La ruina de la policía civil

En estricto sentido, jurídico, la susodicha Fuerza Rural no existe.

COMPARTIR 
Roberto Gil Zuarth 12/05/2014 02:21
La ruina de la policía civil

El comisionado para la seguridad en Michoacán ha presentado a la Fuerza Rural, la “nueva institución” del Estado mexicano. Un híbrido entre policías municipales y grupos de autodefensa que han decidido agruparse, uniformarse, recibir armamento y, sobre todo, subordinarse jerárquicamente a la autoridad política que, por negligencia, complicidad o incapacidad, motivó su insurgencia. Nacen de un arreglo institucional difuso y de dudosa legalidad. No se optó por adscribirlos a las defensas rurales federales, porque tendrían que ser ejidatarios y quedar bajo el mando de las Fuerzas Armadas. La primera condición no la cumplen y la segunda no la quisieron cumplir. Se optó entonces por incorporarlos a la Secretaría de Seguridad Pública de Michoacán, pero sin modificar la ley que la regula o a partir de un decreto del Ejecutivo local. En estricto sentido jurídico, la susodicha Fuerza Rural no existe. ¿Qué va a pasar el día que un elemento de la Fuerza Rural cometa un homicidio en servicio? ¿Qué sucederá cuando quieran justificar el uso de armas exclusivas del Ejército? No sabemos qué norma da vida a esta nueva corporación ni a qué ley se somete. No tienen mandato, sistemas formales de reclutamiento y profesionalización, indicadores de desempeño, régimen disciplinario. No tienen más que un uniforme nuevo, un arma y la protesta tomada ante la presencia del comisionado federal. Esa es la concepción del gobierno sobre la función policial: uniformes, placas y pistolas.

Si el estatus legal de la corporación no estuviera permeado de ambigüedad, su acreditación en términos de probidad, su capacidad legal de coacción y su capacitación para usar armamento también plantean cuestionamientos serios. Se anunció la incorporación de 450 elementos, pero sólo 150 de ellos participaron en el evento del 10 de mayo. Se anunció también que las fuerzas rurales habrían sido plenamente acreditadas y capacitadas —como lo establecería la Ley del Sistema de Seguridad Pública del Estado de Michoacán—, pero algunas versiones de la prensa refieren que “sólo han recibido adiestramiento básico por parte de la Policía Federal: cómo usar las armas, cómo marchar y cómo patrullar en 15 pequeñas pick up tipo estaquitas que les fueron proporcionadas para ese fin” (http://www.milenio.com/policia/Autodefensas-fortalecieron-Alfredo-Castil... ).

En el sexenio pasado, la Policía Federal creció de cerca de seis mil 500 a poco más de 36 mil elementos. Entre 2008 y 2012, se incorporó a ocho mil 600 policías que contaban con estudios a nivel licenciatura, en el entendido de que las tareas de inteligencia que requerían mayor capacidad técnica debían prevalecer sobre las tareas de contención territorial. El salario de los policías en ese periodo se incrementó 45%. El proyecto de fortalecimiento de la Policía Federal implicaba la dignificación de la tarea; se enfatizó el sentido de propósito; se entendió que ser policía implicaba mucho más que tener un uniforme. Hoy se renuncia abiertamente a ese esfuerzo.

La Fuerza Rural es un arreglo improvisado que evidencia una relación inconsistente del gobierno federal con los grupos de autodefensa. Una respuesta que renuncia decididamente a la idea de fortalecer las instituciones del Estado, uniformando, literalmente, el problema de insurrección, de vacío de autoridad y de carencia de una estrategia coordinada de inteligencia. La política de seguridad del gobierno federal carece de una alternativa institucional a los esfuerzos de la administración pasada por desarrollar cuerpos profesionales de policía. Peor aún, implica claros retrocesos. En vez de fortalecer las capacidades estructurales, se sustituyen con paliativos de corto plazo. En lugar de obligar a las autoridades a cumplir con su principal razón de ser —ofrecer seguridad a la ciudadanía—, decide sustituirlas con expresiones paramilitares. Como si el uniforme bastara para superar su irregularidad.

Los anuncios de “nuevas instituciones de seguridad” han sido una constante en el discurso del gobierno federal: Mando Único, Gendarmería Nacional, comisionado para la Seguridad, ahora Fuerza Rural. Anuncios pensados exclusivamente para la foto del día siguiente; ensayos a los que no se ha dado un sustento legal ni seguimiento operativo. Ocurrencias que distienden las exigencias del titular del día, pero que no hacen más alentador el futuro.

                *Senador de la República

                roberto.gil@senado.gob.mx

                Twitter: @rgilzuarth

Comparte esta entrada

Comentarios