Más allá del futbol
Quienes estuvieron en el nuevo estadio Corona podrán contar con orgullo las muestras de civilidad ofrecidas.
Sería egoísta indignarse con lo sucedió el sábado en la casa de Santos por tratarse meramente de un asunto futbolero, de hecho sería estúpido, ignorante e insultante para todos aquellos mexicanos que viven diariamente aterrorizados y que han sido víctimas de la delincuencia. Claro que no es señalar el acto por tratarse de un deporte ignorando las casi cien muertes que dejaron el fin de semana, sólo que esto va contaminando lugares que estaban libres de ello; que representan, aún, el espacio ideal para la distracción, relajación y esparcimiento familiar, porque es uno de los pocos espacios que nos quedan. Porque era nuestra “propiedad privada”, donde indudablemente se tienen registros de violencia, desmanes, etcétera, pero nada como esto. Por supuesto no olvidamos lo sucedido en Irapuato.
Y lamentablemente no es un asunto que quede en manos de quienes dirigen el futbol. Federación Mexicana y sus afiliados podrán sumar voluntades, ideas y compartir experiencias para estar lo mejor preparados para este tipo de eventualidades.
Claro está que los presupuestos destinados para la seguridad de los estadios deberán sufrir un incremento notorio, que abarque gente más preparada, número de elementos y la utilización de los fierros que la tecnología pone a nuestro alcance. Es obvio (y nadie en su sano juicio debe exigirlo), que en la Federación no encontrarán soluciones que el propio gobierno tiene extraviadas (y sin meterme en temas fuera de dominio, no se necesita ser experto para opinar de un tema que nos afecta y lastima a todos).
Quedan las imágenes que recordaremos siempre, pero dejando de lado el terror y la angustia, queda la reflexión sobre la gente que estuvo en el estadio y no necesita que le cuenten ninguna historia al respecto, porque vivieron la propia y cada uno en su dimensión, e indudablemente podrán contar con orgullo las muestras de civilidad ofrecidas en momentos tan complicados. El aplauso es para ellos, porque gracias a la cordura exhibida desde hace tiempo en esa plaza, pudo tomarse la decisión de no colocar la malla que separa la tribuna de la cancha, y que gracias a esto, se evitó una gran tragedia. Y que vaya el reconocimiento a la directiva lagunera por el manejo de la situación.
Establecer que no fue un ataque directo al futbol, no nos tranquiliza en nada.
