Juglar del ajedrez y del lenguaje
Acudió a la buhardilla al escuchar el rumor de los aviones y observó el estremecedor espectáculo de cómo cientos de paracaidistas eran derribados por la metralla del ejército nazi. Las esquirlas impactaban en los cuerpos de los soldados aliados y otras agujereaban la ...
Acudió a la buhardilla al escuchar el rumor de los aviones y observó el estremecedor espectáculo de cómo cientos de paracaidistas eran derribados por la metralla del ejército nazi. Las esquirlas impactaban en los cuerpos de los soldados aliados y otras agujereaban la tela de los paracaídas. La escena conmovedora quedó no sólo grabada en la memoria del adolescente de 20 años, sino en su espíritu. Eran las 4 de la tarde, corría el 17 de septiembre de 1944 en la población de Arnhem —vocablo que significa casa o nido de águilas— en la zona oriental de los Países Bajos. Willy de Winter no sólo observó, sino que comprendió que 1,800 soldados aliados de 2,100 murieron en un intento por salvarle la vida a él y a miles de holandeses y judíos holandeses. Su padre era judío holandés y su madre mexicana seri de Sonora. El recuerdo de la II Guerra acaso moldeó su carácter noble, tolerante, de aceptación. Hace unas tres semanas, en este espacio, recordaba una frase simbólica de Willy Isidoro de Winter: “¿Qué es la vida? La vida es una interrupción insípida de una partida de ajedrez”. Cesó el tiempo de De Winter, excampeón nacional de ajedrez, políglota, su empresa hace traducciones en 40 lenguas. Autor del libro Lúdica lengua, cornucopia de curiosidades castellanas, creador de palíndromas —frases que se leen por igual al revés que al derecho—: “Es reconocer o no reconocerse, Amalia la desea ese Dalai Lama, Safari jala jirafas”, e incluso recopilador de palíndromas pictóricos como en su libro, un dibujo que, al girarlo, una rana se transforma en cabeza de caballo. Era un mirlo blanco, de humor tierno e infantil, la caricatura de un elefante en una tienda: solicita una computadora, pero ¡sin mouse! A veces era un niño al que le gustaba hacer travesuras. Sus amores fueron su esposa, Mirna, su familia, el ajedrez y el lenguaje. Representó a México en las Olimpiadas de Lugano 68 y Siegen 70; enfrentó con resultados adversos a Boris Spassky y Sammy Reshevsky. Promovió el ajedrez por años con su revista Ajolote. Comentó con el doctor Ulises Casab Rueda, en el programa de Jacobo Zabludovsky, la primera partida del Match del Siglo. Llevó amistad y participó en TV con otro notable ajedrecista y escritor, Juan José Arreola. Recientemente, De Winter, quien tenía la costumbre de jugar en los torneos gran parte de la partida de pie, recibió del chihuahuense Gustavo Maass el homenaje vitalicio de ingresar al Salón de la Fama del ajedrez de México, con sede en Cd. Juárez; aparece con celebridades como Carlos Torre Repetto, Alejandro Báez Graybelt, Marcel Sisniega, Alejandro Prevé Castro y otros. Inexorable, desaparece la vieja guardia de ajedrecistas. Por encima de sus actividades lúdicas y profesionales, De Winter, de intensa imaginación tornasolada y cambiante de ideas como las alas y trayectoria de un colibrí, fue un hombre que amó con todo su corazón a su esposa Mirna. A sus hijos Saskia y Luis les deseo una pronta resignación.
