Hazaña de Martínez, en 5,000m planos
El atleta mexicano Juan Martínez derrota al plusmarquista mundial Ron Clarke y finaliza en cuarto lugar en los 5,000 metros en 1968

CIUDAD DE MÉXICO, 17 de octubre.- El atleta mexicano Juan Martínez derrota al plusmarquista mundial Ron Clarke y finaliza en cuarto lugar en los 5,000 metros. Es una hazaña que festeja el estadio de Ciudad Universitaria y todo México. Pero, vayamos por partes: a la conjunción de la altura del Valle de Anáhuac y a la pista de tartán de C.U. que produce el torbellino mágico de récords mundiales en el atletismo, se suma un aliado tan invisible como poderoso que coincide en la fiesta olímpica justo en el límite reglamentario de su rapidez: dos metros en un segundo.
El preludio de la final del salto triple no podía ser mejor. El estudiante romano Giuseppe Gentile bate el miércoles, a las 11.10 de la mañana en eliminatorias, la plusmarca mundial en 17.10m, ¡sin viento! y al día siguiente, ¡al día siguiente!, el jueves 17 de octubre durante la quinta fecha de los JO!, se presencia ¡lo que nunca se había visto y acaso nunca jamás se verá!: cuatro récords mundiales sucesivos en el salto triple. De la garganta del estadio brotan rugidos de emoción, de estupor, de lo espectacular de cada salto.
En la cronología oficial de los RM de la IAAF la capital mexicana es la única ciudad del mundo que posee siete récords mundiales en triple.
La magia de la altura ya se había manifestado en los Panamericanos de 1955 cuando Orfeo Negro el genial paulista Adhemar Ferreira da Silva destrozó en C.U. el RM de triple en 16.56m.
Con el fuego de su actuación del día anterior Gentile dio tres brincos y ¡zas! RM con 17.22 m. (En la película Medea, Gentile es Jasón y actuó ni más ni menos que con María Callas en el papel de la despechada esposa y filicida.) Eran las 15.15 de la tarde. Veinte minutos después Saneyev brincó 17.23 m y a las cinco de la tarde el brasileño Nelson Prudencio acarició el oro con otro RM 17.27; ambos tuvieron viento a favor de 2 m/seg.
A las 17.05 el georgiano Saneyev corre con movimientos armoniosamente , uno, dos, vuela, vuela, vuela, ¡tres! y extiende el RM a 17.39 m. ¡Es un día memorable para los JO y el atletismo mundial!
Ese mismo día un negro larguirucho llamado Beamon comete dos faules y está a punto de ser eliminado. Califica con 8.19 m en longitud. No obstante Fausto Ponce escribe “¡Cuidado con él!
Ante luminarias de la estrategia en el fondo el atezado Juanito Martínez (14:10.76) provoca la admiración con su cuarto lugar en los 5,000 m llanos. En las últimas dos vueltas corre como si la prueba fuese de 800, se esfuerza para no desprenderse del ritmo infernal que comunican en la pista Gammoudi (14:05.01), Keino (14:05.16) y Temu (14:06.41) que en ese orden se llevarán los honores. El mexicano supera al australiano Ron Clarke, quinto, y al soviético Nikolai Spiridov, séptimo.
El ingente esfuerzo hace que el sargento Pedraza vomite en dos ocasiones en los 50 km. Termina en octavo lugar (4:37:53). “Hice lo que pude”, dijo. Ahí queda su plata en 20 km precursora de la gran obra que edificará el polonés Jerzy Hausleber con la caminata mexicana. La altura, al contrario de las pruebas anaeróbicas, rápidas, de corta duración, revela la doble valoración de su naturaleza, funde, colapsa, destruye, merma el rendimiento en las pruebas de larga distancia. Christopher Höhne, de la RDA, oro con 4:20.13.
La prestigiosa Hungría se lleva el oro en pentatlón pero cede el oro individual que lo conquista el sueco Bjorn Ferm con 4,964 puntos. El mexicano David Bárcenas termina séptimo en campo traviese y 26 en la general.
El francés Pierre Trentin, (1:03:91) exhibe inmenso poderío en el kilómetro contrarreloj y vence al tres veces monarca mundial Niels Fredborg por 70/100.
El peso mosca mexicano Ricardo Delgado vence con rapidez y elegancia “semejaba una pieza de ballet” al irlandés Vrendan McCarthy. Rechifla por la victoria del polonés Arthur Olegsore el rumano Constantin Ciuca.
“En 20 minutos, aparece en el cintillo, México acabó con Guinea 4-0”, en el estadio Azteca.
Pawloski, polonés de 50 años, en duelo de titanes, hace el toque de su vida en el tórax del ruso Rakita en la final de sable.
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