Cautiva la bomba sexy otoñal; Tom Jones, en México
Con elegante porte, gran ánimo y movimientos de cadera, el cantante galés, de 76 años, conquistó a más de tres mil fans durante el concierto que ofreció en el Teatro Metropólitan
CIUDAD DE MÉXICO.
¿Qué hombre no va a querer envejecer como Sir Tom Jones, dueño de una voz explosiva, galantería natural capaz de ganarse a las damas y un espíritu incansable?
Estaría loco el que dijera que no luego de verlo a sus 76 años cantando anoche en el Teatro Metropólitan, con su elegante porte y un ensamble magistral de pura nueva sangre que aprende del maestro.
Sir Tom salió desde las 21:00 horas con ese ánimo. Jamás bajó los brazos, ni siquiera tanque de oxígeno requirió a comparación de colegas más juveniles que sí lo necesitan por la altura de la Ciudad de México.
Su voz llegó hasta la nota más alta, se mantuvo y nunca defraudó en Burning Hell ni Run On. Al contrario, conforme pasaba la noche aumentaba su fuerza y él mismo se motivaba a bailar y mover la cadera con los brazos en el abdomen como si aún fuera jovenzuelo.
Las que más agradecieron ese movimiento otoñal fueron las señoras, porque la mayoría de seguidoras aparentaban ser sus contemporáneas, acompañadas de una generación abajo, que fueron también elegantes, como si estuvieran en algún teatro sesentero donde el abrigo y los collares de perlas, auténticas o de imitación, daban el toque fino a la mujer.
Su grito de satisfacción al ver al galés moverse con dicha sensualidad, de inmediato puso una sonrisa en él, por su puesto en agradecimiento.
El Teatro Metropólitan estaba a reventar con más de tres mil personas, respetuosas, conocedoras y entregadas, pero algo tiesas, no les hubiera caído mal ponerse de pie y bailar un rato con Jones durante la tan esperada Sex Bomb. Sin embargo, no sucedió, y si algún joven, porque había varios entre el público, se paraba, de inmediato era regañado por alguna señora o señor con caras largas.
Es tan reciente el fallecimiento de su esposa Linda, que no evitó recordarla con Tomorrow Night.
“Con esta canción recuerdo a un gran hombre, este es el mejor tributo que puedo hacer de Elvis Presley”, dijo antes de entonar Tower of Song.
Sir Tom Jones fue tan audaz que podía pasar de una balada a un rock and roll de la vieja escuela, del jazz a una big band y evocar el puro estilo del blues que lo inspiró a perseguir su sueño en la música.
It’s not Unusual logró que todo mundo por fin bailara, grabara algo con su celular y emocionara al Tigre de Gales al grado de que se arrancó el saco y lo aventó para poder cantar You Can Leave Your Hat On y I Wish you Would.
La noche con Sir Tom Jones es de esas que en algún momento tienen que acabar, que pasan rápido y ven su ocaso con Thunderball, una banda sonora de James Bond; Kiss, un tributo al cielo a Prince y Strange Things Happening Every Day, que cerraron la noche a las 22:40 horas.
EMBLEMA CONTEMPORÁNEO
¿Quién será el tal Tom Jones? Ése hombre que aparece en el capítulo Marge Gets a Job en la cuarta temporada de Los Simpson, esclavizado por un grillete mientras interpreta a Homero y Marge la canción It’s not Unusual.
Seguramente es la única referencia fresca que se tiene del cantante, junto con el tributo que el Pato Lucas realiza en la serie Duck Dodgers (cuyo opening es interpretado por Jones) y su aparición en carne y hueso en la alocada ficción Marcianos al Ataque, de 1996.
JOVEN OBRERO
Su historia se remonta al 7 de junio de 1940 en Gales, país en el que su padre Thomas Woodward, un joven minero, y Freda Jones lo concibieron. Su talento se desarrolló separado de su sangre, ninguno de sus papás era maestro de las cuerdas vocales. Él comenzó desde pequeñito, en las fiestas familiares y un coro escolar. Lo académico nunca fue lo suyo, ni los deportes.
Gracias a Little Richard, Elvis Presley y Jackie Wilson mejoró su técnica; sin embargo, su vida dio un giro a los 17 años cuando se casó con
Linda Trenchard, debido al embarazo que trajo al mundo a su primogénito Mark. La canción no alimentó al pequeño, sino los empleos que Tom adoptó en fábricas y constructoras.
EL INICIO
En 1963 se unió al grupo Tommy Scott and the Senators y un año después comenzó su sueño como solista con la canción Chills and Fever, que nadie recuerda, sólo los archivos y la historia. Su sueño, que hasta ahora la cultura pop rescata y que rejuvenece a sus contemporáneos, llegó en 1965: It’s not Unusual, el hit de su vida escrita por Les Reed y Gordon Mills.
En ese entonces llegó al primer lugar de popularidad en todo Reino Unido, formó parte del Top Ten en Estados Unidos, entre ellas los charts de Billboard. El particular sello de esta canción fue que explotó la figura sexual que Jones se construyó en pleno contexto social, donde todo lo que tuviera que ver con el tema, era tabú, incluso la BBC se reservó el derecho de tocarla por este motivo.
Su popularidad lo llevó a interpretar Thuderball para la película de James Bond del mismo nombre y para What’s new Pussycat?. Su mérito fue triunfar en una década donde The Rolling Stones, The Bea-tles, The Kinks, The Animals, Eric Clapton, Pink Floyd y Led Zeppelin, tenían los reflectores sobre ellos. Sin embargo, el premio Grammy que ganó en 1966 como Mejor Nuevo Artista lo hizo también parte de la masiva Invasión Británica de esa década.
EMPIEZA EL MITO
Ya nadie lo bajaría del tren y su temporada en el Caesar’s Palace de Las Vegas, cargado de mensajes sexuales y libertinaje, lo comprobarían. Todas las mujeres lo deseaban y quienes lo veían en vivo, tiraban las llaves de sus cuartos de hotel para que el ídolo las sorprendiera a mitad de la noche.
Aquí empieza el mito de Sir Tom Jones, el Caballero de la Orden del Imperio Británico (nombrado en 1995 por la reina Isabel II), el hombre que reconoció acostarse con 250 mujeres al año, pese a estar casado con Linda y todo, aparentemente, con ayuda de su hijo Mark, quien en su madurez fue su manager.
Era una bomba sexual como lo describe su rola Sex Bomb y cuyas pistas están plasmadas en su autobiografía En la cima y de vuelta, cuya cita “la carretera ofrece tentaciones a las que difícilmente puedes resistirte”. La leyenda dice que él las veía desde el escenario, las seleccionaba y un equipo, entre ellos, su hijo, las llevaba al camerino al terminar sus shows.
Se ganó estelarizar sus propios shows de televisión This is Tom Jones de 1969 a 1971, Tom Jones de 1980 a 1981 y The Right Time de 1992, una etapa turbia, pues en años recientes se dio a conocer que varias compañías se peleaban los derechos de los shows.
A través de su libro describe una anécdota en la que Michael Jackson visitó su casa en Bel Air –el Rey del Pop siempre lo citó como su influencia–, y quedó sorprendido por sus fotos enmarcadas junto a varios de los protagonistas de la invasión británica.
INFLUENCIA MUSICAL
A su trayectoria se sumaron She’s a Lady, Kiss, The Young New Mexican Puppeteer, que le abrieron el paso a su estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, en 1989, ingresó al festival Glastonbury en 1992 y apareció en la serie el Príncipe del Rap. Estos logros, fueron importantes, pues su música no sólo fue relevante para sus contemporáneos, sino que influyó a ídolos de la actualidad y del nuevo milenio.
Por algo el entonces presidente de Estados Unidos Bill Clinton lo invitó a amenizar el año nuevo en 2000 y los Brit’s Awards lo premiaron con el galardón a Contribución a la Música en 2003.
Su álbum Reload (1999), estuvo dirigido a la nueva sangre a través de duetos con The Stereophonics, Robbie Williams, The Pretenders, Barenaked Ladies y Portishead, grupos que le declararon su fanatismo.
Tom Jones es un emblema de la canción, cuya imagen de hombre seductor impactó al pop moderno, originó a las bandas que hoy hacen vibrar a la juventud y las caricaturas, cuyos 41 discos editados han sido vendidos en 100 millones de copias.
Siempre fue débil a la hormona femenina, pero fuerte a la perseverancia de la cocaína entre sus colegas y ante la perdida de su querida Linda el 10 de abril de este año, producto del cáncer. De hecho el apodado Tigre de Gales canceló gran parte de su gira anual; sin embargo, anoche respetó su cita con su fanaticada mexicana y lució como nunca.
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