G. Dibaba asombra y, ¡podría hacerlo mejor!

Cuando se conoce la idea de la magnitud asombra que se dibuje un récord mundial, bajo techo, en 3,000 metros planos en 8:16.60 sobre todo cuando se tiene presente que el RM de 1,000 metros al aire libre es aproximado al 2:30 y que ayer la etíope Genzebe Dibaba, de 22 ...

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Cuando se conoce la idea de la magnitud asombra que se dibuje un récord mundial, bajo techo, en 3,000 metros planos en 8:16.60 sobre todo cuando se tiene presente que el RM de 1,000 metros al aire libre es aproximado al 2:30 y que ayer la etíope Genzebe Dibaba, de 22 años, corrió tres miles continuos en 2:45, 2:45 y 2:45. Lo hizo en la pista de Estocolmo.

Sólo dos mujeres han cruzado los 2:30 en los 1000 metros, la rusa Svetlana Masterkova 2:28.98 y la célebre mozambiqueña María Mutola, 2:29.34 en la misma pista de Bruselas en 1996 y en 1995.

     Se convierte oficialmente en la cuarta mujer más rápida de todos los tiempos.

En los libros de la Federación Internacional de Asociaciones de Atletismo hay tres atletas del periodo mágico, dorado, de Ma Junren que con hongos de gusano fermentados, pelos de víbora, patas de rana, alas de vampiro atrapados al salir de sus cuevas en días de Luna llena y un poco de gingseng y de té verde, encaramó a China al primer plano con los esfuerzos de Wang Junxia (8:06.11), Qu Yunxia (8:12.18) y Zhang Linli (8:16.50).

Todo aquel periodo de 1993 con el Mundial de Stuttgart en que las chinas rompían en la pista las agujas del reloj y nueces con tan sólo cerrar los párpados. Eran más que fuertes, poderosísimas. Después, incluso las autoridades deportivas de China se dieron cuenta de que el brebaje contenía más sustancias que las que preconizaba Ma Junren.

Genzebe Dibaba, hermana Tirunesh, la doble campeona olímpica de 5 y 10 mil metros en los Juegos de Beijing, y poseedora de la plusmarca mundial de cinco en 14:11.15, redondea en seis días una de las actuaciones más ilustres del atletismo. El sábado anterior batió la plusmarca mundial bajo techo en Karlsruhe, Alemania, en 1,500 metros en 3:55.17. La anterior marca le pertenecía a Yelena Soboleva, Rusia, en 3:58.28 desde 2006.

La joven atleta etíope empleó marcapasos, pacemakers, liebres, conejos que la guiaron a llevar un ritmo fuerte. Las liebres están prohibidas en Juegos Olímpicos, por muchas razones. Sólo citemos dos puntos. Se popularizaron a raíz de que el doctor Roger Bannister, aquel 6 de mayo de 1954, rompió el muro de los cuatro minutos en la milla; empleó como pacemakers a Chris Brasher y a Chris Chataway.

El marcapaso es un punto de referencia importantísimo. Tarea modesta y valiosa: ¡es capaz de llevar a su líder a la victoria! El punto de referencia es vital. En 2007 en Osaka, la mexicana Ana Gabriela Guevara corrió en el carril 8 y sin punto de referencia no alcanzó sus aspiraciones. En la Copa Mundial de Dusserdolf, Alemania, el bicampeón olímpico Alberto Juantorena Danger El Caballo, al correr por la elipse exterior, sin punto de referencia, ¡a quién perseguir, qué paso imprimir —en los 400 m hay estrategia—, se desorientó y se detuvo antes de cumplirse los 100 m. Me tocó presenciar la prueba y, hay otros datos que en otra ocasión les platicaré. El cubano había roto el récord mundial de 800 m en Sofia, Bulgaria.

Aparte de las liebres, Genzebe Dibaba corrió con sentido del ritmo en forma extraordinaria. Su actuación ocurrió en lo que se conoce la expresión de parciales negativos que significa graduar el esfuerzo, dosificarlo y correr la segunda mitad más rápido que la primera.

Señaló 4:11.90 en los primeros 1,500 m y 4:04:70 en los segundos y total de 8:16.60. Significa que, potencialmente, puede hacerlo aún mejor.

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