Injusticia al infinito...

No es la primera vez que descalifican a una figura estelar.

Arturo Xicoténcatl

Arturo Xicoténcatl

El espejo de tinta

Es relativamente frecuente escuchar el sarcasmo y la burla sobre quienes fallan o no logran alcanzar el objetivo deportivo. Basta observar lo que ocurre en un lugar público alrededor de una televisión en un partido de futbol. Casi es una costumbre que analfabetas del deporte arrojen sapos, culebras y renacuajos sobre la acción fallida del jugador. El futbol es muy sencillo de jugar pero cuán difícil de ejecutar. La física y la geometría lo pueden explicar con claridad. Y este desprecio ocurre tanto en los aficionados como en algunos profesionales del deporte y de los medios de comunicación, y corre al parejo del sentimentalismo el manido vocablo injusticia.

“Es injusto que hayan descalificado a Usain Bolt”, oímos de boca de Ana Gabriela Guevara, la mejor atleta de México de todos los tiempos, sin discusión, si fundamentamos esta expresión en el grado de dificultad que hay entre los deportes de marca con los de apreciación.

¿Pero qué debemos entender por injusto? La regla es perfectamente conocida, entonces, a fin de que no haya “injusticia” se le debe permitir a Bolt, el doble plusmarquista mundial, que viole la regla, ¿que se le dé una segunda oportunidad por encima de lo que estipula el reglamento, con una visión política muy a la mexicana? ¿Por qué tenemos esa acendrada costumbre de mostrarnos reacios a la aplicación de las reglas?

No es la primera vez que descalifican a una figura estelar. En los JO de Atlanta la descalificación ocurría en la segunda salida individual en falso. El campeón Linford Christie, de uniforme azul y blanco, hizo no una sino dos salidas en falso y fue descalificado. De hecho al trinitario Ato Boldon lo amonestaron con tarjeta amarilla por un arranque en falso, segunda en orden cronológico tras la primera de Christie. Esa prueba de 100 m que ganó el bocazas Donovan Bailey, de Canadá, con récord mundial, tuvo cuatro salidas.

En atletismo, en natación, en la mayoría de los deportes, la televisión y las Federaciones Internacionales han comprimido el tiempo y ajustado las reglas con el fin de dar el dinamismo requerido y satisfacer las demandas de la modernidad. (El pentatlón moderno con el fin de no salir de los JO redujo su programa de cinco a dos días, y la carrera se combina con el tiro.)

Los cambios de reglas son analizados y estudiados detenidamente por expertos en la materia, por personas conocedoras, responsables.

En Daegu ha pasado inadvertida la descalificación por salida en falso de la inglesa Christine Ohuruogu, campeona olímpica de los 400 m planos en los Juegos de Beijing, campeona mundial en Osaka. La inglesa no tiene el imán ni representa el espectáculo que puede ofrecer Usain Bolt. Atrás de esto hay otra candidez: probablemente hay quienes vean en Bolt la posibilidad potencial de un récord mundial. Y sobre esta ilusión desean cambio conforme a la mudanza de ánimo.

Las descalificaciones responden al espíritu del deporte: respeto a las reglas. Y hay que saber aceptarlas con alteza.

En la final de 110 m con vallas descalifican al cubano Dayron Robles tras hacer contacto con el chino Xiang Liu justo cuando éste va en primer lugar. Sea la falla del atleta voluntaria o involuntaria la regla se aplica. Punto.

¡Cámbien las reglas, no las acepten y así hasta el infinito!

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