'Y mientras la gente me la siga mentando, yo sigo arbitrando': Jaime Herrrera
Renunció al arbitraje mexicano para seguir el sueño de pitar en otro país. Tocó puertas en Alemania, Suecia, Australia, Inglaterra y Holanda antes de pisar territorio estadunidense. El miércoles se convirtió en el primer silbante mexicano en la MLS
CIUDAD DE MÉXICO.
Hace cinco años que Jaime Herrera Garduño renunció como árbitro de la Federación Mexicana de Futbol, con gafete internacional. No estaba de acuerdo con el camino recorrido en el arbitraje y tampoco con la inseguridad del país y su corrupción. Así que decidió hacer maletas y tocar puertas en distintos países: Alemania, Suecia, Australia, Inglaterra y Holanda. La vida lo puso en la Mayor League Soccer, rentar un departamento en Nueva Jersey y volver a picar piedra. Había que comenzar como asistente de árbitro en partidos infantiles, lejos del hogar y con un idioma diferente. A sus 39 años, tras cinco años de sacrificio y críticas, le llegó la anhelada oportunidad. Fue el pasado miércoles cuando el chilango hombre de negro se convirtió en el primer árbitro mexicano en pitar un encuentro en la MLS. San José Earthquakes derrotó al Houston Dynamo por 3-1 y Jaime Herrera mostró su primera tarjeta roja (al portero visitante llamado Tyler Deric).
Jaime está acostumbrado a ser un silbante bilingüe, en un terreno donde hay cuartos árbitros de Gambia, Persia, Canadá, Brasil, Polonia, Ucrania y la India. La Primera División es ocupada por silbantes centrales estadunidenses, canadienses, así como un persa y un polaco. Y, desde el pasado miércoles “el único árbitro mexicano en la MLS soy yo”.
Muchos años para tomar esta oportunidad.
No es fácil empezar una vida a los 39 años en otro país, con otro idioma, cultura y organización. Me tomó varios años, pero valió la pena.
Debutó con una tarjeta roja.
Fue al portero Tyler Deric del Houston Dynamo. Me respetaron los jugadores. Ahí estaba el Cubo Torres, nos conocemos desde México. Al término del partido nos saludamos.
¿Qué diferencia encontró?
El de la MLS es un futbol más físico y rápido. Acá tienes que ser un árbitro bilingüe, hablar en español con los latinos e inglés con estadunidenses, canadienses y europeos.
En su Twitter puso: “Y mientras la gente me la siga mentando, yo seguiré arbitrando”.
En cualquier lugar del mundo recibes insultos, es parte de la profesión. No hay porras ni aficionados que vayan a un estadio a apoyar al silbante. Te la van a recordar aquí y en China.
Le tocó debutar en un San José vs. Houston, seguro que fue ante una tribuna llena de paisanos.
Eso me dio mucho gusto. Tuve la oportunidad de platicar con algunos al final del partido.
¿Vive en Nueva York?
En Manhattan. Pero apenas me cambié en diciembre, pues llegué a Nueva Jersey.
¿Por qué se fue de México?
Siempre quise arbitrar fuera de mi país, además de que México pasa por momentos complicados. La calidad de vida es nula. Tampoco estaba satisfecho con lo alcanzado como silbante.
Renunció a todo.
Tuve que empezar de cero, como asistente en partidos de niños de siete años de edad. Comenzar de nuevo en otro país, aprender otro idioma, vivir lejos de tu gente. Valió la pena.
¿Lo invitaron de la MLS?
No me invitó nadie. Ya no disfrutaba dirigir en México. Antes fui a Alemania, Suecia, Australia, Inglaterra y Holanda, pero la vida me puso en Estados Unidos. Toqué la puerta y se me abrió. La MLS es una liga a la que se califica por debajo de otras, de manera injusta. Su infraestructura, seguridad, crecimiento y contratos son de lo mejor.
Usted tiene 39 años. ¿Existe una edad límite para el árbitro?
FIFA tenía el tope a los 45, pero ya no. La mejor edad para un silbante es arriba de los 35, es cuando alcanza la madurez.
Sé que usted quiere ser entrenador.
Fíjate que era mi objetivo en la juventud, pero la escuela de entrenadores aún no se abría y don Arturo Brizio Ponce de León me invitó para que tomara el uniforme negro. Lo hice pensando en que sería un paso. Ahora que estoy en Estados Unidos me preparo para entrenador de futbol. Aquí tienes que pasar por siete niveles para obtener la licencia y voy en el segundo nivel.
¿Se gana bien en la MLS?
Te pagan como te exigen. Debes estar al ciento por ciento en lo físico y técnico. Nos examinan cada año y en un partido se corre un promedio de 10 kilómetros. Si respondes en la cancha, la liga no escatima en nada.
Tiempo para intentar dirigir un equipo en México.
No, gracias.
¿Pensó en rendirse?
La carrera del árbitro es de resistencia, de mucha paciencia. No fue fácil renunciar a una carrera con gafete internacional y mudarse a territorio desconocido. Pero tengo claro lo que quiero y no me detengo.
Se dice fácil.
De pronto era asistente en partidos de niños, luego a colegiales y a juegos de Tercera División. Un día me invitaron a pitar en la Copa Dallas. Me dijeron: “tu carrera depende de lo que hagas en la Dallas Cup, si en este torneo tienes malos resultados, se acabó, no tienes que hacer nada en Estados Unidos. Si haces un buen trabajo, tendrás futuro”. Fui sin temor, confiado en mi trabajo y llegué hasta la final. Entonces me dieron más partidos en Tercera División, me debutaron en Segunda y el año pasado me invitaron como cuarto árbitro para la MLS en 2016.
¿Su llamado como árbitro central fue una sorpresa?
No me lo esperaba tan pronto. Estaba considerado para este encuentro como cuarto silbante y de pronto me llega el aviso que voy de principal.
¿Qué le vino a la mente?
Un chingo de cosas. Te das cuenta que todo el sacrificio valió la pena. Me la jugué, recibí críticas, toqué muchas puertas en muchos países, estoy solo, lejos de la familia. Nunca perdí la fe. También te puedo decir que nadie me regaló nada, pues acá no es cosa de suerte. Es cosa de trabajo.
¿Qué extraña de México?
A mucha gente, especialmente a mi familia. Mis padres llegaron acá a San José, para verme pitar en mi debut. Nunca me vieron hacerlo en México, pues jamás los invité.
¿Valió la pena?
Mi carrera en México no iba por el rumbo indicado y mi forma de pensar es diferente. Aquí, en la MLS respetan mi trabajo.
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