Felicidad

Yo no sé lo que se tiene que hacer para devolver a mi Michoacán la tranquilidad y a mi país la paz y el bienestar, sólo me doy cuenta que, como están ahora las cosas, parece que nadie tiene una idea clara de lo que se debe hacer: que si combatir a las guardias comunitarias, que si asociarse con ellas, que si llevar en pleno al Ejército, que si no, que mandar a Vallejo a descansar, que no.

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Rafael Álvarez Cordero 16/01/2014 02:01
Felicidad

Los problemas de violencia e inseguridad han tomado dimensiones no antes conocidas en muchas partes del país, especialmente en Michoacán, y es un lugar común decir que “el abandono de ese estado durante 30 años es el origen de lo que ahora ocurre”, lo cual no sirve para nada, porque el problema es ahí y ahora.

No cabe duda que las noticias que aparecen en los diarios, en los noticieros radiofónicos y televisivos afectan a quienes las leemos, oímos o vemos, y que en estos meses las terribles noticias de robos, asaltos, extorsión, secuestros, asesinatos de todo tipo, que evidencian el lado más oscuro de la naturaleza humana, nos afectan personalmente aunque no los padezcamos en carne propia, pero por otro lado, la repetición cansina de todos los hechos violentos llega a saturar la mente, y así como el individuo que vive en un basurero llega a no sentir el olor repugnante de la basura, los mexicanos estamos como adormecidos ante tanta violencia y muerte, y escuchamos las noticias como quien ve pasar una parvada por el aire.

Yo no sé lo que se tiene que hacer para devolver a mi Michoacán la tranquilidad y a mi país la paz y el bienestar, sólo me doy cuenta que, como están ahora las cosas, parece que nadie tiene una idea clara de lo que se debe hacer: que si combatir a las guardias comunitarias, que si asociarse con ellas, que si llevar en pleno al Ejército, que si no, que mandar a Vallejo a descansar, que no; el problema está ahí, y como en medicina, mientras no se tenga el diagnóstico correcto, no se podrá implementar el tratamiento adecuado, por decenios se han ignorado los determinantes sociales de esa violencia e inseguridad, y es difícil que se puedan revertir con golpes de timón.

Por eso me refugio en un extenso artículo aparecido el lunes pasado en el que Ulises Beltrán y Alejandro Cruz, titulares de una encuestadora, hablan de la felicidad.

Ciertamente, la medición de la felicidad es algo muy difícil de realizar, recordemos el viejo cuento del rey que estaba triste y alguien le dijo que todo cambiaría si se ponía la camisa de un hombre feliz; los lacayos recorrieron todo el país y no encontraron a un solo ciudadano que fuera verdaderamente feliz, hasta que encontraron a uno que exclamó: “Yo sí soy feliz, muy feliz”, pero no tenía camisa.

Beltrán y Cruz preguntaron a los ciudadanos “en lo general, ¿usted diría que es muy feliz, feliz, no muy feliz o no es nada feliz?, y 79% dijeron que eran felices o muy felices, en tanto que 20% dijeron que no eran felices o eran nada felices.

¿Y qué es lo que hace a los encuestados felices?: tener familia, tener salud, tener todo lo que necesita (espléndida respuesta que merece un comentario), tener hijos, tener fe o religión.

En aquel cuento infantil, el hombre que no tenía camisa era feliz porque tenía todo lo (poco) que necesitaba, y creo que en eso está el fondo de eso que llamamos felicidad; y en medio de un mundo que ventila por todos los medios la violencia y la muerte, el volver a los orígenes (familia, salud, bienestar) es lo que al parecer da la felicidad a estos individuos entrevistados por Ulises Beltrán y Alejandro Cruz.

Hace un tiempo, el actor César Costa tuvo un programa titulado Contemos también lo bueno; sin ignorar todo lo negativo que nos rodea, tal vez valga la pena intentar hacer un ensayo para reflexionar sobre lo bueno que también tenemos.

Y usted, estimado lector, ¿qué tan feliz es?

                *Médico y escritor

                raalvare2009@hotmail.com

                www.bienydebuenas.com.mx

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