De los mares al espacio sideral
En la imaginación y la realidad, la audacia es el signo que acompaña en sus viajes al hombre. Odiseo, Magallanes, Armstrong. Hace unos días se cumplieron 50 años del asombroso viaje a la Luna que arrobó a millones de televidentes. El próximo sábado 10 de agosto, pero ...

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
En la imaginación y la realidad, la audacia es el signo que acompaña en sus viajes al hombre. Odiseo, Magallanes, Armstrong. Hace unos días se cumplieron 50 años del asombroso viaje a la Luna que arrobó a millones de televidentes. El próximo sábado 10 de agosto, pero de hace 500 años, en 1519, cinco naves capitaneadas por Fernando de Magallanes salían de Sevilla deslizando en los suaves meandros del Guadalquivir. Dos acontecimientos trascendentales, tan diferentes y con tanta analogía en la historia de la humanidad, que cambiaron la concepción de nuestro mundo en lo geográfico, en lo político, en lo religioso, en lo económico, en lo científico, en lo tecnológico. La audacia y la aventura por encima del valor de la vida con estimulante influencia en las actividades del hombre.
Dos sucesos diferentes. Magallanes viajó hacia lo desconocido con brújulas sin precisión, sin tener idea de la inmensidad del planeta ni de la ingente distancia que había del estrecho que hoy lleva su nombre y que descubrió en forma casi fortuita, hacia Las Molucas y las Filipinas, y con una improvisada tripulación formada por pescadores y marineros que se transformó, con grandes agobios, en descubridores y conquistadores.
El Apollo 11, con Neil Armstrong, contó con el soporte científico y tecnológico de decenas de físicos, matemáticos, entre los que figuró el inteligente nazi Wernher von Braun, diseñador de la famosa V-2 con la que Hitler bombardeó Londres. Se poseía el conocimiento científico de tiempo y distancia, trayectoria, combustible, dirección. En aquella empresa había incertidumbre en ésta la certeza. En ambas, naturalmente, riesgo mortal. Más en aquélla: de 265 osados marineros, regresaron 18 tripulantes conducidos por Juan Sebastián Elcano. Tocaron tierra en Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522, en condiciones físicas lamentables, desnutridos y haciendo esfuerzos por sostenerse de pie. Habían recorrido más de 40 mil kilómetros en poco más de tres años. Armstrong, Aldrin y Collins viajaron por el espacio sideral poco más de 760,000 km en poco menos de ocho días; seguidos por científicos de todo el planeta. En lo de Magallanes, que falleció en la isla de Mactán, Filipinas, durante un combate, con el motivo de curiosidad y aventura habían otros, conquista, lucro, religiosidad: llegar a las islas de las Especias, Las Molucas, y llevar a Europa por mar pimienta, clavo, canela, nuez moscada; un gramo de pimienta valía igual que un gramo de plata. Con Armstrong, la demostración de adelanto científico, tecnológico y la superioridad política, bélica y económica de EU sobre Rusia en la carrera espacial. Las hazañas de Magallanes, Colón, Vasco de Gama estimularon el espíritu de lucha y audacia, la misma madera de que está hecho el deporte.