'Peter' el tatuador, el de la colonia Santo Domingo

Hay una ‘historia que me marcó demasiado’, y es que los consejos y palabras de mi abuelo ‘las llevo… están… tatuadas en mi mente’: Iván López

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CIUDAD DE MÉXICO.

«Acompañé a un amigo a que se hiciera un tatuaje en este estudio. Estaba en la preparatoria, pero pues ya sabes, ¿no?, es el tiempo como de la locura. Ese día me había echado unas chelillas y así, y, mientras lo esperaba, me quedé jetón. Cuando me desperté, mi compa ya se había ido. Esa historia es muy curiosa… o chistosa, porque me marcó demasiado».

Estudio Tonatiuh Cuerpo Adornado. Redefiniendo la Belleza.

«El dueño del local me vio y platicó conmigo. Se dio la coincidencia que éramos vecinos. Yo no lo conocía… Esa historia me marcó demasiado. Le dije que trabajaba en lo que cayera. Yo estaba viendo un libro de graffiti —porque este valedor siempre ha tenido un montón de libros— y me puse a hacer unos tags».

"Y él me dijo que dibujara. Que era bueno. Pero pues ya ves que cuando uno es chavo las cosas le entran por un oído y le salen por el otro. Es un poco complicada esa rebeldía juvenil. Tenemos demasiada energía que queremos comernos al mundo. Mi primera experiencia en el tatuaje fue en este estudio”.

«Fue difícil porque pude haber comenzado desde ese momento. Trabajaba de todo, incluso fui albañil, pero ahí sí tiré la toalla, caaarnal —observa al piso, como si ahí sucediera en miniatura una representación de la escena de su época de albañil—. Me llamo Iván López. Toda la banda me topa como Peter».

Apodo del barrio, ya sabes”, el Estudio Tonatiuh Cuerpo Adornado, está sobre la Avenida Universidad 1887. Planta alta. A dos cuadras del metro Miguel Ángel de Quevedo. El horario de atención es de 12:00 a 19:30 horas, de lunes a sábado. El teléfono: 5661-0596. “Y me dedico a tatuar desde hace tres años”.

«Esto del tatuaje me absorbió desde los 17, los 18. A los 16 me hice mi primer tatuaje. Fue, lo que le decimos, una chacharita, algo muy pequeño: una figura de Peter Pan, la silueta. Ya lo borré, porque en ese momento sólo quería ver… se me hizo una opción, fue la manera en que llegué al tatuaje».

Siempre se me dio el dibujo. Me gustaba graffitear. Ahí me resultó más cómodo y fácil fluir un poco. Dibujaba desde primaria, cosas como el Correcaminos. En la secundaria me llamaron mucho la atención los videos musicales, la influencia norteamericana me absorbió en cuanto a lo visual”.

«En casa se enteraron como un mes después que me había tatuado, porque lo tenía en la espalda. Se me hizo más fácil esconderlo, a pesar de que quería que se viera. Al principio se molestaron, pero ¿qué podían hacer? Se resignó mi jefa, sobre todo». Mientras habla, ve a la nada y mueve los brazos, en busca de ayudarse con ademanes.

Iván es delgado, habla con tono de voz bajo pero resuelto. Uno se puede equivocar, pero existen ciertas personas a las que se les ve la honestidad por alguna parte. La sonrisa es sincera y campechana. La mirada, tranquila. La risa sale desde la boca del estómago. Las frases que dice las medita antes de recitarlas, como si buscara emitir todo limpio, para no tener arrepentimientos ni verse en la necesidad de limpiar.

Nací en la delegación Coyoacán. Soy de Santo Domingo. Tuve muchos choques culturales en esa colonia: conocí a gente de Nezahualcóyotl, de Ecatepunk, y ver cómo cambian las cosas aunque las personas no vengan de tan lejos, es algo muy cabrón. Estudié en el Bachilleres de la Vicente Guerrero”.

«Tengo 27 años. Quería estudiar arquitectura, sobre todo urbanismo, que se me hace muy muy chido, no se me dio; y la otra era diseño industrial. Por algo no se dio ninguna ¿no? Llevo dos años en este estudio y aquí aprendí a tatuar. Cuando enfoqué la energía al tatuaje, aquí se dio la oportunidad».

Me llamó un compita y me preguntó dos tres cositas, como sacando la información, ¿sabes? Fue muy raro, y me dice «¡qué onda! Pues ven mañana. No te vamos a pagar, pero será un poco recíproco». Y acepté sin pensarlo. De hecho me acuerdo que llegué bien temprano, todavía no había nadie”.

«Ni para la escuela me había presentado tan temprano, de tanta mi emoción. Mucha banda piensa que tatuar es igual a tener mucho varo y no va por ahí el pedo. Pensaba que me iba a ir muy chido, pero cuesta. El camino, sobre todo al principio, es muy complicado».

Antes de venir aquí yo ya había ido a tocar dos tres puertas, y por suerte o mala suerte, como lo quieras ver, no me aceptaron. La vida da curvas, tienes que bajar, subir. Mi idea es hacer las cosas bien para ya no sentirme comprometido. Yo no me veo con carros o cosas así. Lo que quiero es llegar, y disfrutar”

«Es como que yo no vivo del, sino que vivo para el tatuaje. Por ahora será eso. Después vendrán los viajes. En estos momentos, es aprender más, explorar y explotar, hacer un trabajo limpio y muy bien terminado. Hay que separar al tatuaje del dibujo. El tatuaje es en piel, y la piel es algo vivo».

En piel es algo muy distinto. Yo creo que el tatuaje no se puede llevar a una institución. Tampoco me atrevería a afirmarlo. Hay muchas personas que, como yo, sufrieron muchas cosas: que te cerraran las puertas, dos tres regaños a la antaña. Hay que saber. Hasta en la forma de trapear y barrer un estudio”.

«Todos los tatuajes duelen. Duele como cuando te caes de la bicicleta y punto. Quien te diga que no es un chingón o un insensible. Pero esa es la magia del tatuaje. Sentirlo. Las recomendaciones psicológicas sólo es que no se claven. La mente es muy poderosa y hay banda que se mal viaja muy cabrón».

La filosofía de Tonatiuh es básica. Yo creo que por eso me ha gustado estar aquí. En otros estudios no me sentía con esa libertad, el trato directo con el cliente es muy importante. Aquí no somos —utilizaré una palabra que me dijo el dueño una vez—: «bisneros». No buscamos varo, somos tatuadores”.

— ¿Qué es lo que tú recomiendas para esta vida?— Alza la cabeza y los ojos se quieren salir de sus órbitas, como si el profesor le hubiera preguntado algo que nunca supo ni sabe ni sabrá; como si fuera a presentar el examen al que nunca llegó; como si hubiera escuchado el grito que nunca lo llamó. Restriega las manos por sobre el pantalón, como cuando la patrulla te detiene.

¿Crees que nadie me había preguntado eso?... Ser humilde. Llevar tus creencias a donde vayas. Si estás bien contigo mismo estarás bien con otras personas. Ser amable me ha llevado a muchos lugares. No ser un patán, como dicen las morras. Todos aquí tenemos un viaje, unos más chidos que otros”.

«Pero una sonrisa no cuesta nada. Si todos los días vengo en el metro con cara de culo, pues ni las moscas se paran. Bastante tenemos con mucha gente culera como para que seamos parte de ese grupo. Mi abuelo me decía que yo, que era joven, hiciera todo lo que pudiera, que me comiera al mundo».

Mi abuelo fue un pilar para mí —sus ojos se inundaron, pero se negaron a derramar lágrima—. Le diría que gracias, que muchas gracias por todo.  Fui muy afortunado de haber pasado tiempo con él. Él más que mi abuelo fue como mi papá. Todo lo que me dijo, sus palabras, están… «Tatuadas» en mi mente”.

edd