La cólera desnuda

“Un montón de cólera desnuda…” Alfonso Reyes ¿Por qué tengo que vivir en esta angustia?... no se tú, como dice la canción, pero yo vivo alejada de la alta sociedad que veo en las revistas todas las damas de apellidos extranjeros retratadas junto a sus ...

“Un montón de cólera desnuda…”     Alfonso Reyes

¿Por qué tengo que vivir en esta angustia?... no se tú, como dice la canción, pero yo vivo alejada de la alta sociedad que veo en las revistas (todas las damas de apellidos extranjeros retratadas junto a sus guapetones maridos…) (vestidas a la última, llenas de pelos rubios, bolsas geniales, zapatos asombrosos) mido mis horas para leer los periódicos y mirar los noticieros televisivos para saber de buena fuente (ni modo: soy periodista) cómo está el mundo y principalmente mi país… Como no tengo otro, me atengo al espeluznante paisaje brindándoseme por la guerra ya no disimulada del horror que no merezco en estas finales témporas… Yo nada más me pregunto qué hubieran opinado mis mayores de estas escenas goyescas, de Posada, que diariamente se nos recetan impiadosas en la mañanita y en la noche, ya en camisón y con el último té en el buró.  No es justo, estoy quebrada del trabajo a mis años, con los ojos heridos de leer periódicos (tres con hambre insaciable, como la tenida a los quince años ante los descubrimientos adolescentes de los gigantes de la literatura).  ¿Qué pasa en mi país (quise escribir patria y me detuve ante los dueños de los asuntos nacionales… creen que es sólo de ellos)… qué pasa, preguntaba?  Siempre he creído en mis gobiernos, pasara lo pasado, los he increpado desde el asfalto de las calles del primer cuadro, sentada en el zócalo (aunque tenía la casa de mis abuelas en Madero 17) hasta ser desalojada junto a mi esposo, José Carlos Becerra y Sol Arguedas, aquella noche de metáforas que no supimos entender…Siguió el 2 de octubre, claro, la sangre en los escalones de Tlatelolco donde viví, ya vestida  y bañada antes de irme a ganar el bofe en mi oficina de publicidad que me daba la hogaza diaria…

Creo de allí el parto cruento de la historia actual… los demonios sueltos, la matazón continuada, la de hoy que tanto me recuerda la de Aguas Blancas con los agonizantes quejándose amontonados y bañados en la espeluznante sangre… Llega un momento en el cual la enumeración apaga un tanto el dolor y lo absurdo es encender la tele nomás para darse cuenta de cuánto la guerra sigue, como aquella noche, como tantas noches. En octubre nos volvemos a lamentar…la sangre tan sangre. Los escribanos preparados para anotar lo juntado en la semana generalmente somos víctimas de esa aglomeración y nos vamos a Úbeda sin venir a cuento: el pasado en el cual navegamos sin remedio. Vuelven las estampas infantiles, el panteón, el majestuoso mercado, las presas para días de campo, Santa Rosa y la cecina saladísima y que truena (casi transparente, aérea), la garbanza saladita en cucurucho…Lo bello de antes lo electrizante de hoy. No entiendo más que el “montón de cólera desnuda” escrito por el dios Alfonso Reyes, el divino genio suavecito y generoso no como otros exaltados por la fama planetaria y que si te ven ni te saludan…Hago un deseo por ti Reyísimo, y te pido nos ayudes, tú que estás rodeado de arcángeles verdaderos escritores, para salir nosotros adelante porque ya no sabemos ni para dónde…

                *Escritora y periodista                   marialuisachinamendoza@yahoo.es

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