Cassandro, un grito al respeto; ‘no tenemos por qué suicidarnos’
Saúl Arméndariz muestra una faceta diferente tras varios abusos físicos, verbales, emocionales… Ahora, ha encontrado la sanación y cuenta por qué las personas ya no se deben de cortar las venas, los momentos que pasó en la cárcel, qué hace con las personas tóxicas, la fama y el dinero cómo lo cambió, el glamour y le da un mensaje a las nuevas generaciones
CIUDAD DE MÉXICO.
Una parte de una vida de abusos físicos, verbales, emocionales, textuales. Una persona que se volvió un adicto y alcohólico, todo por pertenecer a un grupo elite de la lucha libre. Episodios en que la muerte rodeó sus pensamientos porque en ocasiones sentía que su vida ya no tenía sentido. Encontró la sanación y recuperación, y ahora Cassandro muestra una faceta diferente, un Saúl Arméndariz más fortalecido, con ganas de ayudar a los demás, donde destaca que el mejor regalo de Dios ha sido ser gay.
Mi mejor regalo que he recibido de Dios es ser gay, por algo me escogió él a mí, por algo tuve que pasar lo que tuve pasar. Hoy ya no soy víctima, ya he sanado mucho de mis cosas y el camino de la sanación pues nunca se tarda, siempre hay cosas que hacer, que aprender y cosas que enseñar. Como caminante de la tradición mexicana, en la danza azteca he aprendido mucho. Ya no puedes estar en el mismo drama, en el mismo canal, en la misma sintonía de mucha de la gente que se quiere quedar estancada abajo de ti”, dice el gladiador de 50 años en entrevista a Excélsior.

La sanación y recuperación, primero a Saúl y después a Cassandro, la encontró en Narcóticos Anónimos y le ha dado una mejor perspectiva de vida porque empezó a trabajar en todos sus problemas desde la infancia y, ahora, tiene un mensaje claro.
“Ojalá que todo niño o adulto, o toda persona pueda hallar su identidad, pueda apapachar su identidad, pueda volar con libertad y también cómo lidiar con los mata pasiones, con la gente que no nos quiere. Eso yo los mato con amor y porque hoy no voy a usar mi boca como arma, la boca es como una pistola, la boca te puede matar, te daña. O sea, mucha gente, esa es el arma número uno de la gente. Mi arma número uno es el amor, el corazón”, dijo el luchador de nacionalidad mexicana y estadunidense.
‘YA NO TENEMOS POR QUÉ MATARNOS, CORTARNOS LAS VENAS’
Además de los encordados, también es activista de la comunidad LGBTQ. Afirma que siempre hay una solución a los problemas y en la actualidad no deben de existir motivos para tomar decisiones trágicas, como la muerte.
“No tienes que quedarte estancado, no tienes que caer enfermo, no tienes que caer en adicciones, del exceso de la comida, del sexo, de la droga, del alcohol, de ir a gastarte lo que no tienes. Ya estamos en el 2020, ya no tenemos por qué suicidarnos, por qué matarnos, por qué cortarnos las venas, ya no tenemos por qué meternos el dedo en la boca para caer en la anorexia… Lo que intento hacer, que la gente mejor se enfoque en la solución, en la recuperación hay mucha sanación”, reitera.
Ante la pandemia del covid-19 que se vive en el mundo, considera que es tiempo de reflexionar, “de valorizar, para perdonar, para reconciliar, para seguir creciendo, para seguir caminando tu camino y valorar a tu familia, a tu gente, a tu alrededor, valorarte tú, apapacharte tú, cuidarte tú, porque la persona siempre más importante eres tú”.
‘LA CÁRCEL NO ERA PARA MÍ, ES HORRIBLE ESTAR AHÍ’
Saúl Arméndariz vivió en carne propia el desprecio de las autoridades por ser como es. En la década de los 90, una redada contra homosexuales en Ciudad Juárez lo dejó bañado en sangre porque trató de defender su identidad y sus derechos.
“Ya era luchador, pero me juntaba mucho con mis amigos los travestis. Me encanta ir a ver el travesti-show. Entonces era el cumpleaños de mi amiga Christian, estábamos festejando y llegaron los policías. Empezaron una redada contra los homosexuales y empezaron a bajar a todos mis amigos que estaban en la fiesta y los empezaron a golpear. Luego, luego, a mí, uno de los supervisores me hizo a un lado y me dice ‘Cassandro, hazte para acá, no te metas’, porque me conocían como gente pública, pero al ver que estaban golpeando a mis amigos no me iba a quedar ahí parado. Entonces empecé a golpear a policías y pues nos agarraron, nos metieron a la cárcel en Ciudad Juárez. Fue la experiencia más horrible que he vivido en mi vida. Era una celda donde habíamos como 25-30 gays y era una celda súper chiquita y luego recibimos muchos golpes de los policías. Esa fue la primera vez que caí en la cárcel”, recordó, estando en el lugar por un lapso de 18 días aproximadamente.
Una segunda ocasión tras las rejas se dio en Estados Unidos por posesión de drogas.
“Luego aquí en EU, me agarraron con menos dos gramos, qué era, de mariguana, un poco de mariguana y yo iba a Juárez a una fiesta y me agarraron y me metieron a la cárcel. De ahí me di cuenta que tenía otro problema legal, duré 18 días en esa cárcel y luego me pasaron a la más grande”, dijo, al momento que admitió que esos episodios tuvieron que ver por la droga, el alcohol, la fiesta.
“Entonces, si no estoy dispuesto a pagar las consecuencias, no voy a estar dispuesto a cometerlas porque me di cuenta que la cárcel no era para mí, es horrible estar ahí, es horrible estar en ese lugar y así fue lo que pasó, por defender quiénes somos. Y luego por la droga porque en la droga yo me escondía todo, era donde yo tapaba todos mis sentimientos”, señaló.

MACHISMO EN TODAS PARTES
Para algunas personas, Cassandro es un superhéroe e ídolo, pero él deja claro que también es humano, que llora, que pasa problemas… En los viajes que ha tenido por diferentes países, descarta que México sólo sea un país machista.
“En todos lados. Yo viajo por el mundo y siempre dicen que México es un país machista. Eso es mentira, en todos lados que voy experimento el machismo”, señaló.
‘NO DEJO QUE LAS AMISTADES TÓXICAS RENTEN ESPACIO’
Cassandro empezó a entrenar a los 16 años y a luchar (en la periferia y como amateur) un año después. Su carrera profesional la inició el 15 de octubre de 1988, a los 18 años. En estos casi 32 años como luchador ha vivido varias circunstancias en el entorno de los encordados, como el de las traiciones de compañeros.
“Tuve una recaída hace como cuatro años y la gente se fue, la gente se me desapareció y dije ‘órale’. Me acordé de unas sabias palabras que dicen: ‘vas a terminar decepcionado si piensas que harán por ti lo mismo que haces por ellos’. No tienen el mismo corazón que yo. Entonces ellos dan lo mejor que ellos tienen, entonces su capacidad no les da para ser más amorosos”.
“Llevé a pasear muchos por todo el mundo, los llevaba a pasear a todos lados y bueno, así es, entonces ya empiezas a aprender a sobrellevar las amistades tóxicas porque también no dejo que las amistades tóxicas, negativas, renten espacio en mi cabeza. Les subo la renta y les digo ‘váyanse a la jodida’, porque sí hay mucha gente tóxica, mucha gente negativa que les encanta hacerle así y no quieren ni cambiar. Le digo ‘oye güey, neta por qué no cambias’ y no quieren y es trabajo. Mucha gente ni lo quiere hacer ni quiere hacerlo.
Tengo a compañeros que les he ayudado infinidad de veces, que los he llevado al estrellato, que por alguna forma mi carrera los arropó mi vida personal y ellos no son lo mismo por eso, ellos lo saben y es donde yo les doy, en su ego porque eso no se vale. Cuando debes de ser amigo, es un camino de dos, una amistad de ida y vuelta. Entonces tuve que aprender a perdonar a alguien que ni quería perdonar, pero así es la vida”, agrega.

‘PAGUÉ EL PRECIO DE LA FAMA Y EL DINERO’
Debutó enmascarado, bajo el nombre de Mr. Romano. A los seis meses se quitó la tapa porque querían un exótico. Estaba la novela de Rosa Salvaje y le pusieron Rosa Salvaje en 1988. No le gustó el nombre tampoco. Rey Misterio señor fue uno de sus maestros y el que lo llevó a su primera gira en Tijuana, lugar donde surgió el nombre de Cassandro.
Admite que la fama y el dinero hacen mucho daño, más cuando se tiene una vida de enseñanzas. Asimismo, acepta que en la lucha libre les faltaron maestros que les enseñaran a cómo cuidar su dinero.
“Nosotros como mexicanos todo ‘ahí se va’, arriba del ring sale todo, sale el dinero, vives al día. Todos los días ganábamos dinero, todos los días gastabas tu dinero. Y luego, pues se te sube mucho.
Cuando yo viví en el DF (ahora CDMX), teníamos una casa súper grande, bonita, en Churubusco, tenía siempre un chófer ahí en la puerta, tenía la señora que nos ayudaba la casa, que nos lavaba la ropa. Entonces esos son poquitos lujos que te puedes dar, pero también te pueden hacer excesos. En el modo de dar o de pedir, está el dar.
El dinero y la fama es como una seguridad, es como una protección. Te da, te expone a algo mucho más fuera de lo que eres y yo pagué el precio de la fama y el dinero. A todos se nos llega a subir a su debido momento y pues también los mismos compañeros de la misma vida, se encargan de que ‘sabes qué charro, bájate de ahí porque andas volando muy alto y te vas a caer’”, recuerda el gladiador que ha tenido el honor de luchar por dos días seguidos en el Museo de Louvre de París y que ningún luchador lo ha hecho, después del Hijo del Santo y él.
‘LES ENCANTA QUE TRAIGA EL GLAMOUR’
A lo largo de estos años, el carisma que tiene en el cuadrilátero es único, arena que pisa es aclamado, vitoreado. El público lo ha cobijado porque aparte del glamour, sobre todo es un buen luchador.
“Soy un buen luchador, más que nada esa es mi prioridad. Todo lo que me ha pasado y todo lo que me está pasando es por mi lucha libre. Y todo es porque arriba del ring, demuestro que soy un buen luchador. No cualquiera tiene esa escuela, esa conexión con el público. Apenas puedo subir un video y la gente ya está ‘Cassandro, cassandro’, o sea tengo una conexión muy chingona con la gente y la gente te ama, te hace y deshace”. Ellos me aplauden porque soy tan acrobáta, tan aventado y otra cosa, les encanta que yo traiga el glamour. Por eso me pusieron el Liberace de la lucha libre.
Mis dos minutos del vestidor al ring, esos son mis dos minutos de fama, así en mi dualidad de femenina con mi maquillaje, vestuario, oliendo a Versace y con mis equipos… Eso pasa a segundo plato porque cuando me subo al ring, ya me entra lo macho, me entra el otro yo y la gente sabe que soy un talentosísimo luchador. Mientras tú le des a la gente lo que pida, está contenta. Yo doy la vida, así haya 10 personas o haya 10 mil, cien mil personas, dejo la vida arriba del ring y eso es lo que la gente me aplaude”, rememora el excampeón mundial de peso ligero de la UWA, que significó su primer título y lo ganó un 29 de noviembre de 1992.

‘HE LLORADO Y HE SANGRADO MUCHO’
El también ganador del cinturón welter de la NWA, que lo ganó a Dr. Cerebro en Londres, quisiera que lo recordaran por lo que ha hecho y porque ha abierto camino para muchos gladiadores.
“He sentido mucho, he visto mucho, he llorado mucho, he sangrado mucho, he estado abajo en el piso mucho. Entonces la gente ve tus caídas, pero también ve tus levantadas. La gente sabe la garra que tienes como humano, las ganas de vivir que le inyectas a la gente. No esa parte del drama o de la crítica. Siento que he cambiado la perspectiva de muchos luchadores y de las empresas.
Las empresas conmigo no hicieron lo que pudieron hacer con otros, volé independientemente hace muchos años porque no quiero ser esclavo de ninguna empresa, pero les agradezco a las empresas que me han dado trabajo, pero ese es mi caminar. Hoy en día te puedo decir que tenemos hasta transgéneros y es un orgullo que me da”, señaló.
“ESTA NO ES UNA CASA DE CITAS”
Cassandro no se imaginó el camino recorrido que iba a tener y les da un mensaje a las nuevas generaciones de luchadores exóticos.
“Que se enfoquen más en lo que es la lucha libre, esto no es una casa de citas, no es un club, donde vienes a ver a quién agarras y a quién no. Creo que aquí se ha perdido la esencia de la lucha libre, aquí se preocupan más por qué tanta nalga van a enseñar o qué tanto se van a estar luciendo arriba del ring con el cuerpo en vez de enseñarnos por qué están arriba del ring.
Les doy un punch cada vez que pueda, ‘ponte a luchar cabrón, ponte a luchar, me vale gorro como te vistas, te ves bonito, pero enséñame por qué estás arriba del ring’. Como le invierto mucho a mi vestimenta, ahora ya todos los luchadores tienen que invertirle a su vestimenta, nadie se quiere quedar atrás, por eso me dicen la ‘mamá de los pollitos o la mamá lucha’”, mencionó.
Saúl Arméndariz vive actualmente en El Paso, Texas, Estados Unidos, lugar donde “lo que peleo mucho es por todos los niños que están en la calle. Vivo en la frontera, entre El Paso y Ciudad Juárez, es horrible estar viviendo en una frontera y viendo muchas cosas que pasan. Es por eso que me entran más mis ganas de ser el activista que quiero ser también”.
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