Prismas diferentes

Desde hace poco más de un siglo, la piedra angular del deporte es, ha sido y será: competir en igualdad de circunstancias. Los atletas compiten distribuidos en sus disciplinas por edad, género masculino o femenino, peso corporal, número de jugadores en disciplinas de ...

Desde hace poco más de un siglo, la piedra angular del deporte es, ha sido y será: competir en igualdad de circunstancias. Los atletas compiten distribuidos en sus disciplinas por edad, género masculino o femenino, peso corporal, número de jugadores en disciplinas de conjunto. La ciencia, fisiología, genética, entrenamiento, técnica, entorno, cultura del esfuerzo… rompen el frágil concepto de igualdad de circunstancias apenas se da la señal de inicio.

Millares de atletas y jugadores saben que, por más que entrenen y se esfuercen, nunca rivalizarán con Michael Phelps, Usain Bolt ni alcanzarán la altura de un Jannik Sinner o Carlos Alcaraz. El héroe en la cumbre, como signo de motivación y emulación; así ha sido en todas las épocas. Si se penetra un poco más en aspectos fisiológicos se entiende por qué un Usain Bolt, de 86 kg, nunca podrá vencer al maratonista Eliud Kipchoge, de menos de 50 kg, en los 42,195 m, ni Eliud a Bolt en los 100 m lisos, diferencia de huesos, músculos, capacidad aeróbica, anaeróbica.

El mundo, conductas, ideas, percepción moral, estética, la sociedad cambian a cada instante. Desde hace tiempo, el deporte está enfrascado en un conflicto que se observa desde diferentes prismas. Atletas nacidos con diferencias en su desarrollo sexual o bien hombres que cambiaron de sexo ¿deben incluirse en competencias de mujeres? Predominan dos criterios, el científico-deportivo —establece que los niveles de testosterona potencian los músculos, la fuerza y la tasa de hemoglobina en la sangre da ventaja— y derechos humanos, así como juicios sociales de época y valoraciones de órganos de salud, que se inclinan por la inclusión.

Hace un par de décadas, las investigaciones y argumentos científicos que presentó la Universidad de Colonia fueron quemados en la hoguera por una visión cargada de teas y leña seca, ignorancia y sentimentalismo que permitió al sudafricano Oscar Pistorius emplear en los JO de Londres 2012 prótesis de fibra de carbono. Fue una decisión del TAS de lo más estólida y absurda.

Si la medida se hubiese extendido y permitido artefactos mecánicos, el atletismo habría desaparecido. Pulse el RM paralímpico en maratón, es por debajo de 1 hora 30’. Carecería de absoluto sentido que los atletas actuales compitiesen y buscasen romper las dos horas. Algo semejante sucede con la presencia de testosterona en el cuerpo humano con todas las características fisiológicas del animal.

En los mamíferos, el sexo lo determinan los cromosomas. Las hembras tienen dos idénticos denominados cromosomas XX y los machos dos diferentes XY; con la Y se designa al más pequeño. Cobra vigencia la protesta, inconformidad, indignación de la sudafricana Semenya Caster, dos veces campeona olímpica y tres oros mundiales en los 800 m planos, quien ha dicho: “Nacer sin útero y con testículos internos no me hace menos mujer. Acepto las diferencias”. El Tribunal Europeo de DH la respalda. La World Athletic estipula que no permitirá competir “por justicia e integridad de las mujeres” a quienes tengan cromosomas XY. La WA debiera abrir otra categoría.

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