Política gatopardiana

Los pobres no hacen ostentación, de nada; como les falta casi todo, carecen, incluso, de vanidad. De ahí se desprende lo incongruente, contrastante, miserable e indignante de los políticos mexicanos jactanciosos, dueños de riqueza, poder, movidos por desmedida codicia, ...

Los pobres no hacen ostentación, de nada; como les falta casi todo, carecen, incluso, de vanidad. De ahí se desprende lo incongruente, contrastante, miserable e indignante de los políticos mexicanos jactanciosos, dueños de riqueza, poder, movidos por desmedida codicia, cuando simulan ser representantes de los pobres.

No lo veamos desde lo material, bajo la óptica ambigua de que: porque tienen dinero, pueden darse ciertos lujos; sino desde el punto de vista ético, moral, no encaja la ostentación en quien manifiesta espíritu solidario y de servicio a los pobres y se conduce por vía contraria; como un violador que hablara acerca del respeto que se debe dar a las mujeres. Esta conducta los convierte en cínicos, mentirosos, hipócritas.

El episodio vergonzoso de violencia que se registró en el Senado el pasado miércoles entre Gerardo Fernández Noroña, presidente de la Mesa Directiva, y el senador Alejandro Moreno, líder del PRI —me entero en Excélsior que Lilly Téllez llama a Noroña El imbañable—, que se presenció en México múltiples veces en los diferentes medios de comunicación, sin duda va a repercutir y dejar huella en la sociedad y en el deporte.

No es un hecho aislado, es la suma a la espiral de violencia en que está inmerso el país y que se vive a diario en diversas poblaciones y aquí en las calles de la ciudad en la relación de automovilistas-motociclistas, en los centros comerciales o en las tribunas, principalmente en los estadios de futbol —convertidos en las más grandes cantinas del país—, en los que campea la vulgaridad, el grito homofóbico, la ignorancia y violencia de la manada; en el trato despectivo que se da en algunos centros comerciales e instituciones de la CDMX.

Añada la corrupción, la impunidad e inseguridad. La voz oficial de gobierno con su política gatopardiana —cambiar todo para que nada cambie— presenta gráficas que van a la baja; el pan diario remojado en atole con el dedo. Los medios, desgraciadamente, juegan el papel catalizador al presentar y resaltar a diario los actos de violencia.

El psiquiatra Luis Rojas Marcos, investigador y estudioso de la violencia, catedrático allá por los 90 en la U. de Nueva York, afirma que la violencia se aprende; no es intuitiva; de tal manera que la proyección de violencia genera violencia.

El conflicto se produjo porque Noroña —poseedor de una casa de 12 millones de pesos, en Tepoztlán; dicen que en el sótano hay un dibujo del pintor Basil Hallward, creación del escritor Oscar Wilde, donde se reflejan los valores podridos, acentuados día tras día, del dueño: provocador, arbitrario, incompetente, narcisista, autoindulgente, leo que se compara en la pobreza de san Francisco de Asís; patético, cínico, químicamente puro— no permitió la palabra, cuando su posición lo obliga a ser imparcial; anula la libertad de expresión.

El deporte de México vive en una atmósfera cuajada en valores falsos —no se toca a conocidos delincuentes de cuello blanco y cola de zorros ni con el pétalo de una rosa—, adversos a la competencia, al cumplimiento de las reglas del juego limpio, el fair play, respeto al adversario.

Temas: