Al PRI se le están alineando las estrellas
El sentido común diría que, como están las cosas, no hay manera de que el PRI desbanque al PAN y lo mande al tercer lugar. Pero, en política, el sentido común a veces se extravía

Leo Zuckermann
Juegos de poder
Tanto para el PRI como para el PAN (o, en su caso, el Frente de este partido junto con el PRD y MC, si es que se sostiene) será fundamental quién arranca en segundo lugar cuando comience el proceso electoral de 2018. El primero que caiga, y se vaya al tercer sitio, corre el riesgo de ya no salir de esta posición y pierda, por tanto, los llamados votos “útiles” o “estratégicos” (gente que vota no a favor de uno sino en contra de otro). La primera pelea de la elección, que se medirá en las encuestas, será entre el PRI y el PAN para ver quién se convierte en la opción que pueda ganarle a López Obrador ya en las urnas.
Lo increíble es que el PRI, que actualmente se encuentra en las encuestas en tercer lugar en las intenciones de voto por partido, detrás de Morena y del PAN, que es el partido más rechazado por la ciudadanía, que carga con la pesada loza de un gobierno impopular, sí tenga la posibilidad de disputarle a AMLO la Presidencia. El sentido común diría que, como están las cosas, no hay manera de que el PRI desbanque al PAN (o, en su defecto, el Frente) y lo mande al tercer lugar. Pero, en política, el sentido común a veces se extravía.
La realidad es que al PRI se le están alineando las estrellas para ser competitivos rumbo al 2018. La salida de Margarita Zavala del PAN es una buena noticia para los priistas. Cualquier candidat@ que le quite votos al PAN (o Frente) puede hacer que el PRI, efectivamente, se convierta en el polo antiAMLO en esta especie de primera ronda electoral medida en las encuestas. Entre más candidat@s haya en la boleta que sean antipriistas —llámense Margarita, El Bronco, El Jaguar o Ferriz de Con—, más se incrementan las probabilidades de que el PRI se convierta en el jugador que pase a la virtual segunda vuelta en contra de López Obrador. El gobierno y los priistas harán hasta lo imposible para que así suceda: van a dividir el voto antiPRI.
Ahora bien, para que el PRI consiga este objetivo requiere de dos condiciones: poner un candidato que sí pueda competirle de tú a tú a AMLO y que les salga bien el proceso de designación de éste, de tal suerte que los priistas lleguen unidos al 2018.
Comencemos con el candidato. A estas alturas de la competencia, creo que hay dos secretarios cerrando fuerte: José Antonio Meade y Aurelio Nuño. No descarto que salga un tercero porque, al final del día, la decisión será de Peña.
Parto de la premisa de que el Presidente sabe perfectamente que, para ganar, debe poner a un político que no tenga abierto ningún flanco de corrupción. En el actual contexto de indignación social por tanta deshonestidad gubernamental, cualquier noticia de que el candidato presidencial del PRI estuvo involucrado en un acto sospechoso lo tiraría al suelo. La prioridad de Peña es que su partido retenga la Presidencia por lo que su candidato debe estar rechinando de limpio. No me consta, pero creo que Meade y Nuño cumplen con esa condición (el otro es Narro). Mis fuentes priistas me aseguran que los secretarios de Hacienda y de Educación son los que actualmente están “en el ánimo del Presidente” (así lo expresan).
La salida de Margarita puede ser una noticia que incline la balanza presidencial en favor de Meade. En la medida en que los panistas se dividan, resulta más atractivo un candidato priista que le caiga bien a los simpatizantes del PAN. Meade no sólo participó en el gobierno del presidente Calderón, sino que muchos cuadros calderonistas, que hoy están tan enojados, tienen una excelente relación con el secretario de Hacienda.
No obstante, Meade nunca ha hecho ninguna campaña electoral. Francamente no me lo imagino enfrentando duramente, como se va a necesitar, a Anaya y a López Obrador. Y aunque Nuño tampoco tiene ninguna experiencia electoral, lo veo más en una pelea feroz. Recordemos que no se tentó el corazón cuando se enfrentó a los maestros disidentes.
Sea Meade o Nuño, la otra condición es que el Presidente opere bien el destape y apacigüe a los perdedores. En este momento estamos viendo las fracturas del PAN por la candidatura presidencial. Pero en el PRI también hay divisiones, aunque, como suele ser el caso en este partido, los golpes se dan por debajo de la mesa. Ya vimos en 2006 que los priistas disgustados con su candidato no lo apoyaron e incluso trabajaron en favor de otros.
¿Quién será el candidato del PRI? ¿Cómo saldrá el destape? ¿Habrá unidad priista? Todo eso está por verse. Por lo pronto, con lo sucedido estos días, y por increíble que parezca, las estrellas se le están alineando a los priistas.
Twitter: @leozuckermann