Historia del Ironman; una aventura de locos
Dave Orlowski, uno de los 15 marines que compitieron por primera vez en un Ironman en 1978, relata la historia de aquella carrera en la que fue tercero. De visita en México, dice que el triatlón será un gigante en próximos años
CIUDAD DE MÉXICO.
En 1978 la OMS (Organización Mundial de la Salud) declaró erradicada la viruela, en Estados Unidos se publicó la primera historieta de Garfield y la selección de Argentina, en plena dictadura, ganó el Mundial de Futbol bajo la dirección técnica de César Luis Menotti. En México nació el marchista Noé Hernández, medallista olímpico en Sydney 2000, precisamente la edición en que el triatlón comenzó como parte del programa de los juegos, y fallecido en 2013.
Mientras eso sucedía en territorio continental, en las islas de Hawaii había un grupo de locos que se lanzó por un reto inhóspito: realizar el primer Ironman en el planeta, una aventura extenuante que nunca imaginaron que casi cuatro décadas después se convertiría en una disciplina creciente, con eventos alrededor del mundo y altas expectativas mexicanas rumbo a los próximos Juegos Olímpicos.
Uno de ese grupo de 15 marines irreverentes fue Dave Orlowski, ganador de la tercera posición aquel 18 de febrero en la isla de Oahu. La competencia se realizó después de siete semanas de planeación en la que el objetivo era simplemente encontrar al “atleta más completo” del planeta. Nadar, pedalear bicicleta y correr era un buen pretexto para otorgar este nombramiento.
El origen
Las distancias fueron creadas por John Collins y su esposa Judi, quienes escribieron en dos hojas de papel las rutas. Pegaron éstas en una pared para darles difusión y los participantes podían tomarlas para que los acompañaran durante la competencia.
“Era responsabilidad de cada competidor hacer una pausa, sacar el pedazo de papel y ver la ruta. No teníamos señalamientos; no había reglas”, relata Orlowski, quien visitó México con motivo del Triatlón Challenge de Ixtapa Zihuatanejo.
En la playa mexicana vio cómo esa idea de finales de los años 70 se ha convertido en un deporte olímpico, con más seguidores cada vez y competencias alrededor del mundo.
“En aquella época nos llamaban locos, ahora siguen diciéndonos igual”, dice el estadunidense, quien recuerda a la perfección cada uno de los inconvenientes que tuvo que superar para poder participar en aquella competencia.
“Conseguí una bicicleta prestada dos semanas antes, era muy pesada”, relata. “Usé unos jeans de mezclilla que corté dos días antes, recorrí 180 kilómetros con los jeans húmedos de agua salada; no creo apropiado describir cómo terminé”, cuenta Orlowski.
“Los tenis para correr fueron los mismos que usé para rodar”, evoca Orlowski. “Me detenía en las tiendas para comprar agua y alimentos con mi propio dinero. Me paré incluso en un McDonalds”, dice entre risas.
“En 1978 todo era más simple: no había reglas, no había voluntarios; ahora ya la tienen fácil”, ironiza frente a los 400 asistentes del Triatlón Challenge en territorio mexicano.
Desde entonces el Ironman tiene distancias de 3.86 kilómetros nadando, 180 kilómetros en bicicleta y 42.195 kilómetros, la distancia del maratón, de carrera.
El estadunidense recuerda que la de 1978 fue una prueba extenuante, prácticamente imposible. “Cuando me bajé de la bicicleta las piernas me temblaban. Recuerdo que me caí dos veces, en la milla 20 ya no podía y me iba agarrando de unos rieles que aún existen en recuerdo a la ruta original”, relata, antes de que la voz se le haga pequeña cuando narra un episodio que lo llenó de energía para el final
“En ese momento mi mamá y mi papá me sorprendieron. Se detuvo una camioneta donde venían ellos, se bajó mi madre, me dio un abrazo, un beso y me dijo que yo podía hacerlo”, cuenta Orlowski. “Mi papá no era muy emocional, pero también se bajó y dijo que yo podía. Eso me inspiró para correr las últimas millas y llegar a la meta, que no era un arco vistoso como los que tenemos ahora, aquella vez era sólo una línea y un foco”, recuerda Orlowski.
37 años después
Casi cuatro décadas después de ese reto Orlowski se para diez metros atrás de la línea de meta del Challenge Ixtapa Zihuatanejo 2015. A su lado están colgadas las medallas que reciben los triatletas de diferentes categorías que cruzan la meta, un reconociemiemto que se cuelgan tras ser abrazados y felicitados por Dave.
“Siempre me preguntan que si imaginaba en lo que se convertiría, y por supuesto que no. Entonces éramos unos jóvenes y ahora son atletas profesionales. Nosotros no sabíamos nada de entrenamientos o programas de recuperación. Lo que pasó después es que se ha formado un deporte maravilloso a partir de la natación, la bicicleta y la carrera. Es fantástico”, dice con emoción.
Y es que el triatlón, en sus diferentes distancias y categorías, se ha convertido en uno de los deportes que emergen con fuerza en el escenario mundial.
Con distancias más cortas y un circuito mundial establecido, este deporte es parte de los Juegos Olímpicos desde el año 2000, un impulso que resultó clave para avanzar hacia más territorios y mejores sistemas de entrenamiento.
“Ser parte de los Juegos Olímpicos es maravilloso, eso nos hace crecer mucho. Pero no lo es todo, lo importante aquí es ser un campeón, y cuando tú ves a la gente que llega y levanta las manos después de siete horas, seguro que es como un campeón olímpico. Creo que esa es la mayor gloria que te puede dar el deporte y la gente”.
“Aún nos falta mucho por crecer, los patrocinadores y la gente nos harán todavía más grandes. Vamos a ser un deporte gigante”, augura.
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