Expulsión vitalicia

Una vez que la jeringa penetra en la piel y la sustancia empieza a correr por la sangre o la pastilla se disuelve dentro del organismo, los efectos, en cuerpo y mente, corresponden exactamente a los de la sustancia. Después vendrán las interpretaciones médicas, ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Una vez que la jeringa penetra en la piel y la sustancia empieza a correr por la sangre o la pastilla se disuelve dentro del organismo, los efectos, en cuerpo y mente, corresponden exactamente a los de la sustancia. Después vendrán las interpretaciones médicas, químicas, éticas, filosóficas, deportivas, legales, periodísticas. Sólo que las interpretaciones son más resbalosas que el espejo de una pista de patinaje de hielo.

El profesionalismo y el dopaje desde siempre han cambiado el rostro de lo que era el deporte o lo que pretendió ser, una lucha limpia. Se han convertido en el quinto jinete del apocalipsis. Uno y otro apuntan hacia otros destinos de la competencia y del juego limpio: la victoria a ultranza y la trampa. Difícilmente se podrán erradicar; es imposible, la codicia, el poder y la vanidad son parte de la naturaleza humana.

Como el dopaje nunca podrá ser borrado de las competencias deportivas sólo resta endurecer más los castigos y extenderlos más allá de los cuatros años, y añadir, estipulándolo en las reglas del juego, la obligación de restituir económicamente a los deportistas que han dañado. Las autoridades deportivas internacionales, Comité Olímpico Internacional, Federaciones Internacionales, CONs, deben reflexionar detenidamente las recientes ideas de Alemania y Kenya en el sentido de que a los tramposos se les debe llevar tras los barrotes de la cárcel. ¡Por qué? Porque hoy son otros los paradigmas y objetivos de la competencia, los ganadores de Juegos Olímpicos reciben grandes beneficios económicos, por presentación y ese dinero se lo embolsa un tramposo, un usurpador.

Las sanciones por muy duras que sean jamás van a acabar con la trampa o el dopaje. La trampa como la violencia acompaña al hombre desde tiempos remotos, aún antes que empezara a erguirse.

El deporte olímpico está relacionado con dinero, con bolsas de cientos de miles de dólares. Es hartamente insatisfactorio que algunos deportistas, tras descubrirse tardíamente a un tramposo, se les restituya, después de cinco o diez años, la medalla que ganó con su esfuerzo.

¿Y los dineros, y los contratos que pudo ganar y recibir el atleta que actuó con limpieza?, ¡nadie se los restituye! Sobre el tramposo debe recaer el castigo económico, ser expulsado de por vida y borrar del cuadro de honor todos sus antecedentes deportivos. Es necesario modificar las reglas. Resulta inocuo y estéril aplicar sanciones cortas pues en algunos casos, se les brinda la oportunidad de competir de nuevo en JO.

Como el tramposo actúa con códigos muy diferentes a los que se aspira en la palestra olímpica y en la vida social, la sanción económica, expulsión de por vida y la cárcel, los llevará a pensar dos veces.

Habrá menos impostores.

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