Circuito Interior una arteria que cumple hoy 50 años
Inaugurada el 3 de junio de 1961, esta vialidad de primera importancia sigue siendo un círculo sin cerrar con carriles saturados y con falta de obras
A 50 años de haber sido inaugurado su primer tramo, el Circuito Interior sigue siendo una vialidad incompleta.
Al mediodía del 3 de junio de 1961, el presidente Adolfo López Mateos, en el apogeo de su administración, y el regente Ernesto P. Uruchurtu, cortaron el listón inaugural de la obra.
El acto protocolario se llevó a cabo frente al Aeropuerto Internacional.
Medio siglo después, el doctor de Estudios en Urbanismo, Óscar Terrazas, aseguró que el Circuito no debería llevar ese nombre, pues no ha sido “cerrado”.
La obra, que fue declarada concluida en agosto de 2010, tuvo un costo de tres mil 200 millones de pesos, sin embargo, no está concluida; no es una vialidad de acceso controlado en sus 42 kilómetros de recorrido.
En los últimos cincuenta años, ni los regentes ni los jefes de gobierno electos han decidido concluir esa vialidad que tiene cerca de 50 cruces semaforizados.

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Progreso
A finales de los años 50 la Regencia capitalina decidió entubar el río Consulado y sobre el canal de concreto construir una vialidad que conectara al Aeropuerto Internacional, en expansión, con la avenida Insurgentes.
El entubamiento fue visto como una señal de progreso, pues permitía que los cinturones de miseria que había en las márgenes del canal de aguas negras fueran retirados.
“Borra para siempre la dolorosa página de enfermedades, crímenes, robos, asaltos, y la muerte accidental o delictuosa de adultos y niños”, señala la crónica de Excélsior de aquella inauguración, y sentencia que “la transformación maravilla a la ciudad”.
En su momento fue la vialidad más moderna de la Ciudad de México. Era una calzada de acceso libre de ocho kilómetros que iba del Aeropuerto al Monumento a La Raza, tenía 18 metros de ancho, con luminarias de vapor de mercurio que corría a lo largo de 39 colonias.
Los funcionarios, relata la crónica de esa jornada, fueron bajados de su auto en dos ocasiones por la gente acomodada a los lados del Circuito para “agradecerles” por la obra.
A medio siglo de distancia, el urbanista Óscar Terrazas considera que esa vialidad no ha sido concluida.
“No es un circuito de acceso controlado, no es un anillo que se cierre, no cumple con esa función y tampoco tiene laterales, ni puentes que le den flujo continuo”, señaló Terrazas.
El investigador de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) cita varios puntos que convierten a Circuito Interior en una vialidad similar a un eje vial.
Se hace angosto a la altura de Fray Servando Teresa de Mier, al reducirse a dos carriles. Entre la colonia Mixcoac y la Condesa cuenta con cruces de calles y cerca de cien semáforos.
Algo similar a lo que ocurre en Iztacalco, a la altura de la colonia Ramos Millán.
“En esa parte sur poniente se decidió hacer otras vialidades como los segundos pisos (Periférico). Antes de empezar a pensar en otras obras, hay que cerrarlo”, insistió Terrazas.
Destacó la importancia de contar con un circuito cerrado, de acceso controlado, porque ayuda a que viajes que se realicen en la zona centro de la ciudad se puedan hacer acortando los recorridos en una calzada sin semáforos.

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Del río al pavimento
Tras haber sido desaguado el lago de Texcoco, quedaron habilitados canales que llevaban el agua que bajaba de las montañas hacia las lagunas que quedaron en la periferia de la ciudad.
El río Consulado recibía las aguas que bajaban de la zona que actualmente ocupan el Bosque de Chapultepec.
El Arquitecto y especialista en historia de la Ciudad de México, Jorge Legorreta, recordó que el primero en proponer que los ríos que corrían por el Valle de México fueran entubados fue Carlos Contreras, en los años 20 del siglo pasado.
En ese entonces ya era necesario descongestionar a la ciudad de la cantidad de automóviles que circulaban por sus calles.
Aunque los trazos propuestos por Contreras ocupaban parte del actual Circuito Interior (ríos Consulado y Churubusco), Viaducto (río Piedad) y Periférico, también aventuraba que estos circuitos estuvieron en el corazón de la ciudad de aquel entonces, que apenas llegaban a un millón de habitantes.
Cerca de 30 años después, el regente Ernesto P. Uruchurtu decidió que era tiempo de cristalizar aquella propuesta y su administración se lanzó al entubamiento de los ríos Consulado, Churubusco y Piedad.
Eran 39 colonias las que se ubicaban en la ribera del Consulado entre el aeropuerto y La Raza.
Era necesario que el ingreso a la terminal tuviera una mejor conectividad con el centro de la ciudad a través de las avenidas Insurgentes o 100 Metros.
Además, conectaba con la capital al recién inaugurado Centro Médico La Raza.
Lo que fueran cinturones de miseria recibieron una vialidad de primer mundo y 160 mil metros cuadrados de camellones que se convirtieron en las primeras áreas verdes públicas de aquella zona.
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