Espectadores

Hay quienes se truenan los dedos, se lamentan, pero no actúan. No hay quien tome la iniciativa de investigar con responsabilidad. Señora, decía el maestro Alejandro Báez Graybelt, a su hijoa se le castiga no por los 20 años de conducta ejemplar, intachable, sino porque ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Hay quienes se truenan los dedos, se lamentan, pero no actúan. No hay quien tome la iniciativa de investigar con responsabilidad.

Señora, decía el maestro Alejandro Báez Graybelt, a su hijo(a) se le castiga no por los 20 años de conducta ejemplar, intachable, sino porque en este momento él acaba de infringir las reglas.

En los últimos días se presencia en el medio deportivo una especie de competencia solidaria moral, individual y de ciertas instituciones hacia la caminante Lupita González, plata en los JO de Río de Janeiro 2016, sobre la que pesa una sanción de cuatro años en los que no podrá participar en ningún certamen organizado con las reglas de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF): campeonatos nacionales, continentales, JO, Campeonatos Mundiales.

Cierta inconformidad se agita en el pequeño ámbito de la capital, se elevan voces de injusticia, lamentos, pero sin que nadie se atreva a dirigirse a la IAAF o a la Unidad de Integridad del Atletismo; ¡pura llamarada de petate! Como siempre sucede, nadie mueve un solo dedo con el fin de investigar cómo llegó la trembolona al cuerpo de la medallista olímpica. Si realmente creen que es inocente, entonces se debe averiguar con responsabilidad y tomar medidas a la altura para evitar que se repitan este tipo de situaciones. Porque lo del té de la abuelita o los tacos ya está muy gastado.

Abundan los ejemplos tontos y banales:

-Pero el diurético no le favorece en nada en su esfuerzo. Es una injusticia que se castigue.

-Sí, efectivamente, no favorece, pero está prohibido porque lava las sustancias prohibidas.

El nadador Rick Demont, de EU, preguntó al doctor de la delegación olímpica de su país si podía tomar un jarabe para el asma. Lo empleaba desde los cuatro años de edad. Lo autorizaron a seguir tomándolo.

En los JO de Munich 1972 ganó el oro en los 400 m nado libre. Unos minutos antes de celebrarse la prueba de los 1,500, de la que era favorito, le informaron que había dado positivo. Le impidieron competir. Fue sancionado. Pero el punto no quedó ahí: el doctor en jefe de los servicios médicos de la delegación de EU fue suspendido de por vida de tener cualquier tipo de contacto con el deporte.

Algo semejante debe hacerse en nuestro país.

Lupita rompió con el entrenador Juan Hernández; con la inercia del trabajo de éste ganó la plata en Río de Janeiro. Las autoridades deben investigar y no quedarse como simples espectadores. Si no fue ella, entonces analizar la conducta de las nuevas personas que la rodean; el entrenador, el doctor, la dietista.

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