“Para mí, la danza era algo biológico”: palabras de Guillermina Bravo
Cuenta sus inicios en el arte del movimiento, en el que, aseguraba, “como en una tela de araña me sentía atrapada, ya no había salida”
CIUDAD DE MÉXICO, 9 de noviembre.- “Una cerrada y una abierta, van diez por mi joto”, dice Guillermina Bravo, a lo que sin rechistar, respondo: “Está bien.”
“Espera, espera, ¿vas o no vas?... ¡Ah! ¿reviras?, quiere decir que eso... es para… ¡claro! tenía que ser par. Tú reviraste, tú hablas, pago nomás por ver”, dice la coreógrafa lista a no perder la partida.
Maestra, ¿se la jugó en la vida?
No precisamente, no en el sentido de un partido de póker, porque no tuve opciones:
estaba en la danza o no estaba en nada, así que ¿qué me jugaba? estaba en la danza, ahí subí y ahí me quedé.
¿Si no fuese bailarina hubiese sido tahúr?
Eso sí. Entonces sí me la hubiera jugado –corte por favor (las cartas)–. Fui niña bien en Tampico, en la alta sociedad, porque mi padre era un “práctico” de puerto muy querido. En aquel entonces estaba el petróleo en manos de extranjeros, de ingleses y de americanos. Te estoy hablando de ¿qué años? ¿De los veinte?, Cárdenas nacionaliza el petróleo en 1938, todos esos años atrás, el petróleo no era nuestro, y esta sociedad de prácticos ganaba muchísimo dinero por meter los barcos a cargar y sacar petróleo: a eso pertenecía mi padre. Yo me acuerdo de niña, en la mesa de mi casa, cuando Cárdenas primero cerró las casas de juego, recuerdo claramente esa noticia, esa noche quedó clausurado el Frontón México, el mismo día que Cárdenas tomó la Presidencia, y luego viene la expropiación petrolera que a mis padres los desquicia, porque ya no hay el dinero que había. Tuve una época de gran auge económico en Tampico como niña de sociedad, entraba al casino, bailes y todo eso; íbamos a la playa, mi madre iba con sombrilla y sombrero a la playa, esto se usaba en la sociedad de Tampico.
¿Y cómo es que entonces vino a dar aquí?
Porque Tampico estaba calificado por mi madre como la antesala del infierno. En el verano, por ejemplo, yo me llenaba de salpullido; era terrible el calor, entonces veníamos a veranear a la Ciudad de México, pero Lolis no podía con el calor, hasta que logró instalarse en México. Mi hermana se metió a la secundaria que era muy prohibida porque había educación sexual, pero ella se impuso, claramente iba para ser una intelectual, pero en cambio a mí, más manejable más inconsciente me metió a este Colegio Williams, pero al terminar ya no supo qué hacer conmigo. Y así, pisé por primera vez Bellas Artes para recibir mi título de secretaria, porque todavía se alquilaba para esos menesteres de colegios.
“¡Par de treces manda veinte!”, dice juguetona.
¿Dónde aprendió a jugar?
Pues, en mi casa.
Eso no es de señorita de sociedad ¿o sí?
Son las contradicciones de la sociedad, ya te lo he contado: aprendí a jugar antes de leer, chiquitita, jugábamos al dominó los cuatro, yo de pareja con mi papá y Lola de pareja con mi mamá.
¿Oiga maestra, y cree en el azar?
No, creo más en un proyecto de vida a corto plazo. No soy de proyectos de toda la vida, soy de proyectos a corto plazo que cumplo y hago otro, que cumplo y hago otro. Había que planear, que hacer una estrategia para poder bailar sin dejar de comer, porque me daba de comer mi familia; había que tener una estrategia muy fina para manejar a la familia, que yo pudiera tener casa y comida y a la vez bailar. Luego había que planear cómo salir de la casas y tener más tiempo para la danza, y así me fui con pequeños proyectos.
¿Alguna vez se jugó algo importante?
Un jugador pierde y gana, a la larga, creo que sale perdiendo.
“ Y a ver si tú te lanzas con esas dos que pediste”, reta.
Pues con unos diez...
¿Diez? Pues pago por ver.
“Como en una tela de araña me sentía atrapada por la danza, ya no había salida. Yo bailaba una cosa de García Lorca, sobre la luna. Bailaba con todo mi ser, espontáneamente, no había construcción de cuerpo, hasta los años 70 que me fui a Nueva York a buscar una técnica, porque bailábamos cuentos, pinturas murales, pero no había el instrumento adecuado.
“¡Mira, yo voy por la flor!
“Fui pianista porque en mi familia provinciana, conservadora, mi padre quería que yo tocara el vals Capricho, de Ricardo Castro, era su sueño, entonces me metió al Conservatorio pero ya lo combiné con la Escuela Nacional de Danza. Y de pronto llegó Waldeen y me escogió para su ballet de Bellas Artes, para hacer La coronela. Y ahí estaba yo en el movimiento de la danza. Como en una tela de araña me sentí atrapada por la danza, ya no
había salida.”
Le dicen la mano rápida…
Pero, sabes, declaraste demasiado pronto, si hubieras puesto diez yo te hubiera seguido, y luego otros diez, yo te hubiera seguido, entonces hubieras revirado y sacas más dinero. Corte por favor (las cartas).
¿Y el amor?
Bueno..., tuve una época donde leía mucho a fines de los 70, a un sicólogo y fisiólogo alemán que salió de la escuela de Freud pero tomó su propio camino, se llama Wilhem Reich, y habla de la energía erótica, de la libido, entonces hice dos danzas, Melodrama para dos hombre y una mujer y Acto de amor, dedicadas al amor que fluye, que se deja correr contra la sociedad, contra todo. Romántica no, no he sido nada romántica.
No es nada romántica.
El erotismo sí, lo acepto y creo que es un gran tema ya ves que dice Octavio (Paz) que la sexualidad la tenemos todos los animales desde que nacemos hasta que morimos, sólo el ser humano le da dos vertientes, el erotismo por un lado y el amor por otro ¿si conoces su libro?, La llama doble, eso yo lo acepto. El erotismo es todo lo que está alrededor del amor, y el amor, pues, pleno con todo lo que implica físico, emocional, comprometido.
¿A usted le han hecho ver la suya?
¿Amorosamente?... A mí me han amado pocos hombres pero me han amado mucho y he respondido muy bien a eso. El amor es muy importante en mi vida. Como tenía un novio violinista me gustaba tocar las sonatas de diversos compositores para piano y violín, a esa edad uno cree más que en la persona, en el amor, y como en mi casa no lo pasaban porque era un violinista pobre, pues, más se incentivaba esta relación, pero finalmente me casé con otro; ves qué frivolidad. Tiene razón Shakespeare “frivolidad, tu nombre es mujer”. Me casé con otro para salir de mi casa para poder bailar, pero al año me fui con otro del cual sí estuve muy enamorada. Para mí ha sido fundamental el amor, puedo vivir sin dinero sin nada pero sin amor no, nadie puede… Pero tampoco he dejado nada por un amor…
“Luego duré 25 años y tuve dos hijos con otro marido, pero mi vida de danza seguía, para mí los hijos eran algo biológico y natural, como bailar, pues, hijos y danza era lo mismo. Yo en realidad no he tenido una vida, Rosario, he tenido un grupo. Mi vida ha estado sujeta a ese grupo…
