Fisonomía sideral

Era la época de florecimiento del deporte en conjunción de las facultades naturales de los atletas con los incipientes brotes científicos aplicados a los entrenamientos. Había terminado la Segunda Guerra Mundial y Europa no terminaba de remover los escombros, limpiar ...

Era la época de florecimiento del deporte en conjunción de las facultades naturales de los atletas con los incipientes brotes científicos aplicados a los entrenamientos. Había terminado la Segunda Guerra Mundial y Europa no terminaba de remover los escombros, limpiar las cenizas ni mitigar el dolor de sus muertos. Antes de la aparición de Guillermo Echevarría en la superficie plateada de Palo Alto, la espigada y rubia Saeta de Colima, Alberto Isaac, director de la película de los Juegos Olímpicos de México 68, era el primer mexicano en romper el minuto en los 100 m estilo libre, al vencer en los campeonatos nacionales de Akron, Ohio, en 1945. Venteaba la política que decidió que Japón no podía competir en Londres 1948 y se privó a Hironoshi Furuhashi, acaso, de una medalla de oro.

Furuhashi fue dueño del récord mundial de los 1,500 m nado libre y más tarde presidente del Comité Olímpico de Japón. En nuestro país había talentos de orden internacional. En Londres 48, el acapulqueño Clemente Mejía ocupa el 4º sitio en los 100 m dorso; México es 7º en el 4x200 m con Ramón Bravo, Ángel Pato Maldonado, Apolonio Castillo y Alberto Isaac.

Cobraba auge la natación y se abrían nuevos desafíos: Damian Pizá cruza el Canal de la Mancha en 1953; Eulalio Ríos, El Delfín de Hueyapan, es 6º en 200 mariposa en Melbourne 1956; El Ropero, Jorge Escalante Larrauri, es finalista en los JO de Roma 1960 en los 100 m nado libre. Guillermo Echevarría empezó a practicar natación con Armando Marín García, El Cavernas, una persona amable, pero áspera en su trato social; por el rumbo oriente de Tepito tenía un taller de troquelado. En su grupo figuró Gabriel Altamirano, primero en reducir los 5 minutos en los 400 m nado libre en estilo de mariposa; Salvador Ruiz de Chávez y otros, que fueron miembros de la selección olímpica del 68, Luis Ángel Acosta.

El Cavernas, al que la FMN le maquinó un engaño, lo envió a estudiar seis meses a EU y cuando regresó le canceló toda oportunidad de trabajo, era un gran motivador. El talento de Guillermo Echevarría le dio una fisonomía sideral a la natación de México. A los 16 años fue cuarto lugar del mundo en los 1,500 m con su 16.10.8 en Palo Alto, el 2 de agosto de 1964. Los ojos de México y de la alta natación internacional estaban puestos en él.

En el Nacional de Guadalajara y selectivo olímpico rompió 12 récords a su paso por 200, 400, 800 y 1,500. Con el prisma de esta época fue un error. Con algunas de las ideas que imperaban en el 60, para el experimentado Tonatiuh Gutiérrez, hombre de admirable resistencia, vencedor de la Capri Nápoles, al que conocí un 24 de julio de 1958, entrenador de Echevarría, fue lo correcto: llegar a Tokio un día antes de la competencia para que no lo afectase el cambio de horario. Los párpados de Guillermo eran telones nocturnos que se movían con el reloj de México. No calificó a la final. Amargo experimento. >

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