Tan vil como Trump se pinta

¿Qué hace un escritor frente a la inutilidad de los temas, teniendo a Trump como la piedra de toque de cualquier conversación? Suena el teléfono y te pregunta una colega, ¿cuál es tu más acendrado deseo actual?... que muera Donald Trump. ¿Cuál es tu más decepcionante deseo?... que no muera Donald Trump. Así los chistes van y regresan.
 

Frustrante actualidad. Es decir, que te escalofría el ejercicio de la imaginación volcada en el futuro que esperabas, ¡ay!, maravilloso, cuando eras chica o todavía digamos anteayer, tomando tu copa de champaña y tu torta de jamón... Fin de año, recuerdas el ayer cerquísima, aquellos abrazos con los cuates comiendo a toda prisa las doce uvas. Paz y tranquilidad. Después de las campanadas y toda la parafernalia, salíamos en bola los muchachos y nos íbamos caminando a nuestras casas, sin el menor miedo a nada. Todo era distinto y creíamos en el mañana. Ahora, el mundo cascado se desmorona; los hombres son distintos, o uno, en la obnubilación de las amenazas de los medios, opta por no desear aquellos sueños de la primera juventud. Todo sale mal, te tropiezas con los pensamientos oscuros y, por ejemplo, quien esto perpetra apunta cientos de páginas en la libreta de pistas para la novela dichosa o los artículos para ganarse el panecito diario... Abro las páginas y me encuentro tan horrorizada de que no me entiendo, que lo que ocurre es el cambio de letra, el nerviosismo agravado y la ineficacia de lo que fueron, en el momento de pergeñarlas, páginas maestras como las leídas de mis escritores preferidos. Siento la misma amenaza que al ordeñar las planas de los periódicos mañaneros... el desperdicio de las horas usadas para contar un sueño que, si estuvieras en sicoanálisis, al doctor le parecería interesantísimo. A veces sueño cosas horribles de abandono, de estar en la punta de un cerro en la madrugada y no tener con quién descender ni un metro seguro... Me he sorprendido exclamando en voz alta: ¡Ese sueño no me gusta! Y despierto de inmediato. Me pregunto si así fuera la vida en general, de cuántos sufrimientos nos libraríamos. También, si el sueño es fantástico, recuperando el cuerpo y la voz de quien tanto quisiste, murmuras entre sueños la necesidad de repasarlo en la memoria a fuer de no olvidarlo y contárselo en ayunas a alguien. (Que no se me pase decirles que en una consulta expresa acerca de lo ininteligible de mi nueva letra, de cuántas veces me devuelven los cheques, etc., el especialista me dijo que siempre la letra varía con los años) y entiendo por qué los últimos apuntes de mi padre son tan misteriosos... ¡no! Simplemente envejecía...

¿Cómo empieza el año? ¡Ánimo!... ¡Nadie es tan vil como él mismo, digo Trump, se pinta!

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