Alemania asume liderazgo moral
Los mismos críticos que castigaron a Berlín por su reticencia y mano dura en el rescate de Grecia, ahora aplauden la política de bienvenida a refugiados
BERLÍN, 12 de septiembre.— 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, cuando desempeñó el papel de villana, Alemania está ahora por lo menos en el camino de ser la guía moral de una Europa que, pese a su imagen cultural, sigue sin reconciliarse con los derechos humanos.
A lo largo y ancho de Europa e incluso en el lejano Estados Unidos, los mismos comentaristas que castigaron a Berlín por su reticencia y mano dura en el rescate de Grecia, ahora no ahorran adjetivos para aplaudir la política de bienvenida a refugiados, impulsada por la canciller Angela Merkel.
Angela Merkel es una líder política inteligente de un gran país, que tiene intereses, ambiciones y proyectos”, anotó el periódico italiano Corriere della Sera, mientras que el dominical inglés The Observer admitió que la posición humana de Merkel “era una gran lección” para Europa. “Angela Merkel ejerce el liderazgo moral de Europa”, señaló por su parte The New York Times.
“Es hermoso que Alemania se haya convertido en un país que mucha gente relaciona con la esperanza”, dijo recientemente la propia Merkel.
Para la jefa del gobierno alemán, la crisis de los refugiados de Oriente Medio presentó una oportunidad política.
Después de ver las imágenes que hace una semana transmitió la televisión alemana desde la estación de ferrocarriles Kelati de Budapest, donde miles de refugiados gritaban “Alemania, Alemania”, para expresar su deseo de llegar a la tierra prometida, la canciller Merkel tomó una decisión crucial que convirtió a su país en una inédita autoridad moral en Europa.
Era la noche del viernes 4 de septiembre y luego de hablar con sus ministros de Asuntos Exteriores y de Interior, Merkel marcó el número de teléfono de su colega austríaco, Werner Faymann, para decirle que Alemania estaba preparada para recibir a todos los refugiados que se habían congregado en la estación de ferrocarriles de Budapest, donde estaban atrapados en situaciones más humillantes que precarias.
En menos de 48 horas, llegaron a Alemania unos 20 mil refugiados, que fueron recibidos por cientos de voluntarios con pancartas donde se leía la palabra “bienvenidos” escrita en inglés y árabe, en un gesto de espontánea solidaridad que puede haber cambiado para siempre la imagen de ese país en Europa y el mundo.
Ha sido un fin de semana conmovedor y trepidante”, dijo la canciller el lunes pasado en Berlín, al referirse a la llegada de los refugiados y a la espontánea solidaridad mostrada por sus compatriotas.
Somos una Europa de valores, necesitaremos voluntarios aun por mucho tiempo y estoy segura que podemos conseguirlo. Es hermoso que Alemania se haya convertido en un país que mucha gente relaciona con la esperanza”, añadió, al mostrarse convencida de que Alemania será capaz de afrontar el mayor desafío que ha vivido en los últimos 70 años.
De hecho, la decisión de permitir que varios miles de refugiados llegaran al país vía Austria, provocó que Alemania pudiera presentarse ante el mundo como una nación amable y altruista, que puso la defensa de los derechos humanos por encima de sus intereses nacionales.
Hace tan sólo dos meses, la canciller Merkel cosechó criticas y estuvo a punto de arruinar la imagen de su país cuando le dijo a una joven refugiada palestina que ella y su familia podían ser deportados. La niña rompió a llorar ante las cámaras de televisión que transmitían un encuentro de la canciller con un grupo de ciudadanos de la calle. Merkel, con el corazón hecho pedazos, intentó en vano consolarla.
Ahora, Merkel se ha convertido en una especie de canciller de la caridad y su país en el estandarte de la virtud, gracias a su decisión de abrir las puertas, de par en par, a la ola de refugiados que intentan llegar a la primera potencia económica de Europa. Mientras el resto de Europa sigue discutiendo cómo puede enfrentar el problema de los refugiados, la palabra de moda en Alemania es “Willkommenkultur”, la cultura de la bienvenida.
“Para nosotros es muy importante mostrarle a la gente que ellos son bienvenidos en nuestro país”, dijo Sabine Schmidt, una joven estudiante de Leyes, mientras repartía comida y golosinas entre cientos de refugiados que acuden a la oficina estatal de Berlín donde deben registrarse, un procedimiento legal que dura hasta un par de días.
La cultura de la bienvenida y el pequeño ejército de voluntarios que recibe a los refugiados han hecho creer a los medios germanos y también a la prensa europea que Alemania ha logrado finalmente deshacerse de la pesada carga histórica que heredó del III Reich. Más importante aún, la respuesta de Merkel a la crisis de refugiados representa un cambio radical en la visión que tiene Alemania de su rol en el mundo.
Algo parecido sacudió al país durante el campeonato mundial de futbol que tuvo lugar en Alemania en 2006, cuando los alemanes rescataron sus banderas por primera vez desde el fin de la guerra, sin un asomo de vergüenza, en una catarsis de alegría que contaminó a toda la nación, incluida las minorías extranjeras.
Pero la ola de solidaridad que contaminó al país en los últimos años tiene una connotación diferente. A diferencia de la primera crisis de refugiados que vivió el país en 1992, con la llegada de casi medio millón de personas que huía, en su gran mayoría, de la guerra que azotó a la antigua Yugoslavia, la situación económica de Alemania es muy diferente. En 1992, los alemanes aún seguían sufriendo el doloroso proceso de reunificación y muchos temían que los refugiados que estaban llegando les quitarían sus puestos de trabajo.
En 2015, tanto los políticos como el poderoso mundo empresarial ven en la llegada de los refugiados un antídoto eficaz para combatir la baja tasa de natalidad, el envejecimiento de la población laboral, y la dramática escasez de mano de obra. Pero también la población joven ya no cree que el principio de “jus sanguinis” sea la condición primordial para ser alemán, una realidad que puede convertir al país en una nación de inmigrantes.
Nuestro mercado laboral es robusto, como lo es nuestra economía”, señaló la canciller durante un debate parlamentario que tuvo lugar el miércoles en Berlín. “Nuestra máxima prioridad debe ser la integración de los refugiados, porque si se hace bien la integración, entraña más oportunidades que riesgos”, añadió
Si Europa fracasa en la cuestión de los refugiados, se perderá uno de los pilares fundacionales decisivos de una Europa unida: el estrecho vínculo con los derechos humanos universales que ha marcado la existencia de Europa desde un comienzo y que debe seguir siendo válido”, insistió la canciller.
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