Rodrigo Prieto conecta con su historia: de los sets de Hollywood a redescubrir México

El cineasta fue descubriendo su propia identidad cuando filmó Pedro Páramo, como sucede con el protagonista

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Foto: Daniel Betanzos

Rodrigo Prieto ha trabajado en la cinematografía para Ang Lee, Martin Scorsese, Alejandro González Iñárritu y hasta Pedro Almodóvar. Pero ahora, no está grabando para una superproducción de Hollywood, está en México, se pasea por los pasillos de los Estudios Churubusco con una sonrisa, despreocupado; parece no entender que todos lo miran como un referente del cine nacional.

Se codea con cualquiera y concede entrevistas sobre su nominación a los Premios Ariel que tendrá su edición 76 el próximo 20 de septiembre en Puerto Vallarta y en la que podría ganar su primer galardón como director. Antes ha sido nominado cuatro veces al Oscar en la categoría de Mejor Fotografía por las películas Los asesinos de la luna (2023), El irlandés (2019), El silencio (2016) y Secreto en la montaña (2005) y aun así, dice, ser nominado a Mejor Director y Mejor Ópera Prima, en su país por Pedro Páramo, lo conmueve.

Es emocionante, la verdad, estar nominado, es una gran satisfacción, al final es el reconocimiento al trabajo, a tantas horas que le dedicamos a esta obra, y que sea reconocida por la Academia de mi país, pues qué puedo decir, me honra, y más que sea adaptando una obra que ha marcado a nuestro país, a nuestra literatura. Fue un riesgo, sí, y decidimos tomarlo con respeto, responsabilidad y creo que si estamos aquí es porque algo salió bien”, cuenta Rodrigo a Excélsior.

Prieto sigue actuando como si conociera a todo el mundo que le pide una foto, se fastidia un poco, pero no lo demuestra, sólo le da risa y sigue regalando saludos, no parece pretender nada, no rechaza una sola plática, pero tampoco acepta interesado hablar nuevamente de la nominación o de su primera película como director, pero escucha atentamente cada pregunta de este diario, y con la misma atención responde; se deja llevar como si estuviera platicando con un amigo y cuenta con risa, recordando, de las influencias de aquellos grandes directores con los que trabajó y siente que lo han colocado en esta oportunidad de obtener una estatuilla.

De todos los directores con los que he trabajado he aprendido algo; algunos es más el trato con el elenco a los que les aprendí, ser claro y humano con el actor, ser cercano con ellos; de otros más al momento de la escritura, al momento de plantear la escena en un papel, para que cuando se tenga que trabajar, sea muy puntual para todo el equipo, no puedo hablar sólo de uno, siento que todo lo que he hecho, todo mi trabajo me ha traído aquí a la oportunidad de estar dirigiendo, y todos me han nutrido”, cuenta.

La mayor parte de su carrera, o al menos la más reconocida a nivel internacional, la ha hecho en Estados Unidos, codo a codo con Martin Scorsese, uno de los directores con mayor prestigio de Hollywood, pero en México, están sus raíces, no sólo de sangre, también formativas, pero no en el sentido académico, sino en lo natural que es ser mexicano.

Lo disfruto, disfruto estar aquí, no es algo extraño ni mucho menos, me siento en mi casa porque lo es, es mi casa, y lo celebro, celebro siempre que tengamos esta oportunidad de reconocer nuestro cine a lado de tanta gente que aporta año con año su talento. Sí, estar allá (EU), en los premios, es algo que todos queremos, pero aquí también, aquí también hay cosas importantes, ni tendríamos que aclararlo, debería ser algo natural”, dice con una sonrisa.

Pero hay algo más profundo en él y probablemente en cualquiera, algo intangible, inexplicable, que no puede sólo decirse con palabras, su bagaje como el de millones de mexicanos es el mismo, la historia de años de conquista quizá, o alguna otra condición histórica lo hace ser cálido. Un poco de eso va, cuenta, Pedro Páramo, la obra de Juan Rulfo que adaptó y lo tiene nominado, trata de eso, de cómo algunos cargan con una memoria colectiva y familiar que no les permite vivir tranquilos.

Un poco yo viví esa experiencia de Juan Preciado, de regresar a la tierra de sus ancestros; mi familia es de San Luis, donde grabamos casi toda la película, entonces fue interesante estar filmando en esos lugares, y mientras Juan Preciado se va descubriendo a sí mismo, un poco sentía que yo también lo iba haciendo, conocía a mi familia a través de lugares, a través de calles, descubrí que el hacer cine y el caminar por sitios también nos puede ayudar a conectar con nuestra propia identidad e historia”, describe.

Rodrigo Prieto recorre los pasillos de los Churubusco como si nada, saludando y sonriendo, sin buscar protagonismo. Para él, dirigir Pedro Páramo no es un premio ni un reconocimiento: es volver a caminar por los lugares de su familia, descubrir historias que ya llevaba dentro y transformar todo eso en cine. Su trabajo recuerda que, más allá de los Oscar y los grandes sets de Hollywood, lo que importa es cómo las imágenes pueden contar quiénes somos y de dónde venimos.

PARA SABER

Rodrigo Prieto ha consolidado su carrera como cinematógrafo.

1. Secreto en la montaña (Brokeback Mountain, 2005).

Nominada a Mejor Fotografía en los Oscar. Esta película dirigida por Ang Lee consolidó a Prieto como un referente en el cine internacional, mostrando su sensibilidad para capturar paisajes y emociones íntimas.

2. El silencio (Silence, 2016).

Trabajó con Martin Scorsese en esta épica histórica sobre misioneros en Japón. Su fotografía destacó por la intensidad de la luz natural y la composición que reflejaba la fe y la soledad de los personajes.

3. El irlandés (The Irishman, 2019).

Otra colaboración con Scorsese, donde Prieto manejó complejas técnicas de filmación digital y rejuvenecimiento de actores, mostrando su dominio técnico y su visión narrativa. Nominado al Oscar por Mejor Fotografía.

4. Los asesinos de la luna (Killers of the Flower Moon, 2023)

Trabajó con Martin Scorsese en esta producción que mezcla historia y drama criminal. Su fotografía fue clave para ambientar la época y transmitir la tensión de la historia. Nominado al Oscar.

5. Pedro Páramo (2024, próxima entrega de Ariel)

Su primera película como director en México, adaptación de la obra de Juan Rulfo. Aunque todavía no tiene reconocimiento internacional como director, su nominación al Ariel marca un hito en su carrera nacional.

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