De repente la saudade por la LIII Legislatura

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María Luisa Mendoza 16/08/2014 02:40
De repente la saudade por la LIII Legislatura

         Al diputado Juan Maldonado Pereda.

¿Qué no tengo de qué escribir?  Estamos atiborrados, al contrario de esas semanas yermas o por desgracia cargadas con bombas en Gaza, niños maltratados, descarapelamientos de los partidos antes creíanse existentes, y el de pronto aumento, anunciados inútiles a probar cuando sean traducidos a señores sentados en sus curules y sus escaños, lo tonto que resulta la base de la política en general: sumar, sí, pero no en esa carga para el pueblo de nuevas caras, apenas visualizadas en sus residencias… uno lo constata al ver fotos de las cámaras con mujeres desconocidas que son diputadas o senadoras y jamás propositoras, dialogantes, hacedoras de leyes nuevas o mejoradoras de las mismas… bueno siquiera votantes. ¿De dónde salieron tantos varones platicadores, sobre todo hablantes de celulares en plena sesión y haciendo caso omiso de oradores cumplidores del deber que les pagamos? Ser parlamentarios es un altísimo honor y algunos los recibimos sintiéndonos ferozmente responsables; para algunos subir a la tribuna significa un logro prodigioso, y hablar ante tus colegas, presentar una nueva ley de defensa de los animales como lo hice humildemente, defenderla después de la investigación y el trabajo de campo realizado antes con responsabilidad. Tuve la fortuna de discutir los puntos clave con Alfonso Maldonado quien había hecho lo mismo en la Legislatura LII, y a quien hago un buen deseo desde aquí donde quiera que esté. La televisión nos envía desolado recinto, y aunque mucho defiendo esas aparentes abandonos asegurando que los señores legisladores están en urgentes comisiones, no entiendo dentro de mí cómo siquiera pueden soportar dejar de asistir a una sesión perdiéndose la maravillosa oportunidad de vivir estar allí en la aorta quizá más cordial de la República: donde se hacen las leyes.

Lo que ocurre es la sapiencia de amar con pasión lo que se hace, bailar de gusto alrededor de la mesa de trabajo cuando se logra, e igual que con la muerte pensar en el día final de esa experiencia inigualable. Todo termina, no hay de otra, los ensayos son el adiós del amor, de la salud, de la juventud, pero lo germinado en el ejercicio de existir, esos frutos que te llevas a la soledad ¿qué digo?... una fresa, una granada, una zarzamora… goterones colorados como de sangre. 

Siempre he creído ilusamente y sin un pétalo de verdad, que mi Legislatura la LIII fue la  última ejemplarmente republicana. Desde el Colegio Electoral en donde conocí la brillantez de quienes serían los tribunos jóvenes deslumbrantes: Fernando Ortiz Arana y Santiago Oñate Laborde hasta las innúmeras batallas que dimos comandados por nuestro líder Eliseo Mendoza Berrueto imponiendo la buena crianza del debate, la legalidad del alegato y evadiendo las tétricas escenas que en las siguientes legislaturas hemos atestiguado estupefactos, desde el vestuario muchas veces astroso, todos los colores en los Informes eludiendo el severo negro, que es cosa seria… las faltas de respeto entre gritos y sombrerazos, ronquidos e injurias ¡no puede ser! Algún día se habrán de escribir las andanzas y las meditaciones, los intentos y las realizaciones, y los trabajos de buen amor por nuestra patria y nuestro pueblo, principios y fines de las cámaras de legisladores.

        *Escritora y periodista

        marialuisachinamendoza@yahoo.es

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