El funeral de Patroclo
Homero, figura legendaria y huidiza, al que se le ubica en el siglo VIII a. C., refiere en La Ilíada acontecimientos del siglo XII o XIII. El historiador literario Francesco de Sanctis lo considera poeta genial, porque con sus poemas dio a los griegos el sentimiento ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Homero, figura legendaria y huidiza, al que se le ubica en el siglo VIII a. C., refiere en La Ilíada acontecimientos del siglo XII o XIII. El historiador literario Francesco de Sanctis lo considera poeta genial, porque con sus poemas dio a los griegos el sentimiento nacional a un pueblo que jamás realizó una verdadera unidad política. En la rapsodia XXIII de La Ilíada deja el testimonio de las fiestas fúnebres. El héroe Aquiles, el de los pies ligeros, a la muerte de su amigo Patroclo celebra los funerales con el ritual de degollar animales y organiza torneos de fuerza y destreza y carrera con premios para los vencedores. En ese episodio, Aquiles aniquila con el bronce a doce hijos de troyanos ilustres. El escritor y filósofo mexicano don Alfonso Reyes expresa que se trata del único caso de sacrificio humano mortal que se conoce en La Ilíada.
Esa relación enlazaba cuatro polos: vida, muerte, religión y competencias. Previa la incineración del cadáver de Patroclo, los griegos que sitiaban Illión, la ciudad del Sol o Troya, degollaron bueyes blancos, ovejas, cabras, puercos, a los que asaban y comían como parte de las honras fúnebres.
En el canto XVI, Patroclo le solicita a Aquiles que le preste su armadura para repeler a los troyanos que se aproximan y amenazan incendiar y destruir “las cóncavas naves”. Aquiles, que se había negado a combatir porque el rey Agamenón lo despojó de la esclava Briseida, aún con el magma de la cólera corriendo por su corazón, accede, le presta su armadura, pero le advierte a Patroclo que no se aproxime a los muros de Illión. Patroclo causa el terror, pero desobedece las palabras del pelida y es muerto por Héctor, auxiliado por el dios Apolo.
Los griegos de la antigüedad descubrieron la enorme dificultad de conquistar la victoria tanto en la guerra como en las competencias atléticas. En sus leyendas hicieron intervenir a los dioses que podían influir en el destino de la lucha. Aquiles convoca a los mejores guerreros a competir en pruebas de aurigas, carreras de carrozas tiradas por caballos y yeguas, pugilato, lucha, carrera atlética, jabalina, bola de hierro, arquería. Pero antes presenta los premios que se entregarán a los vencedores.
Para los aurigas, primer lugar: una mujer diestra en primorosas labores, un trípode con asas de 22 medidas. 2º. Yegua de seis años, preñada por un asno. 3º. Hermosa caldera que no ha sido puesta al fuego. 4º. Dos talentos de oro. 5º. Un vaso con dos asas que la llama no ha tocado.
Estos rituales o festivales religiosos agonales crearon una atmósfera propicia para el nacimiento de los Juegos Olímpicos de la antigüedad. Los griegos sentían predilección por la competencia, ya fuese en el arte, en el conocimiento, en la habilidad, la fuerza física, el valor, la inteligencia.