‘Escocia está por hacer historia’
Los ojos del mundo están puestos en Escocia, que mañana decide si se separa de Reino Unido pese a las voces que alertan de daños para la Unión Europea
CIUDAD DE MÉXICO, 16 de septiembre.- Los escoceses decidirán mañana si abandonan o no a Reino Unido.
Alrededor de 4.2 millones de electores, mayores de 16 años, están llamados a las urnas para responder a la pregunta: ¿Escocia debería ser un Estado independiente?
Algunas encuestas predicen una cerrada victoria del “no”. El diario The Sunday Times divulgó el pasado domingo un sondeo elaborado por la firma Panelbase que daba una mínima ventaja a los partidarios de la permanencia de Escocia en Reino Unido con 50.6 % sobre los independentistas que suman 49.4 por ciento.
La ventaja del “No” es más amplia en la encuesta de Opinium para The Observer, la versión dominical del diario The Guardian, que otorga 47% de voto decidido por el “Sí” a la independencia, frente a 53% de papeletas contrarias a la escisión.
Escocia es una nación constituyente y región administrativa de Reino Unido con su propio gobierno autónomo, el Parlamento escocés, con sede en Edimburgo.
La nación era un Estado soberano antes de la aprobación del Acta de Unión de 1707, cuando el Reino de Escocia fue unido con el de Inglaterra por la fuerza para establecer a Reino Unido.
En caso de que se consumara la independencia, que se haría efectiva hasta el 24 de marzo de 2016, ésta causaría sensación en todo el mundo e impulsaría de inmediato las demandas de dimisión del primer ministro británico, David Cameron.
Además, supondría el inicio de las complejas negociaciones entre los gobiernos británico y escocés para la separación de dos economías y sistemas políticos profundamente interrelacionados después de más de tres siglos de historia compartida.
Adicionalmente, representaría la pérdida de 8 por ciento de su población y 9 por ciento del Producto Interno Bruto actual.
El Partido Nacional Escocés (SNP, por sus siglas en inglés) fijó para el 24 de marzo de 2016 –fecha en que se cumple el 309 aniversario de las Actas de Unión entre Inglaterra y Escocia– para completar el proceso y declarar una secesión que reduciría la superficie territorial de Reino Unido en un tercio.
Escocia sería el primer Estado independiente creado en Europa desde la cruenta desintegración de Yugoslavia, aunque sería más comparable a la partición, en 1993, de Checoslovaquia en dos países, la República Checa y Eslovaquia, de manera pacífica y pactada.
Gran parte de lo que sucedería entre un “Sí” y 2016 es incierto, como lo es la cuestión de si Escocia podría seguir siendo miembro de la Unión Europea como una entidad independiente o tendría que formarse en la fila para solicitar su reingreso.
La fecha de las elecciones generales de Gran Bretaña –actualmente previstas para mayo de 2015– podría posponerse porque los diputados británicos que Escocia elige estarían menos de un año en el Parlamento.
Analistas consideran que las elecciones no se aplazarían, pero que no se permitiría a los diputados escoceses recién elegidos votar sobre cualquier legislación relativa a Inglaterra y Gales.
Los principales actores políticos de Reino Unido han salido a defender su postura. Y tal como ocurre en las encuestas, las opiniones están divididas.
La reina Isabel II se ha mostrado imparcial e hizo un llamado a los votantes para que depositen su papeleta “tras haber evaluado a conciencia sus opciones”.
“Espero que la gente piense con mucho cuidado sobre su futuro”, aseguró la monarca.
Poco después, un portavoz de la Casa Real recordó que la reina Isabel II “siempre se ha tomado muy en serio el principio de imparcialidad constitucional”, por el que la realeza debe abstenerse de influir en modo
alguno en decisiones políticas.
“La monarca está por encima de la política, y quienes ocupan cargos políticos tienen el deber de asegurarse de que esto siga siendo así”, aseguró un portavoz del Palacio de Buckingham.
Ya con anterioridad, medios británicos habían filtrado que la reina Isabel II había expresado en una reunión privada su preocupación por convertirse, eventualmente, en la última monarca de Escocia si la votación por la autonomía resultara positiva.
El primer ministro David Cameron, en cambio, se fue a Escocia para abogar por la unidad e intentar convencer a los escoceses de que voten por el “No”.
“Me rompería el corazón que esta familia de naciones se dividiera”, dijo desde Edimburgo, advirtiendo que votar por el ‘Sí’ va más allá de mostrar su inconformidad con el gobierno conservador. “Quiero a mi país más de lo que quiero a mi partido”, aseguró.
“Creo que la gente puede sentir que esto es como unas elecciones generales, en las que puedes tomar una decisión y cinco años después tomar otra. Si están hartos de los Tories les das una patada y lo pensarán dos veces la próxima vez. Esto es totalmente diferente. No es una decisión sobre los próximos cinco años sino sobre el próximo siglo”, advirtió. “No habrá una segunda oportunidad. Si Reino Unido se rompe, será para siempre.”
En contraste, el primer ministro de Escocia, Alex Salmond, se ha mostrado triunfalista y convencido de que la victoria está al alcance de la mano.
“Escocia va en camino de hacer historia. Los ojos del mundo miran a Escocia. Escocia va a votar por el sí”, aseguró.
En repetidas ocasiones también negó que las mudanzas hacia Londres anunciadas por varios bancos y entidades financieras con sede en Escocia vayan a suponer la pérdida de puestos de trabajo. “Es un procedimiento técnico, que no afecta a los empleos” explicó.
El ministro acusó al Ministerio del Tesoro de haber pasado información a la prensa sobre el Royal Bank of Scotland, una de las entidades que se trasladaría a Londres, por lo que pidió que se abriera una investigación.
Victor Bulmer-Thomas, académico británico de Chatham House, Instituto Real de Asuntos Internacionales con sede en Londres, dijo a Excélsior que ha sido una campaña muy emocionante que ha generado gran interés, a tal punto que muchos votantes van a participar en política por primera vez.
“Escocia podría ser independiente si los votantes así lo quieren, a pesar de que en el corto plazo esto podría causar perturbaciones, no hay razón por la que Escocia no pueda superarlos. Aquellos que quieren que Escocia siga formando parte de Gran Bretaña han venido argumentando hasta ahora que Escocia estaría peor, pero ahora están diciendo que debemos seguir formando parte de la unión por motivos no
económicos.”
“La independencia de Escocia no haría una gran diferencia en el corto plazo ni para los ciudadanos de Escocia ni para los del resto de Gran Bretaña, pero sí va a tener un gran impacto al interior de la Unión Europea debido a que va a alentar a otras regiones, como por ejemplo Cataluña, a que sientan el deseo de ser independientes.”
El académico añadió que en el largo plazo esto podría hacer una gran diferencia. En Escocia se da la mayor prioridad a la justicia social y ello podría requerir impuestos más altos.
“En cuanto al resto de Gran Bretaña, el Partido Laborista tendría más dificultades para formar un gobierno por el simple hecho de que muchos de sus actuales miembros del Parlamento provienen de Escocia”, comentó.
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