Rey y paria; Bobby Fischer cumpliría el sábado 70 años

El lobo estepario derrumbó, durante la Guerra Fría, el poderoso imperio formado por los GM de la URSS. Genio con tenacidad de hierro, revolucionó el ajedrez

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CIUDAD DE MÉXICO, 5 de marzo.- Dos fuerzas primarias antagónicas se agitaban en el espíritu de Bobby Fischer, dos polos en pugna que lo balanceaban en el confort de elevarlo al cenit luminoso o en el riesgo de despeñarlo en las profundidades oscuras del nadir. Su vida y juego en el tablero, siempre al límite de la tensión, oscilaban entre la creación y la destrucción; entre el capricho, la controversia, la admiración, la idolatría y el rechazo. El odio y el amor, el éxito y el fracaso, la riqueza y la miseria, la neurosis y la genialidad, la popularidad y la soledad, el fuego y el frío, acariciados y arrojados con ambas manos. Fue rey y paria. Inasible, escurridizo, un lobo de las estepas. Y cuando parecía hundirse irremisiblemente, como un héroe de aura mítica, una mano milagrosa lo rescataba del naufragio.

Al pasar revista a la galería de los campeones mundiales de ajedrez la luz de Bobby Fischer, el undécimo monarca de la historia, emite un fulgor singular; es la vida misma, energía, alegre y cruel. Era un torbellino que giraba en los dos hemisferios. Lo identifican el signo de la obsesión por el trabajo, por la perfección, una firmeza indeclinable en sus principios e ideas, y el de la tenacidad inagotable, de hierro, (tras perder un gambito de rey ante Spassky refutó la línea tras un año de investigación; Petrosian dijo: “trabaja más que todo el equipo olímpico ruso) y un portento de inteligencia con un coeficiente de inteligencia de 180 puntos superior al de Albert Einstein. Solitario derrumbó el más prestigioso imperio formado por un ejército de grandes maestros del tablero.

La mutabilidad de su temperamento y carácter se manifestaron a lo largo de su vida. Acaso necesitaba amor y renunció a su madre. Vivió obsesionado por la corona mundial y abdicó, tal vez el mismo día que la conquistó. No incorporó en su libro “Mis mejores 60 partidas” la que jugó con negras, en el torneo Rosenwald, Nueva York, 1956, contra Donald Byrne considerada como “La partida del Siglo”. El GM soviético Yuri Averbach expresó: “Al verla quedé convencido de que el niño tenía un talento diabólico”. Es el único de los campeones mundiales que no jugó una sola partida más. Renunció a defender su título y a jugar en público. Ante Boris Spassky renunció de su amado 1.e4, lo cambió por 1.d4. Lo que previó Kortchnoi. Renunció a su país, a sus amigos, a su entorno. Tras darle gloria y honor a los Estados Unidos, 20 años después del Match del Siglo en Reykjiavik, fue declarado traidor con orden de encarcelamiento por diez años.

En un corto período de poco más de una década Bobby Fischer revolucionó el ajedrez, lo dignificó y edificó el profesionalismo del que las siguientes generaciones y las actuales se beneficiaron económicamente. En Estocolmo 1962 cuando desplegó su más poderoso ajedrez recibió 750 dólares por su triunfo. Exigió grandes cantidades de dinero sin ambición de ganarlo, sino como una correspondencia a su profesionalismo. En el duelo contra Spassky, varias veces a punto de cancelarse, obligó a los organizadores a poner una bolsa de 2.5 millones de dólares.

Nunca antes en la historia un match por el título mundial de ajedrez causó tanto revuelo en el deporte y en el planeta. El camino hacia él es una de las historias más emocionantes con sinsabores y fortuna.

Robert James Fischer nació el 9 de marzo de 1943 en Chicago. Su hermana Joan le enseñó a jugar cuando tenía cinco años de edad. El juego lo hechizó. Aprendió rápido y la derrotó. No atendía las clases escolares. Su madre, Regina, tras recurrir a sicólogos con el fin de evitar su obsesión, se decidió por alentarlo.

Puso un anuncio en el periódico en el que solicitaba maestro y adversario para su hijo de siete años. Lo leyó Hermann Helms uno de los promotores del Torneo de NY 1924. Invitó a Bobby a jugar unas simultáneas contra el maestro Max Pavey. En 15 minutos lo destrozaron y Bobby se puso a llorar inconsolable.

Carmine Nigro, presidente del Brooklyn Chess Club, lo invitó al club. Tuvo la fortuna de presenciar en junio de 1954, a los 11 años, el match Estados Unidos vs. URSS. Conoció a David Bronstein, Paul Keres, Vassily Smyrlov y Sammy Reshevski.

Pronto comprendió la naturaleza del juego y proyectó su carácter. En la Copa Rosewald perdió ante Bisguier una India de Rey. Nunca lo olvidó. En el transcurso de los años, enfrentaron 14 veces, ¡Bobby lo venció 13-0 y Bisguier empató la restante!

El 10 de septiembre de 1958 ganó el título de Gran Maestro. Fue el GM más joven de la historia a los 15 años, seis meses y un día. Ganó en ocho ocasiones el Campeonato Nacional de los Estados Unidos; en 1963 con un score increíble de 11 victorias de 11 posibles; el primero, en enero de 1958, a los 14 años, con 10.5 de 13 posibles. ¡Se clasifica al torneo Interzonal lo que representa la oportunidad de luchar por el título mundial!

Es un jovencito de aguda inteligencia, arrogante, despreciativo. Aprende ruso. Se va a preparar a Moscú y cuando llega, expresa: “¡Sólo jugaré contra el campeón mundial Botvinnik!”

En el Interzonal de Portoroz, su confianza es ilimitada. Asegura que va a calificar: “Sólo necesito cazar cinco conejos y si pierdo una partida, cazaré un sexto conejo”. Enfrenta a 13 GM y a otros siete maestros de prestigio. Una explosión sacude al mundo del ajedrez. Califica en quinto lugar con 12 puntos después de Mikhail Thal 13.5, Svetozar Gligoric 13, Paul Benko y Tigran Petrossian 12.5 puntos.

En 1959 enfrenta en Zúrich al prestigioso téorico Paul Keres. Por vez primera en su vida derrota a un GM de la URSS. Se estremecen, silenciosamente, los cimientos del más grande imperio ajedrecístico. En 1962, con las piezas negras, enfrenta en la Olimpiada de Varna al monarca Mikhail Botvinnik. Le gana a un peón y llega a un final de torre y cuatro peones contra T y tres peones. Fischer está convencido de su victoria. Toda la noche trabaja solo. Y mientras Botvinnik duerme analizan la posición los GM Geller, Keres, Tahl, Spassky, Boleslavsky y Semión Furman.

La conclusión es: si Fischer hace la jugada más fuerte hay enormes perspectivas de que Botvinnik logre el empate. Fischer hizo la más fuerte y el juego fue tablas. Aprendió la lección.

En Curazao 62 llama tramposos a los GM soviéticos, porque reservaban sus energías al hacer tablas entre ellos. Modificó las reglas del juego, cambió los interzonales de calificación por matches individuales.

Es una máquina de jugar ajedrez. Es exigente en las condiciones de juego. Luces, espacio, no tolera el ruido, sillón giratorio de piel negra. Su actitud se interpreta de diversas formas. “Todo lo que quiero en la vida es jugar ajedrez”, dijo.

No registran los anales algo semejante. Tras triunfar en el Interzonal de Palma de Mallorca, en los que gana las seis últimas partidas, derrota 6-0 al GM ruso Mark Taimanov, 6-0 al danés Bent Larsen y 6.5 a 2.5 a Tigran Petrossian. Se habla de que Fischer posee un poder hiptnótico.

En 1972 en Reykjiavik se mide a Boris Spassky en el Match del Siglo que se retrasa por diversas exigencias de Bobby Fischer. Nunca había derrotado a Spassky, quien tenía un score de 3-0 y dos empates.

Pierde la primera partida al capturar un peón envenenado. La segunda por incomparecensia. Con 2-0 en contra ocurre lo increíble. En las ocho siguientes partidas explota el instinto de depredador de Fischer: gana cinco juegos y Spassky empata tres. Vence 12.5 – 8.5 puntos en 21 partidas. El título es suyo y nunca más juega.

Retorna extraoficialmente en 1992 a defender “su” título ante Spassky. Se enfrentan en Yugoslavia. Estados Unidos le ordena suspender el match y Fischer escupe en el documento ante las cámaras de televisión. Nunca más regresa a Estados Unidos. Muere en Reyjkiavik, Islandia, el 17 de enero de 2008 a la simbólica edad de 64 años, el número de casillas que tiene el tablero de ajedrez.

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