 79 años, por su parte, ganó fama como orador en diversas universidades estadunidenses.
Dentro del mundo de las letras también destacó su autobiografía A Lonely Rage (Una Cólera Solitaria), e incluso apareció en varios documentales de televisión sobre la Guerra Fría.
Sin embargo, el legado de los Black Panthers no se perdió. Está presente en el movimiento Black Lives Matter (Las vidas de los negros importan) creado, como aquel, para demandar justicia por las agresiones contra los negros.
También los jugadores negros de futbol americano, antes de cada partido, alzan el puño o se arrodillan mientras suena el himno nacional estadunidense, en protesta por el conflicto racial que todavía divide a Estados Unidos. Desde principios de año, más de 120 negros han muerto a manos de la policía, según cifras de The Washington Post.
Famoso ya por su uso en las manifestaciones de activistas negros, el saludo del Black Power (Poder negro), un puño enguantado en alto, causó reverberaciones el 16 de octubre de 1968 en los Juegos Olímpicos de México.
Los velocistas Tommie Smith y John Carlos, ganadores del oro y el bronce respectivamente, levantaron uno el puño derecho y el otro el izquierdo como expresión de protesta por los derechos civiles en Estados Unidos.
En solidaridad, el ganador del segundo sitio, el australiano Peter Normal, se puso una insignia del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos. El gesto costó a los tres su carrera deportiva.


