El inicio de la debacle de Pinochet
Un día como hoy, pero de 1988, los chilenos votaron el plebiscito que decidiría si el dictador continuaba en el poder hasta el 11 de marzo de 1997; entre un “Sí” y un “No” se sobrepuso el rechazo
SANTIAGO, 5 de octubre.— Hace 25 años, en 1988, se realizó el plebiscito que permitió a la sociedad chilena dejar atrás la dictadura militar que llevaba ya 15 años en el poder, pero que también puso en una encrucijada a la oposición, que después de tanta resistencia, se vio obligada a aceptar la vigencia fáctica de la Constitución de Augusto Pinochet para así poder participar en la llamada “franja”, un espacio televisivo que por primera vez en mucho tiempo le permitiría dirigirse a la nación para instarla a aprovechar la oportunidad histórica de librarse de un régimen opresor que asesinó a más de tres mil personas y torturó a cerca de 40 mil.
El plebiscito no se gestó de la noche a la mañana, sino que fue parte de las disposiciones transitorias de la Constitución de 1980 dictada por Pinochet, donde se establecía que a partir de su promulgación, él continuaría como Presidente por ocho años más, y al término de ese periodo, en 1988, se consultaría a la población si aprobaba o rechazaba a la persona que propusiera la Junta de Gobierno, integrada por los comandantes en jefe de las tres ramas de las Fuerzas Armadas —el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea— y el director general de Carabineros, para presidir al país por otros ocho años.
Era la opción “Sí” del plebiscito, y llegado el momento, la persona propuesta por la Junta de Gobierno, naturalmente, fue Pinochet, lo que en los hechos significaba que, si ganaba, el terrorismo de Estado se prolongaría hasta 1997. Pero si triunfaba el “No”, a partir de entonces sólo permanecería en el poder un año más, su Constitución adquiriría plena vigencia en lo relativo a las votaciones, y entonces se organizaría el proceso de elección democrática de su sucesor.
Óscar Godoy, doctor en Filosofía de la Universidad Complutense de Madrid y actual embajador de Chile en Italia, consignó en su ensayo La transición chilena a la democracia: pactada, cómo la izquierda democrática empezó a reorganizarse a partir de 1983, alentada por las protestas masivas en contra del gobierno Pinochet debido a la crisis económica en la que estaba sumido el país, de tal modo que para febrero de 1988, se logró articular la Concertación de Partidos por el “No”, integrada por 17 institutos políticos.
Ponen las cartas sobre la mesa
Fue el demócrata cristiano Patricio Aylwin, posteriormente el primer presidente de Chile en democracia surgido precisamente de la Concertación, quien sentó las bases para la aceptación tácita de la izquierda a los términos impuestos por el régimen autoritario, en un foro realizado en 1984, a iniciativa suya, y titulado Una salida político-constitucional para Chile, en donde se refirió al tema de la Constitución como “una controversia insuperable porque se plantea como una cuestión de principios que compromete la conciencia y el honor de unos y otros, motivo por el cual nadie está dispuesto a ceder”.
Personalmente, agregó, “yo soy de los que consideran ilegítima la Constitución de 1980. Pero así como exijo que se respete mi opinión, respeto a los que opinan de otro modo. Ni yo puedo pretender que el general Pinochet reconozca que su Constitución es ilegítima, ni él puede exigirme que yo la reconozca como legítima. La única ventaja que él tiene sobre mí, a este respecto, es que esa Constitución, me guste o no, está rigiendo. Éste es un hecho que forma parte de la realidad y que yo acato. ¿Cómo superar este impasse sin que nadie sufra humillación? Sólo hay una manera: eludir deliberadamente el tema de la legitimidad”.
Pero hubo otro hecho que fue alentador para la izquierda y un revés para Pinochet: la decisión del Tribunal Constitucional de que el plebiscito se realizara conforme a las normas de la Ley General de Elecciones, la que posteriormente fue dictada con ese propósito. “Una vez que la oposición concluyó que las leyes que el régimen había aprobado, para hacer operativa la competencia política, reunía las condiciones básicas requeridas por los procedimientos democráticos, percibió, a la vez, que no había obstáculos formales para derrotar al “Sí”, de acuerdo con Godoy.
De no haber mediado la sentencia de dicho tribunal, agregó el embajador en el citado ensayo, que fue publicado en la revista Estudios públicos en 1999, el plebiscito de 1988 hubiera sido análogo al de 1980, el cual fue realizado para validar la Constitución pinochetista y en el que la opción “Sí” (a la aprobación del ordenamiento) ganó con 67% de los votos. Pero en aquel plebiscito, la izquierda había sido aplastada por el régimen y aún no se había reorganizado, por lo que prácticamente sólo se hizo campaña por el “Sí”.
En cambio, para el plebiscito de 1988, las condiciones habían cambiado y la oposición se abocó a participar en la franja televisiva —en la que se inspiró la película “No” protagonizada por el mexicano Gael García Bernal— con una campaña de corte alegre y optimista musicalizada con el tema “Chile, la alegría ya
viene”, mientras que la campaña del “Sí” se inclinaba más a infundir el temor entre la población. El día llegó y el “No” ganó con 54.7% de los votos, mientras que el “Sí” obtuvo 43.01 por ciento.
La influencia de la campaña del “No” en la ciudadanía se vio claramente en los resultados de las encuestas que aplicó el Centro de Estudios Públicos (CEP) –el think tank de la derecha- en junio y septiembre de 1988, según quedó consignado en la mesa redonda “¿Por qué gano el ‘No’?”realizada después del plebiscito, en la que participó el mismo Godoy, Roberto Méndez, Enrique Barros y Arturo FontaineTalavera. La primera encuesta arrojó un empate, y la segunda, que el organismo decidió a última hora no darla a conocer públicamente, daba el triunfo al “No”.
Campañas de impacto
Junto con su preferencia, también se pidió a los encuestados que evaluaran las campañas publicitarias, y el resultado fue que la mayoría consideraba que la del “No” sobrepasaba a la del “Sí” en todos los atributos evaluados. Es decir, era más entretenida, llegadora, motivadora, entendible, dinámica, optimista, creíble, apropiada y transmisora de una mejor capacidad para gobernar el país. “En términos publicitarios, los resultados fueron lapidarios”, dijo en esa ocasión Eliodoro Matte, presidente desde entonces y a la fecha del Consejo Directivo del CEP.
En su turno, Fontaine Talavera, en ese momento director del CEP, expuso que el cambio de opinión de la ciudadanía entre una y otra encuesta se produjo en pocos meses durante un periodo en el cual “el único hecho verdaderamente relevante fue la apertura de la televisión”, y agregó que lo ocurrido fue “similar a lo que pasa cuando un grupo de personas está en una sala oscura y sale de pronto a la luz; la televisión es mucho más que un medio (…). Es parte del hábitat de la vida moderna”.
Puso como ejemplo que en la encuesta de junio, entre quienes decían que iban a votar por el “No”, el tema de los derechos humanos no era una inquietud prioritaria para ellos, mientras que para septiembre se convirtió en un aspecto central junto con el factor económico. “Es claro que el tema de los derechos humanos, desde el momento en que apareció presentado en televisión, cobró una importancia que no tenía”.
Retomando el ensayo de Godoy, a pesar de que ganó el “No”, tampoco fue menor el hecho de que el “Sí” obtuviera 43.01% de los votos, y aunque la derrota llevó a Pinochet a concederle a la oposición algunos cambios constitucionales, a los que antes se había negado rotundamente, para que el país pudiera transitar a un esquema de gobierno más democrático, nunca quitó el dedo del renglón en
cuanto a lo que acuñó como la “democracia protegida”, con la que las Fuerzas Armadas siguieron teniendo una participación política en el gobierno, y él, total inmunidad. Su Constitución aún sigue vigente.
Sin embargo, el plebiscito de 1988 constituye una referencia que no sólo fue determinante para la población en su momento, pues a la fecha se considera un aspecto relevante en la trayectoria política de los gobernantes, y es de todos conocido que un factor que llevó al triunfo al actual presidente Sebastián Piñera, perteneciente a la derecha, fue el hecho de haber votado por el “No”, junto con el voto de castigo que la ciudadanía dio a la Concertación por haberse dedicado, desde la caída de la dictadura, a administrar el modelo económico y político heredado, en lugar de impulsar cambios más acordes con la visión de la izquierda.
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