La tribu del futbol

El deporte es comparación. Hace poco más de 20 siglos, Séneca expresó una frase que perdura y que nunca perderá actualidad: No es el freno de oro lo que hace mejor al caballo. No existe actividad deportiva más popular ni de mayor riqueza económica, en territorio ...

El deporte es comparación. Hace poco más de 20 siglos, Séneca expresó una frase que perdura y que nunca perderá actualidad: No es el freno de oro lo que hace mejor al caballo. No existe actividad deportiva más popular ni de mayor riqueza económica, en territorio nacional, que el futbol mexicano. (La naturaleza atractiva universal, humana, fascinante del futbol y los deportes reside, obedece, a impulsos ancestrales de lucha de vida o muerte, de rituales de la tribu en relación con estudios antropológicos, sociales). Pero su calidad de los últimos 75 años no le permitirían ingresar entre los 10 o 12 mejores deportes en México.

En un análisis epidérmico, cualquiera con dos dedos de frente percibe que el nivel del futbol nacional está muy por debajo de clavados, natación, nado sincronizado, atletismo, caminata, taekwondo, tiro con arco, tiro deportivo, basquetbol, boxeo, pentatlón moderno… disciplinas que desde los albores del 80 reciben migajas de interés, espacio y tiempo de los medios. De ahí que resulte inexplicable que una mayoría de comunicadores expresen indignación o sorpresa ante el resultado adverso.

No escapan a estar empapados en el tremendismo que produce el entorno cultural de los países donde se conserva la brutal y cruel tradición de la fiesta de los toros. Cuando se aprecie el nivel desde una posición objetiva desaparecerían, acaso, lamentos, alaridos, sombrerazos teatrales, lágrimas de cocodrilo. (A fines de los 50 los estudiantes de preparatoria afirmaban, divertidos: “En el deporte no hay enemigo pequeño. Lo único pequeño es la Selección Mexicana de Futbol”, en ironía a los resultados de la época).

El gobierno halló en los 80 la fórmula para dar opio con pan y circo con la frase “el equipo del pueblo”. Considere el lector que política y futbol son siameses que caminan de la mano con la bandera del pueblo en alza de popularidad, incompetencia, repartidores de esperanzas.

Es difícil entender cómo y por qué si el futbol vive dentro del cuerno de oro de la abundancia, no haya lanzado anzuelos con el fin de tentar con una atractiva oferta económica a un reconocido entrenador europeo de superior clase internacional.

Como sea, desde el 2002 del Brasil de Romario con la Argentina de Messi del 2022, las excelencias del futbol, el núcleo de calidad y competitividad se genera en Europa. El entorno del futbol nacional está tan enraizado en la ignorancia que algunos comunicadores de la pantalla de cristal no creen que un buen director técnico pueda transformar a la selección. Creer o no creer es muy subjetivo. Sólo hay que dirigir los ojos a la revolución deportiva que se registró en México con la presencia de técnicos de alta clase en los JO de México 1968.

En realidad, si se llegase a la hipotética idea de transformar a la selección, darle un cambio de calidad, sería remover piedras de los endebles cimientos en los que se han edificado todos los equipos nacionales, cambiar adobes por ladrillos, y algo más difícil aún, modificar los propósitos de los dueños, más interesados en la codicia crematística que en la competencia y adquisición de calidad. Jódanse.

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