La primera mujer en competir en Boston
Kathrine Switzer corrió de forma clandestina el Maratón de Boston y abrió este tipo de pruebas para las mujeres
CIUDAD DE MÉXICO, 7 de mayo.- El año 1967 será recordado por el asesinato del Che Guevara, la aparición de un grupo de rock llamado The Doors, la presentación del libro Cien años de soledad de García Márquez y por el triunfo de los Empacadores de Green Bay ante Kansas City, en el primer Super Bowl de la historia. También se habló de Kathrine Switzer, la primera mujer que se atrevió a correr los extenuantes 42.195 kilómetros de un maratón (Boston), cuyo episodio fue una “ofensa” para el sexo masculino y que, a la postre, significaría el ingreso del llamado sexo débil en las carreras de largo aliento.
En una época en blanco y negro, donde el racismo, la guerra y el machismo imponían su ley, apareció en el Maratón de Boston una corredora de tan solo 20 años. Ella se inscribió con las siglas de KV Switzer para evitar que se le negara la inscripción por ser mujer, cuando las carreras callejeras se caracterizaban por ser estrictamente para “caballeros”.
Un año atrás, la estudiante de periodismo en la Universidad de Syracuse le había propuesto a su entrenador Arnie Briggs, veterano de 50 años de edad y 15 maratones de Boston en su historial, que la entrenara para soportar la prueba maratónica y ser la primera mujer en terminar la famosa carrera de Boston. “Ninguna mujer puede correr el Maratón de Boston”, fue la respuesta del preparador de atletas universitarios, quien no podía concebir que una jovencita se atreviera a desafiar las reglas del atletismo estadunidense y menos llegar a la meta de pie.
Kathrine le replicó que en ningún renglón del reglamento se prohibía la participación femenina y le parecía ofensivo que en la modernidad de los años 60 se insistiera en que la mujer no estaba hecha para soportar corriendo un poco más de 42 kilómetros. Ernie le contestó que corrieran juntos unas 26 millas (41.84 kilómetros) y que la llevaría a Boston si le demostraba de qué estaba hecha. Aquella tarde, la joven estudiante de periodismo alargó la carrera hasta unas 31 millas (49.889 kilómetros), el maestro de educación física quedó agotado, atónito y derrotado. Cumplió su palabra.
Cabe señalar que el novio de Kathrine era jugador de futbol americano y lanzador de martillo conocido como Big Tom Miller, quien al enterarse de la decisión de su amada decidió inscribirse a la carrera. Decía que “si una niña puede correr un maratón, yo también puedo hacerlo”.
Ernie, el entrenador de Kathrine Switzer, no dijo palabra alguna sobre posibles problemas, pero el veterano sabía que llevar a una señorita a una competencia donde sólo había hombres traería consecuencias.
Corre, Kathy, corre
“No voy a quitarme el lápiz labial”, fue la primera respuesta de Kathrine, ante los regaños de su entrenador. Ella, su novio Tom y el entrenador se encontraban en Boston, aquel 19 de abril de 1967, cerca de la salida del maratón y a una hora de que arrancara una de las carreras más prestigiadas en Estados Unidos. En aquellos años todavía no se pedían registros de tiempos a los atletas, por lo que la chica de cabellos rubios no tuvo problema para recibir el número 261 que la acreditaba como “un corredor más” que intentaría desafiar a los “galgos” de élite. El desafío de Kathrine Switzer sería mayor.
KV Switzer, con el número 261 en pecho y el dorso, se paró en la línea de salida junto a cientos de atletas varones, de distintas edades. Ella se asomó a la competencia con sudadera y pants, tratando de no llamar demasiado la atención de los caballeros. Sin embargo, algunos de ellos notaron de inmediato el rostro delicado de la “intrusa” (¡es una chica!) y simplemente le desearon que concluyera la competencia. Un par de ellos se atrevieron a pedirle posara en su compañía, para la foto en blanco y negro que llevarían a sus novias y motivarlas a realizar este tipo de locuras.
¡Bang! Kathrine y su novio Tom salieron entre otros miles de corredores en busca de cumplir su sueño pedestre. Hasta casi el kilómetro cinco, la corredora con el número 261 pudo correr sin sobresaltos. Cuando estaba a punto de superar el kilómetro cinco, un juez hizo su aparición. Semple Jock, un hombre mayor, vestido de negro y una cara de pocos amigos se puso delante de ella, señalándola con el índice y tratando de sujetarla con fuerza. Quería sacarla de la carrera.
Aquella imagen, captada por un fotógrafo del Boston Globe, daría la vuelta al mundo y pasaría a la lista de Las cien fotografías que cambiaron al mundo. Cuando el juez la tenía del brazo, apareció en la escena el musculoso Tom, quien se avalanzó sobre el sujeto de pantalón largo para hacerlo a un lado y dejarle el camino libre a su novia.
Al ver que la atleta corría el riesgo de ser expulsada de la competencia, varios corredores decidieron escoltarla para evitar que otros jueces se le acercaran. Un grupo de varones en tenis y calzoncillos decidieron correr a su lado hasta la meta. KV Switzer terminó su primer maratón con un tiempo de cuatro horas y 20 minutos.
El sexo femenino marcaba un territorio desconocido.
La huella de Kathrine
El Maratón de Boston de 1967 pasó a la historia por ser el primero en el que una mujer desafió el tormento de recorrer 42.195 metros. La Unión Atlética Amateur prohibió cualquier ingreso de mujeres a las pruebas para varones, hasta 1972 cuando el Maratón de Boston le abrió las puertas a las corredoras.
A partir de aquel percance, la estudiante de la Universidad de Syracuse se convirtió en la heroína de todas las estadunidenses. La repercusión fue grande y súbita. A partir de 1968 se empezó a ver con normalidad la presencia de mujeres en carreras de larga distancia y en 1974 se disputó, por primera vez, el primer maratón sólo para mujeres.
Desde aquel histórico episodio, Kathrine se dedicó a correr y organizar carreras para el sexo femenino. Gracias a su loable labor, en 1984 logró que el maratón femenil fuera incluido en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles.
A lo largo de su carrera, Kathrine corrió 35 maratones, llegando a ganar el Maratón de Nueva York en 1974 (3.07:29 horas). Hoy, a sus 66 años de edad, Kathrine Switzer vive en la ciudad neoyorquina y sigue trabajando incisivamente para conseguir la igualdad entre hombres y mujeres. Ha escrito varios libros al respecto (Marathon woman, así como Correr y caminar para mujeres mayores de 40 años), es articulista en revistas especializadas y también es comentarista de televisión.
Si se le rasca a la historia de Kathy, el lector descubrirá que ella nació en Alemania, aunque es hija de un militar norteamericano. KV Switzer (Kathrine Virginia) se tituló como periodista en la Universidad de Syracuse en 1968 y realizó una maestría en 1972. Se casó con Tom Miller, su novio y defensor, aunque se divorciaría más tarde. Está casada con el inglés Roger Robinson, también corredor y escritor.
Kathrine cuenta que se inspiró en Bobbi Gibb, mujer que corriera en 1966 el Maratón de Boston, aunque sin registrarse. El mejor tiempo de Kathy en los 42 mil 195 metros es de 2.51:37 horas. A sus 66 años viaja promoviendo su historia y sus libros. También sigue corriendo.




