A 30 años de la muerte de Héctor Lavoe, quien llegó tarde hasta a su entierro
Recordando al legendario cantante de salsa y su legado musical
Hoy hace 30 años que murió Héctor Lavoe. Su partida dejó un vacío en el mundo de la música que aún se siente. Conocido como 'el Jibarito de Ponce', Lavoe inició su carrera artística siendo apenas un adolescente. Junto a Willie Colón, reventaron la tarima en Nueva York, conquistando el corazón de los amantes de la salsa.
Héctor Lavoe era amado y respetado por su talento, pero también había una cierta compasión pública hacia sus tragedias personales. El cortejo fúnebre que lo despidió en el Bronx fue caótico y aparatoso, cuentan que Héctor llegó tarde hasta el día de su entierro. Sin embargo, su voz sigue vigente y reconocida como una de las más importantes e influyentes en la popularidad de la salsa.
La vida de Lavoe fue como una telenovela llena de contrastes. Su éxito musical era inversamente proporcional a las tragedias que enfrentaba. Las drogas y el alcohol fueron sus compañeros inseparables, y su adicción a estas sustancias lo llevó a contagiarse de sida. Creció sin su madre, y la pérdida de su hijo en un accidente trágico sumió su vida en una profunda depresión. Intentó suicidarse lanzándose desde un noveno piso, pero no logró su objetivo y quedó gravemente herido.
Héctor Lavoe, un personaje a la altura de su talento
A pesar de todos los obstáculos, Lavoe entregaba el alma en cada presentación. Su voz resonaba y era respetada por los amantes de la salsa. Desde los años 60 hasta los 80, Lavoe fue una de las figuras predominantes en la escena musical. Conocido como 'el cantante de los cantantes' o 'el chico malo de la salsa', su nombre quedó grabado en la historia de la música tropical.
Lavoe fue uno de los fundadores de la Orquesta Fania All-Star, el máximo exponente de la salsa. Junto a Willie Colón, lograron éxitos como "Aguanile", "Che Che Cole", "La murga" y muchos más. A pesar de su fama, Lavoe siempre fue conocido por su impuntualidad y desfachatez, lo que llevó al fin de su colaboración con Colón y al comienzo de su carrera en solitario.
En medio de sus altibajos personales, Lavoe lanzó su primer álbum en solitario, "La voz", en los años 70. El disco obtuvo un Disco de Oro por sus altas ventas y fue aclamado por la crítica. Temas como "El cantante" y "Periódico de ayer" se convirtieron en éxitos rotundos.
Héctor Lavoe compartió escenario con grandes de la música como Willie Colón, Tito Puente, Frankie Ruiz y muchos más. Fue uno de los primeros en llevar la salsa hasta África, expandiendo su popularidad en todo el mundo. A pesar de sus excesos y la diabetes que lo afectaba, Lavoe dejó un legado musical imborrable.
En 1987, su último álbum, "Strikes Back", fue nominado a los Grammy en la categoría de Mejor Interpretación Latina Tropical. Aunque no ganó, su influencia en la música latina es innegable.
Héctor Lavoe falleció el 29 de junio de 1993 en el Memorial Hospital de Queens, en Estados Unidos. A pesar de su muerte prematura, su música sigue viva y su legado perdura en el corazón de los amantes de la salsa.
En 2014, se erigió una estatua en honor a Héctor Lavoe en el complejo recreativo puertorriqueño La Guancha, en Ponce. Esta estatua busca atraer a turistas y seguidores del legendario cantante. La estatua representa a Lavoe con un micrófono en una mano y un par de maracas en la otra.
A pesar de su partida, Héctor Lavoe sigue siendo recordado y admirado por su talento y su contribución a la música afroantillana. Su carisma, su voz y su estilo inconfundible lo convierten en una leyenda que perdura a lo largo del tiempo. Escuchar sus canciones es rendirle homenaje a un ícono de la salsa y sumergirse en el mundo de la música caribeña hecha en Nueva York.
Por eso, cada vez que suena una canción de Héctor Lavoe, se despiertan emociones y recuerdos en los corazones de quienes lo admiran. Sus temas como "Todo tiene su final", "El Todopoderoso", "El cantante", "Rompe saragüey" y "Paraíso de dulzura" siguen siendo himnos de la salsa y nos transportan a una época llena de energía y pasión.
Héctor Lavoe trascendió las barreras culturales y geográficas. Su música no solo conquistó los escenarios de Nueva York, sino que también resonó en el corazón de millones de personas alrededor del mundo. Fue un embajador de la salsa, llevando este género musical a lugares tan lejanos como el continente africano, donde dejó su huella imborrable.
Héctor Lavoe, su voz sigue viva
Héctor Lavoe, el cantante de los cantantes, siempre vivirá en el corazón de quienes aman la salsa. Su voz inconfundible y su legado musical perdurarán en el tiempo, inspirando a las nuevas generaciones y manteniendo viva la esencia de la música afroantillana.
En memoria de Héctor Lavoe, el inolvidable cantante de salsa, seguimos bailando al ritmo de sus canciones y recordando su inigualable talento. Su legado perdurará por siempre, inspirando a nuevas generaciones de artistas y manteniendo viva la esencia de la salsa en nuestros corazones.
Víctor Manuel Torres escribió de Lavoe en estas páginas de Excélsior:
Entrampado en su drogadicción y luego de discutir con su mujer, Lavoe intentó suicidarse lanzándose del noveno piso del hotel Regency, de Nueva York. Con el cuerpo roto y la salud cada vez más deteriorada, El Cantante falleció cinco años después en el Memorial Hospital de Queens.
Pero, ¿qué tenía Lavoe de especial entre otros muchos cantantes que quizá eran mejores que él para ser tan apreciado por el gran público salsero?
Para Andrés Rosales, especialista mexicano en música afroantillana, las razones son claras.
“Indiscutiblemente, tenía carisma, que es característica necesaria para cualquier ídolo, además de que rompió con patrones establecidos tanto en su trabajo de cantante como en su vida personal, lo cual le daba en ese momento el ser representante en el movimiento salsoso de las actitudes contestatarias de los jóvenes de ese entonces, ¿en qué forma? Pues rebelándose contra ese establishment al que se debía apegar el artista, usar lentes no ocultando su problema visual, llegar tarde a los conciertos, esa vida de excesos alcohólicos y de drogas, pero además haciéndolo público.
“Luego ya en las grabaciones con esa infraestructura musical, con esos arreglos y esos músicos nos ofrecía algo digno de ser escuchado, no se diga en las presentaciones y en los conciertos con esa entrega a la hora de interpretar.”
Acerca de las razones de la vigencia de su música, Rosales considera que pesa mucho el hecho de que también se ha convertido en un mito.
“De los salseros que han muerto, pienso que es el que más vigente está en el gusto de los viejos y jóvenes que gustan de la salsa; las razones son varias. Las historias que sobre él se han contado lo volvieron un mito en este ámbito musical; los nuevos avances tecnológicos nos permiten ver videos de sus presentaciones los cuales nos muestran cómo era Lavoe en un concierto.”
Por su parte, César Miguel Rondón, también especialista en esta música y autor de El libro de la salsa. Crónica de la música del Caribe urbano (Ediciones B, 2004), piensa que “a diferencia del funeral de Ismael Rivera (popular cantante fallecido el 13 de mayo de 1987 y conocido como el Sonero Mayor de Puerto Rico), para Héctor no hubo multitudes en procesión. El cortejo fúnebre que lo despidió en el Bronx fue tan caótico y aparatoso que, cuentan, Héctor llegó tarde hasta el día de su entierro.
“Pero el dolor ante su partida fue tal vez más hondo y lacerante. Si en vida logró convertirse en el cantante más legítimo y representativo de la salsa, después de muerto se volvió su mejor leyenda, en el símbolo que desde la eternidad exalta los valores y significados de esta música. Por eso, así no se le baile, a Héctor Lavoe se le escucha de pie. La salsa siempre tendrá el impulso que le brinda la figura más definitoria y trágica de sus héroes.”
Por eso Lavoe, más presente que nunca, es como un necio fantasma que, con su música y su inconfundible fraseo, sigue hurgando, feliz, en las pistas de baile en donde se le rinde tributo a la salsa más brava que existe: la de Nueva York hecha por caribeños.
El caótico funeral de Héctor Lavoe
El funeral de Héctor Lavoe el 29 de junio de 1993 en el Bronx fue un evento masivo y emotivo, pero también se vio envuelto en cierto caos debido a la gran cantidad de fanáticos que se congregaron para despedir al reconocido cantante de salsa.
Miles de personas se reunieron en las calles del Bronx para rendir homenaje a Héctor Lavoe. La multitud estaba compuesta por fanáticos, amigos, familiares y colegas de la industria de la música. Muchos llevaban camisetas con el rostro de Lavoe y banderas de Puerto Rico, su país natal.
A medida que el cortejo fúnebre avanzaba, la multitud se volvió cada vez más agitada. La emoción y la tristeza se mezclaban con la música de salsa que sonaba en los altavoces, y las personas lloraban y cantaban en honor a Lavoe. Se informaron incidentes de empujones y desorden, ya que la multitud trataba de acercarse al féretro y expresar su afecto hacia el cantante.
El caos y la emotividad del funeral de Héctor Lavoe en el Bronx reflejaron la pasión que despertaba en sus seguidores y la importancia que tenía para la comunidad salsera. Su arribo a su último aposento fue tan lento que por ello se decía que había llegado tarde hasta a su entierro.
No te olvidamos, Cantante. Ni hoy ni nunca.
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