Colorido y contrastante desfile de naciones en Río 2016
Una larga pasarela de atletas presenta a los protagonistas de la justa olímpica entre notables diferencias
RÍO DE JANEIRO.
El desfile de naciones fue un acto de presuntuosidad de las potencias deportivas en el ámbito mundial, y el escenario para mostrar un México que le sobró elegancia en los uniformes al romper con la identidad de los últimos Juegos.
En las carencias de la noche también se contó a Usain Bolt, el mejor corredor que ha tenido la humanidad y que, horas antes de la ceremonia, anunció que no iría con una delegación de Jamaica que puso el lábaro patrio en manos de Shelly-Ann Fraser-Pryce, que busca este invierno brasileño su tercera corona en fila en 100 metros.
La figura de la pasarela fue Michael Phelps, máximo ganador de medallas en la historia olímpica (22) y quien acudió a su primera ceremonia inaugural como abanderado de Estados Unidos, candidato al primer lugar del medallero.
Argentina presento a su estrella NBA, Lusi Scola, y España al tenista Rafael Nadal. Por México salió Daniela Campuzano, primera ciclista de montaña en calificar a unos Juegos Olímpicos; aunque lejos del podio como había acostumbrado presentar el país en los últimos 20 años. Los rusos, en medio del dopaje, transitaron con discreción.

Foto: Reuters
El grupo de refugiados se llevó la ovación más grande de la noche, y también el reconocimiento de Thomas Bach, presidente del Comité Olímpico Internacional (COI), a que ellos sean la esperanza de los millones de desplazados en el mundo.
Brasil fue el país más vitoreado, con destacados reconocimientos para Portugal, Cuba, Francia, México e Italia; abucheos ligeros para los argentinos y también para Michel Temer, presidente de Brasil, al declarar inaugurados los Juegos.
El presidente del Comité Organizador, Carlos Nuzman, pronunció su discurso con emotividad al asegurar que la ciudad está lista "para hacer historia" y que durante los siete años que trabajaron para ser sede "nunca nos detuvimos", lo que le generó la ovación de la catedral brasileña del fútbol convertida ayer en estadio olímpico.
La ceremonia se prolongó más allá de las cuatro horas debido al desfile de naciones que nuevamente permitió a cada delegación elegir cuantos representantes llevaba para congregarse en el centro de lampista y ver el encendido de un pebetero que ya hoy amanece en el centro de la ciudad de Río, en lo que son los primeros Juegos Olímpicos en los que el fuego no arde en el estadio de atletismo.
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