El bazar turco se impone en Bruselas
La Unión Europea y Turquía acordaron un polémico mecanismo de devolución de refugiados de Grecia a Turquía y un posterior reasentamiento en países del bloque
BERLÍN.
En una rara jugarreta del destino y que tiene una connotación política casi histórica, los jefes de Estado y de gobierno de los 28 países que integran la Unión Europea decidieron ayer someterse a la tradición milenaria que impera en los bazares turcos y aceptaron firmar un acuerdo con la nación asiática que les permitirá cerrar las puertas de Europa al flujo de refugiados, que estuvo a punto de hacer estallar por los aires la unidad del club comunitario.
El acuerdo alcanzado en Bruselas dejó al desnudo que Europa está más interesada en impedir la llegada de refugiados, que respetar sus propios valores democráticos y, ante esa realidad, no les importó firmar un documento donde reniegan de algunos principios básicos que marcaron la existencia de la UE durante más de 50 años.
La UE y Turquía acordaron un polémico mecanismo de devolución de refugiados de Grecia a Turquía y un posterior reasentamiento en el bloque, que debe ponerse en marcha a partir de mañana. Gracias a ese pacto, el gobierno turco se compromete a impedir el flujo de refugiados desde su territorio a Grecia, una medida que ha sido premiada por Bruselas con la promesa de acelerar el proceso de adhesión de Turquía a la UE, un pago extra de 3,000 millones de euros a partir de 2018 y la liberalización de visados a partir de junio, siempre y cuando Ankara cumpla con 72 requisitos, entre ellos, emitir pasaportes biométricos para sus ciudadanos.
Pero el acuerdo alcanzado entre los veintiocho y el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, encierra un pecado que ya ha sido denunciado por diferentes organizaciones, entre ellas la agencia de Naciones Unidas para los refugiados (ACNUR), que creen que la UE ha violado varios acuerdos internacionales en su decisión de forzar la expulsión de Grecia a todos los refugiados que lograron llegar al país heleno.
Con el cierre de la ruta del Mar Egeo, la UE cree también que podrá acabar con el tráfico humano impulsado por las mafias y, más importante aún, espera que Turquía frene todas las salidas desde su territorio.
El acuerdo alcanzado con Turquía constituye un giro radical en la política de asilo de Europa y supone una violación al espíritu de la Convención de Ginebra de 1951, que protege el derecho de los demandantes de asilo, y deja sin efecto el acuerdo de Dublín, que garantiza el derecho de los refugiados a permanecer en el país donde ha interpuesto su petición de asilo.
El éxito de la estrategia de Ankara en llevar el famoso bazar turco a Bruselas se inició hace 10 días en la capital belga cuando el primer ministro turco, Ahmet Davutoglu, consciente de que la Unión Europea necesita a su país, más de lo que Turquía necesita de la UE para poner fin a la crisis de refugiados, presentó en Bruselas un paquete de medidas que escandalizó y sorprendió a muchos de los presentes en una cumbre extraordinaria que tenía la meta de buscar una solución negociada con Ankara.
Después de obtener el apoyo de la canciller Angela Merkel y del primer ministro holandés, Mark Rutlle, Davutoglu presentó a los socios comunitarios un paquete de medidas que debía ser aprobado por Bruselas para que su país pusiera fin al flujo de refugiados, en su mayoría sirios, que siguen llegando a Grecia para intentar llegar al corazón de Europa.
Turquía, dijo el primer ministro, estaba dispuesta a recibir a todos los refugiados que han logrado llegar a Grecia, a cambio del compromiso de la UE de ofrecer asilo a un número de refugiados equivalente al de expulsiones. Pero la oferta no era gratuita. Davutoglu condicionó el trato a tres condiciones que olian y siguen oliendo a un fuerte chantaje.
La UE debía aprobar una ayuda extra de 3,000 millones de euros (Bruselas ya había aprobado el año pasado una ayuda de 3,000 millones de euros) para mejorar las condiciones de vida de unos 2.7 millones de refugiados que viven en condiciones más que precarias en el país, eximir a sus ciudadanos de la necesidad de visado para viajar a la UE y acelerar el proceso de adhesión de Turquía al club comunitario.
La cumbre fracasó porque nadie esperaba las nuevas exigencias de Turquía, en especial la posibilidad de acelerar el proceso de adhesión de Turquía a la UE, que debe hacer frente a dos problemas que, por el momento, no parecen tener solución. El primero tiene que ver con Chipre. En el mes de julio de 1974, Turquía ocupó militarmente la parte norte de la isla habitada por turcochipriotas y dio vida a la República turca del Norte de Chipre y desde entonces se niega a reconocer al gobierno chipriota. Pero Chipre es, desde 2004, miembro de la UE y ha bloqueado las negociaciones con Turquía.
Más problemático aún era el tema de los derechos humanos y la libertad de prensa en Turquía, dos temas sagrados para la UE y que cada candidato debe cumplir a rajatabla. En vísperas de la cumbre que tuvo lugar hace diez días, el gobierno turco intervino el periódico Zaman, el principal medio independiente del país y conocido por sus críticas al régimen. Peor aún, cuando la cumbre europea negociaba con el primer ministro turco en Bruselas, Ankara ordenó la intervención de Cihan, una agencia de prensa independiente y estrechamente relacionada con Zaman. Las dos medidas no pasaron desapercibidas en Bruselas y fueron interpretadas como una demostración de poder frente a la UE.
La señal no podía ser más clara: si Bruselas deseaba contar con la ayuda de Turquía para resolver la crisis de refugiados, la UE debía olvidarse de criticar las violaciones a los derechos humanos y a la libertad de prensa en el país. El interesado silencio de Bruselas dejó entender que el mensaje había sido recibido y que podía ser parte de un acuerdo futuro. El acuerdo alcanzado el viernes actualizó la sospecha de que la UE no tiene problemas para sacrificar los principios básicos democráticos del bloque y aceptó negociar el precio en el bazar turco.
“Hoy es un día histórico”, admitió Davutoglu antes de abandonar la capital belga ante la prensa y feliz del éxito obtenido. “Hoy vemos que Turquía y la UE tienen el mismo destino, los mismos retos y el mismo futuro. Turquía no tiene futuro sin la UE, y la UE no tiene futuro sin Turquía.”
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