Destino inevitable: un negocio suntuario

El hombre no es un compuesto de dos partes: cuerpo y alma; hay tres: el cuerpo, el espíritu y el carácter. El espíritu no forma el carácter; éste se modela por el cuerpo. He aquí lo que los antiguos sabían, y lo que a duras penas nosotros estamos volviendo a ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

El hombre no es un compuesto de dos partes: cuerpo y alma; hay tres: el cuerpo, el espíritu y el carácter. El espíritu no forma el carácter; éste se modela por el cuerpo. He aquí lo que los antiguos sabían, y lo que a duras penas nosotros estamos volviendo a aprender.

                       Pierre de Coubertin

La cosa no es tan sencilla. Es como si viviésemos en el delírium trémens que produce la embriaguez de masificar el deporte. Más de 60 años sobre la misma idea, sin poder distinguir la cultura física del deporte y nutriéndonos con la falaz idea de que, de la cantidad, va a surgir, a brotar, la calidad, como por encanto, como maná caído del cielo.

No hay entrenadores, no existe detección de talentos que no sea por el sistema empírico de elegir a los cinco o los primeros diez lugares de tal o cual prueba; no hay aplicación de la ciencia al deporte.

Tomamos una líneas del Diario Oficial de la Federación: México tiene más de 112 millones de habitantes. Ocupa el lugar 11 en el mundo. Con un Producto Interno Bruto elevado, es la 14 potencia económica mundial. México ocupó el sitio 39 en los Juegos Olímpicos de Londres. En los 38 países que lo superaron hay 13 que están debajo de aquellos rubros. Según el INEGI, 56.2% de los mexicanos de 18 y más años son inactivos físicamente. En 2013, Conade recibió para el programa “Ponte al 100” 181 millones de pesos, lo que equivale a 1.61 pesos por habitantes.

Con esos elementos, se concluye en el DOF que los resultados no son proporcionales a la densidad demográfica y a la dimensión del país. Y que si se toma “como referencia el Índice de Desarrollo Humano ubicado en el programa de Naciones Unidas para el Desarrollo, México debería estar y podría estar mejor situado en el listado de potencias deportivas mundiales”.

Se señalan deficiencias conocidas: no existen ligas deportivas escolares, se carece de programas de aptitud física, faltan hábitos de práctica deportiva.

Por otra parte, existe el proyecto de construir 32 centros deportivos de alto rendimiento, con un costo, cada uno, de 50 millones de pesos, dentro de un gigantesco proyecto. El argentino Jorge Valdano fue contratado para dirigirlo. Esta función le corresponde a Conade; que no la desarrolle refleja incapacidad y falta de confianza del gobierno.

En la masificación del deporte hay una idea cruel y demagógica. El sueldo mínimo es de 60 pesos. En una fonda modesta de un mercado popular, un desayuno, un par de huevos a la mexicana y un café y pan tiene un costo cercano a los 40 pesos. El promedio de transporte de un obrero es de 10 a 12 pesos. Le restan ocho pesos para el pago de habitación, luz, ropa, escuela, útiles escolares, cine, un paseo, ¿y la comida y la cena?

El programa “Ponte al 100” resultó un fracaso porque en el país hay necesidades más importantes que crear hábitos sanos de cultura física en la población. Ni la masificación ni la construcción de infraestructura representan una solución. La masividad es necesaria para fines de salud, no para la obtención de medallas.

Caminamos en una dirección equivocada. El alto rendimiento y las medallas no tienen relación con la masificación. En Oregon, Alberto Salazar, con no más de nueve atletas, ha creado medallistas olímpicos y notables atletas de elite. David Salo, etcétera.

No es el dinero, sino la capacidad humana lo que hace realidad los proyectos. No tenemos gente preparada. Lo que se vislumbra con los 32 o 33 C de AR en cada estado es un destino inevitable: negocio suntuario y un fracaso. ¿Planes, estrategias, objetivos?

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