La epigenética (II)

Estimado lector, este hallazgo es extraordinario, puesto que sugiere que una dieta deficiente en una madre embarazada puede afectarla en su salud no sólo a ella, sino también a sus hijos y a sus nietos, que heredan el mismo tipo de problemas. En otros términos: “Somos ...

Estimado lector, este hallazgo es extraordinario, puesto que sugiere que una dieta deficiente en una madre embarazada puede afectarla en su salud no sólo a ella, sino también a sus hijos y a sus nietos, que heredan el mismo tipo de problemas. En otros términos: “Somos lo que nuestras abuelas comieron”.

En otro estudio, no relacionado al “Hambre de invierno”, varios investigadores correlacionaron el acceso a los alimentos por los abuelos con la diabetes y enfermedades cardiacas de los nietos.

Jean-Baptiste Lamarck (1744-1829) proponía que los cambios ambientales causaban cambios en la conducta que a su vez conducían a un aumento o disminución de estructuras particulares. 

El ácido fólico, además de ser un buen suplemento alimenticio, puede tener un impacto benéfico sobre la herencia genética.

Los alimentos ricos en folato (Vitamina B9), incluyendo los vegetales de hoja verde, frutos, cítricos y fresas, son fuentes de grupos metilo. La Vitamina B12, que se halla en el pescado, carne, leche y huevos, puede donar también grupos metilo al metabolismo.

¿Qué sucede en el ser humano? El enfoque actual de la investigación epigenética en el ser humano está en gran parte limitada al estudio fetal. Los primeros días que siguen a la concepción, cuando la futura madre aún no sabe que está encinta, resultan los más críticos de lo que hubiéramos imaginado, pues es precisamente en esta etapa cuando los genes importantes se “prenden” y se “apagan”, transmitiendo o no las primeras señales epigenéticas al feto en desarrollo.

El útero se constituye, entonces, en un verdadero laboratorio donde se evalúan rasgos que pueden o no asistir en la supervivencia del feto. Varías investigaciones demuestran que en muchos abortos espontáneos el feto mostraba anormalidades genéticas. He aquí cómo la epigenética puede explicar parcialmente la epidemia de la obesidad (la infantil en particular).

Los fast food, que constituyen la dieta de la mayoría de los estadunidenses, es alta en calorías, pero baja en nutrientes, especialmente aquellos elementos que son esenciales para el desarrollo de un embrión en las etapas tempranas de su gestación.

Si una mujer recién embarazada se pasa las primeras semanas de su gravidez comiendo una dieta típica de junk food, el embrión puede recibir la señal de que va a nacer en un entorno hostil donde los alimentos esenciales escasean. Por medio de una combinación de efectos epigenéticos, varios genes se prenden y se apagan resultando en un bebé que nacerá pequeño, necesitando menos comida para la supervivencia y volviéndose obeso en el futuro.

La dieta vegetariana en general disminuye el riesgo de padecimientos como: obesidad, hipertensión, constipación, trastornos cardiacos, diabetes tipo 2, cáncer y cálculos biliares.

Sin embargo, aquellas que evitan los productos de origen animal, necesitan tomar la vitamina B12 y el hierro, además de calcio, zinc y vitamina D.

La guía nutricional para mujeres embarazadas, vegetarianas o no, debe ser la misma. “Todas necesitan hierro adicional, calcio, folato, ácidos grasos esenciales tales como el ácido docosahexaenoico (DHA), que es un ácido graso omega-3 que se halla en peces de aguas frías y en las algas marinas. Este ácido graso es un principal componente del cerebro (97%) y la retina (93%). 

Estimado lector, gracias a la UNAM se logran estas investigaciones que contribuyen a mejorar la salud pública, ¿o no?

                *Abogado y político

                jcsanchezmagallan@hotmail.com

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