Calcuta, la ciudad que convirtió a una monja en 'el ángel de la misericordia'
La Madre Teresa fundó las Misioneras de la Caridad en esta ciudad india en 1950 y desde entonces su legado se ha propagado por el mundo
CALCUTA.
El legado de la madre Teresa sigue vivo en Calcuta a través del esfuerzo diario de las misioneras de la Caridad al servicio de los más pobres, fieles al espíritu de su fundadora, a quien siempre han considerado una santa en vida aunque no será hasta el próximo domingo cuando sea llevada a los altares.
La metrópoli india desde la que una monja de rostro arrugado y siempre sonriente se dio a conocer al mundo apenas celebra en sus calles la canonización que tendrá lugar en el Vaticano, porque el acontecimiento se vive concentrado en los lugares que ella fundó y se celebra con la sencillez que inspiró su obra.
La 'Casa de la Madre', en el centro de la ciudad, se ha convertido en un lugar de peregrinación y ante su tumba acuden estos días muchos más seguidores de lo habitual, a medida que se acerca la fecha.
Pero en las casas de acogida que puso en marcha hace más de seis décadas apenas hay tiempo para ninguna celebración.
Labor incesante
Nirmal Hriday, el primero de los hogares para indigentes que abrió la religiosa en 1952, dos años después de fundar su congregación, sigue desde entonces recibiendo de forma desinteresada "a los indigentes, a los que encontramos en la calle, en estaciones de trenes", relata la hermana Nicole.
Su apellido, dice sonriente, son las iniciales M.C. de las Misioneras de la Caridad, con las que lleva casi 40 de sus 57 años.
Ella y otras siete monjas, con ayuda de algunas novicias, atienden a alrededor de un centenar de ancianos, algunos moribundos.
Tratamos de darles todos los cuidados y el confort que podemos", explica en medio de la hilera de camastros que sirve de dormitorio.
La hermana subraya que "cuando se ponen mejor y si son capaces de recordar a su familia, tratamos por todo lo posible de que vuelvan con ella, pero muchos están perdidos y han olvidado sus raíces".
Es lo que ella nos enseñó, a ver y amar a Jesús entre los pobres", destaca entre sus recuerdos de la madre Teresa.
La luz tenue de uno de los ventanales, por los que apenas se ilumina la estancia, hace resplandecer un cartel que anuncia la canonización, con el rostro de la próxima santa y de quien presidirá la ceremonia en la Santa Sede, el papa Francisco.
Es el único referente al acontecimiento en Nirmal Hriday, que significa corazón puro en lengua bengalí, entre el trajín de las hermanas, las novicias y los voluntarios de distintos países que acuden a ayudarlas, ante la mirada perdida de los 57 hombres y 49 mujeres que atienden como hacía quien fuera bautizada 'el ángel de la misericordia'.
En Prem Dan, en el otro extremo de Calcuta, ni siquiera hay un cartel visible que lo anuncie.
Las quince misioneras y otras tantas novicias que trabajan en esta casa de acogida, con la ayuda de 35 voluntarios, están "volcadas en darlo todo por los más pobres de los pobres, como nos enseñó nuestra madre", subraya la hermana Appoline.
Los 200 hombres y 150 mujeres que atienden, algunos gravemente afectados por enfermedades como la lepra o con severa discapacidad psíquica, son solo algunos de los herederos del testimonio de la también conocida como 'la santa de las alcantarillas'.
Ella solía decir que seguiría entre nosotras", sentencia la religiosa, a través del servicio humilde hacia los demás de la congregación que creó y por el que recibió el premio Nobel de la Paz en 1979.
Shishu Bhavan, el hogar para huérfanos, o Shantinagar, la casa para leprosos, mantienen igualmente la herencia de su fundadora en Calcuta, mientras en otros lugares por los que dejó su huella, como la escuela donde enseñó o el convento de Loreto donde vivió, se la recuerda con fotos acompañadas de algunas de sus frases.
En el resto de la ciudad, lo que predominan son los carteles de 'Tollywood', la industria de cine local, o de partidos políticos, ajenos totalmente a la canonización.
El sacerdote español Luis Miguel Fraile asegura en Nirmal Hriday, donde "las experiencias diarias son muy duras", que a la madre Teresa "le hubiese gustado estar aquí" para vivir entre los pobres su canonización.
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