Poder alemán; el milagro de Berna en Suiza 1954

La Mannschaft obtuvo su primera copa del mundo ante la Hungría de Kocsis, Puskás y Czibor

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CIUDAD DE MÉXICO.

Suiza fue el país encargado de organizar el quinto Mundial de la historia, el de 1954, cuatro años después de que Brasil le arrebatara la oportunidad al no contar con la infraestructura necesaria para albergar un evento de tal magnitud. Coincidía, además, que la FIFA, que tiene su sede en la ciudad de Zúrich, celebraba los 50 años de su fundación. Una mano maldita para los españoles, un pleito entre brasileños y húngaros, además del llamado Milagro de Berna, enmarcaron la competición.

España y Turquía se enfrentaron en un partido de desempate para la clasificación, ya que, por entonces, avanzaba aquel que fuera capaz de ganar los dos encuentros en turno.  Primero vencieron los españoles (4-1) en Madrid, luego lo hicieron los turcos por 1-0 en Estambul, y forzaron el duelo adicional, que terminó empatado a dos tantos. Entonces, los organizadores decidieron que en una bolsa se meterían dos papeletas y que sería un niño con los ojos vendados el que definiera al ganador. El encargado fue Franco Gemma, quien determinó la eliminación de la Furia Roja.

El torneo fue televisado por primera vez tras el surgimiento de Eurovisión, formada por la asociación de varias cadenas del Viejo Continente. Se transmitieron en total ocho partidos, siendo Francia-Yugoslavia el primero en ser seguido en varios países. A los 880 mil espectadores en los estadios, se sumaron cuatro millones más en sus hogares.

Treinta y ocho federaciones se inscribieron para las eliminatorias. Dos de ellas, Uruguay (campeona en Brasil 50) y Suiza, se clasificaron de oficio. Las 36 restantes fueron distribuidas en 13 sectores, de los que debían salir 14 clasificados.

La primera fase del Mundial se disputó en cuatro grupos de cuatro equipos cada uno, con dos cabezas de serie que no jugaban entre sí. En caso de que dos selecciones terminaran con la misma cantidad de puntos, debían disputar un partido de desempate. Los dos mejores clasificados avanzaban a los cuartos de final de forma directa.

La Selección Mexicana volvió a quedar eliminada en la fase de grupos con un par de derrotas ante Brasil (5-0) y Francia (3-2). Al equipo lo dirigía Antonio López Herranz.

En los cuartos de final, el cruce entre Hungría y Brasil dejó una mancha conocida como La batalla de Berna, una de las grescas más violentas en la historia de las Copas del Mundo. A pesar de la ausencia de Ferenc Puskás, el cuadro europeo desbarató a la selección brasileña con un rotundo 4-2, que, con la energía desbordada, provocó el caos en los vestuarios.

Partidarios de ambos equipos saltaron al campo para repartirse golpes después del silbatazo final. La batalla siguió en los túneles de salida, donde intervinieron jugadores, entrenadores y directivos. Algunos testigos presenciales afirmaron que Puskás le pegó un botellazo a Pinheiro, mediocampista de la verdeamarela. El diario deportivo suizo Der Sports afirmó en su editorial que el encuentro fue “el más sucio del torneo y constituye un insulto a la deportividad”.

A la final del Mundial de Suiza llegarían Alemania Federal y el cuadro húngaro. El partido llevó el nombre de El Milagro de Berna.

Hungría, una de las mejores selecciones de la historia, partía como favorita, pero fue derrumbada. Alemania triunfó (3-2), nueve años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y logró reconstruir su economía gracias a un sentimiento nacionalista surgido por el futbol.

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