¿Qué es el Mictlán? El inframundo mexica que forma parte del Día de Muertos
Explora el Mictlán en el Día de Muertos: las 9 pruebas del inframundo mexica, el papel del Xoloitzcuintle y los secretos de la ofrenda prehispánica.

El Día de Muertos puede parecer una festividad colorida centrada en recordar a quienes ya no están entre nosotros bajo la capa de un tradición cultural declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO; pero debajo de esto, existe una cosmovisión milenaria de la muerte a través del reino del descanso eterno, el Mictlán.
A diferencia del concepto judeocristiano de cielo o infierno, donde el destino final de la persona depende directamente de la moralidad de sus actos en vida o de un juicio divino, en el mundo mexica, el lugar al que viajaba el alma (tonalli) estaba determinado de forma exclusiva por el tipo de muerte que la persona había experimentado.
Para aquellos que fallecían por causas naturales o enfermedades comunes, el destino señalado no era un castigo ni un calabozo, sino el Mictlán: el "Lugar de los Muertos", un espacio sombrío, vasto y lleno de desafíos donde el espíritu debía emprender un penoso viaje de cuatro años para alcanzar la paz definitiva.
Comprender la relación directa entre el Mictlán y el actual Día de Muertos es adentrarse en uno de los procesos de sincretismo cultural más fascinantes de la historia de México.

¿Cómo entendían la muerte los mexicas?
Para la cultura mexica, la vida y la muerte eran dos fases interconectadas de un mismo ciclo cósmico continuo. De la misma manera en que la semilla debe enterrarse en la tierra oscura para germinar y dar fruto, el cuerpo humano debía retornar a la matriz terrestre para permitir que la energía vital continuara su flujo en el universo.
Los cronistas e historiadores, basándose en códices como el Códice Florentino recopilado por Fray Bernardino de Sahagún, registran que existían cuatro destinos principales para los difuntos:
- El Tlalocan (El Paraíso de Tláloc): Reservado para quienes morían por causas relacionadas con el agua, como ahogados, personas alcanzadas por rayos, enfermos de hidropesía o lepra. Era un lugar de abundancia constante, verdor eterno y manantiales inagotables.
- El Tonatiuhichchan (La Casa del Sol): Destinado a los guerreros caídos en combate y a las mujeres que fallecían durante el parto (mociuaquetzque), quienes eran consideradas guerreras que habían dado la vida por traer un nuevo ser. Acompañaban al Sol en su trayecto diario desde el amanecer hasta el cenit.
- El Chichihuacuauhco: Un recinto especial para los niños que morían antes de ser destetados. En este lugar existía un árbol sagrado que goteaba leche de sus ramas para amamantarlos hasta que tuvieran una segunda oportunidad de nacer.
- El Mictlán: El destino de la gran mayoría de la población; todas aquellas personas que fallecían por vejez, accidentes cotidianos o enfermedades que no estaban bajo el dominio directo de Tláloc.

Entonces, ¿qué es el Mictlán?
El Mictlán estaba regido por una pareja divina que encarnaba la dualidad del inframundo: Mictlantecuhtli (Señor de la morada de los muertos) y Mictecacíhuatl (Señora de la muerte).
Mictlantecuhtli solía ser representado como un esqueleto decarnado con los ojos saltones o vistiendo adornos de papel y conchas marinos, mientras que Mictecacíhuatl velaba por los huesos de las generaciones pasadas.
A diferencia del diablo en la tradición europea, Mictlantecuhtli no castigaba a las almas ni personificaba el mal. Su función era custodiar el reposo final y resguardar los huesos ancestrales que, según el mito de la creación del Quinto Sol, Quetzalcóatl tuvo que rescatar del inframundo para moldear a la humanidad actual combinándolos con su propia sangre.
De acuerdo con la UNAM, para llegar al Mictlán, las almas llegaban a un río donde solo podían cruzar con un perro pardo para ingresar a otra dimensión, en un camino que se ensancha poco a poco hasta desaparecer.
Con la llegada de los evangelizadores españoles en el siglo XVI, las creencias autóctonas sobre el Mictlán se fusionaron y reubicaron en el calendario católico para coincidir con el Día de Todos los Santos (1 de noviembre) y el Día de los Fieles Difuntos (2 de noviembre).
La ofrenda toma elementos prehispánicos del Mictlán con una interpretación católica, incluyendo la flor de cempasúchil, copal e incienso, agua, sal, papel picado y pan de muerto.

¿Cuáles son los niveles del Mictlán?
- Itzcuintlan (Lugar donde habita el perro): Aquí el viajero se encontraba con las almas de los perros sagrados. Solo un perro de raza Xoloitzcuintle de color pardo o grisáceo podía reconocer si el difunto había tratado bien a los animales en vida. Si la persona había sido cruel con los perros, el animal se negaba a ayudarle y el espíritu quedaba atrapado en la orilla por la eternidad.
- Tepeme Monamictlan (Lugar donde se juntan las montañas): Dos enormes cordilleras de piedra se abrían y cerraban continuamente, chocando entre sí con una fuerza descomunal. El viajero debía calcular el momento exacto para correr y cruzar el paso sin ser aplastado por los cerros en movimiento.
- Iztepetl (Montaña de navajas): Una montaña cubierta de erizados pedernales y obsidianas afiladas como navajas. Para superarla, el ánima debía escalar desgarrándose las plantas de los pies y soportando un dolor desgarrador.
- Cehueloyan (Lugar donde hay mucha nieve): Una región desolada compuesta por ocho cabezos o colinas de hielo constante donde caía una nieve fina y cortante. Las corrientes de aire eran tan intensas que soplaban como ventiscas inacabables, congelando la voluntad del caminante.
- Pancuetlacoloyan (Lugar donde las personas vuelven): Ubicado al final de la zona nevada, este espacio presentaba un viento tan helado y despiadado que hacía flotar a las almas como si fueran banderas al aire, desorientándolas y arrastrándolas de un lado a otro sin control.
- Temiminaloyan (Lugar donde la gente es flechada): Un sendero estrecho e interminable a cuyos lados manos invisibles disparaban flechas puntiagudas perdidas en batallas pasadas. El viajero debía esquivar los proyectiles para evitar que traspasaran su esencia espiritual.
- Teyollocualoyan (Lugar donde te comen el corazón): En esta etapa habitaban fieras salvajes, principalmente jaguares sagrados pertenecientes a las huestes del inframundo. Las bestias acorralaban al difunto para abrirle el pecho y engullir su corazón terrenal, liberándose de las pasiones y apegos físicos que aún lo ataban a la vida humana.
- Apanohualoyan (Lugar donde se cruza el agua): Una masa de agua neblinosa, densa y oscura compuesta por nueve ríos entrelazados. Al carecer de corazón y carne, el espíritu flotaba en esta mezcla mística perdiendo gradualmente los últimos restos de la memoria individual.
- Chiconahualoyan (Lugar de la nueve aguas o de la nada): El nivel más profundo del inframundo. Tras superar las ocho etapas anteriores y haber transcurrido cuatro años completos de travesía, el ánima alcanzaba el recinto final de Mictlantecuhtli y Mictecacíhuatl. En este lugar, el alma quedaba libre del sufrimiento, disolviéndose en el Mictlanpac (la quietud absoluta), donde obtenía el descanso eterno y la integración definitiva con el cosmos.
El Mictlán forma parte de la identidad mexicana a través de Día de Muertos y la tradición tan compleja de esta celebración. En nuestro país, la muerte no es el final de la historia, sino el comienzo de una reunión anual.