Fallece Arturo Yamasaki, el árbitro que pitó el “partido del siglo”
El nazareno participó en tres Copas del Mundo y dirigió el encuentro Italia-Alemania. Expulsó a “Garrincha”
CIUDAD DE MÉXICO, 24 de julio.- Ayer murió Arturo Yamasaki, de aquellos silbantes que se vestían de negro y hacían escuela. Aquel que abandonara de adolescente la carrera de seminarista por la fijación de correr tras el balón, el mismo que una tarde se alejó de su materna Lima (Perú) para tomar la bandera mexicana y pitar, en su nombre, el llamado Juego delSiglo.
La noticia de su muerte llegó muy temprano a la redacción y de inmediato comenzaron a desfilar imágenes en papel de aquel partido en blanco y negro.
17 de junio de 1970. Estadio Azteca. Arturo Yamasaki, árbitro naturalizado mexicano pita en el centro de la cancha y de inmediato corren tras el balón figuras como Luigi Riva, Gianni Rivera y Giacinto Facchetti por parte de la Squadra Azzurra. Por los germanos imponen Franz Beckenbauer, Gerd Müller y
Sepp Maier.
3 mundiales pitó Arturo Yamasaki (Chile 62, Inglaterra 66 y México 70)
Arturo, o El Chino, no se intimidó ante tales monstruos. Si tuvo el aplomo de expulsar a Garrincha en el Mundial de Chile 62, qué le iban a espantar los europeos.
Porque Yamasaki llegó a México con la experiencia de pitar en Perú, en la Copa Libertadores y los mundiales de Chile 62 e Inglaterra 66. Antes de asomarse al México 70 y consagrarse rodeado de ítalos y germanos, el otrora silbante peruano participó en los Juegos Olímpicos de México 68, sin saber que su llegada a territorio mexicano se convertiría en algo más que una aventura olímpica.
Siempre apoyado por su mentor, el italiano Diego di Leo, Arturo Yamasaki Maldonado se convertiría en uno de los hombres de negro más importantes del balompié mexicano en los tiempos de Javier Arriaga, aquel comisionado de arbitraje, muchas veces criticado por mandar a los silbantes sin haber pitado encuentro alguno.
Hombre de trato amable, pero con mano firme al pitar, don Arturo recordaría en su libro (Las reglas del futbol ilustradas/2006) anécdotas como la del jugador peruano llamado Roberto Tito Drago, quien jugaba en el Deportivo Municipal y era aficionado a las carreras de caballos. “Un día se juntaron carreras y partido y Drago empezó a buscar la manera de hacerse expulsar para irse pronto al hipódromo. Después de reclamaciones y muchas groserías lo llamé y le dije que hiciera lo que hiciera no lo dejaría irse a las apuestas. Faltando dos minutos para terminar el partido lo expulsé. Ya no tendría tiempo para llegar a los caballos”.
Arturo Yamasaki murió a los 84 años de edad. Su familia prefirió guardarse las causas de su fallecimiento, aunque se supo que “murió feliz”.
En las últimas ocasiones se le vio con bastón y encorvado el andar. Las autoridades deportivas tuvieron el tiempo suficiente para recordarle lo importante que fue para el balompié, otorgándole reconocimientos como la insignia Special Award y otros premios.
Arturo quería ser seminarista en Lima, pero no sabía que su destino sería en estadios importantes. Su último partido lo pitó en 1975. Fue un cotejo entre el Toluca y el Unión de Curtidores.
Después se convertiría en comisionado de arbitraje (2003-2006) e instructor de silbantes a los que mencionaba cariñosamente como “mis muchachos”.
Curiosamente, Yamasaki se ganaría una tarjeta roja durante su carrera. Fue en el estadio Azteca y el que se la mostró fue El Chanfle, aquel personaje de Roberto Gómez Bolaños en la película de los años 70 en la que Yamasaki pitó un partido entre el América y el Atlético Español.
La llegada de Diego di Leo
El italiano Diego di Leo se convertiría en un personaje muy importante en la vida de Arturo Yamasaki. Árbitro reconocido en Europa, Di leo llegó a Perú en 1957 para imponer respeto en las canchas y sabiduría en las aulas.
En su primer curso brillaría un joven profesor de educación física llamado Arturo Yamasaki Maldonado, quien fue promovido de inmediato para pitar en su país, así como en la Copa Libertadores.
Diego di Leo se convertiría en instructor de arbitraje en varios países de América Latina, llegando a México en 1963 para pitar en nuestro balompié y crear escuela entre los jóvenes silbantes. Se convertiría en asesor de Javier Arriaga, quien sin ser árbitro tomaría el mando de la Comisión de Arbitraje entre 1966 y 1986.
Fue tal su injerencia que se naturalizaría mexicano y pitaría en los Juegos Olímpicos de México 68 (Hungría 4-0 El Salvador).
En dichos Juegos se volvió a encontrar con su viejo pupilo, a quien recomendó con Javier Arriaga y Guillermo Cañedo para quedarse en nuestro país y convertirse en árbitro importante al grado de naturalizarse mexicano y formar parte de la tripleta arbitral que representó a México en el Mundial de 1970. Los otros hombres de negro fueron el propio Diego di Leo y Abel Aguilar.
Di Leo pitaría el partido entre Rumania y Checoslovaquia, en el que los rumanos vencieron por 2-1. Su alumno Yamasaki llegaría hasta la semifinal en el llamado Juego del Siglo, en el que Italia venció a Alemania por 4-3, en 120 minutos de alarido.
Ambos, Diego y Arturo, se quedarían en México para pitar y formar escuela. Diego di Leo se daría tiempo para instruir en países como El Salvador, mientras que Yamasaki permanecería en el país para convertirse, más tarde, entitular de la Comisión de Arbitraje e instructor. Como su viejo maestro.
“Fue el maestro de maestros”
Aarón Padilla recordó que en sus días al frente de la Comisión de Arbitraje una de las obligaciones que tenía, sin que estuviera estipulado en algún documento, era invitar a Arturo Yamasaki a las convenciones del gremio. La ausencia del “Maestro de maestros”, como se le apodaba al nacido en Perú, era imperdonable para un grupo que lamentó ayer su partida.
El por qué de la situación, explicó Padilla, era simple: don Arturo solía ser el que rompía el hielo; siempre tenía un chispazo que detonaba las risas y hacía más digeribles las maratónicas reuniones. Además de ser un maestro en temas de arbitraje, era un ser humano incomparable y eso se valoraba.
“Él cantaba muy bonito, era una excelente persona. Muchas veces nos lo llevábamos para que fuera la persona que empezara a hablar dentro de ella y ya al último cantaba, le decíamos nosotros y a él le encantaba. Vivimos muchos años de apoyo, de cuates y de todo”, aseguró Padilla al abandonar la semivacía funeraria en la que fue velado el ex silbante.
La calidez y buen humor ejemplificados por el Gansito resultaron un común denominador entre las personas que acudieron a despedirlo. Su calidad humana fue subrayada una y otra vez, casi tanto como la sapiencia que tenía de los temas arbitrales. Aunque la mayoría optó por recordarlo como el hombre que siempre les sacó una sonrisa.
“Todos los árbitros, incluso los actuales, le tienen mucho cariño. La verdad es que es un hombre que dejó un legado muy importante y hay que recordarlo con mucho respeto”, consideró Rafael Mancilla, actual presidente de la comisión de arbitraje de la FMF.
El presidente de la Liga MX, Decio de María, consideró que el legado de Arturo Yamasaki es incuantificable. Agradeció sus enseñanzas, lo que dejó dentro del futbol y las luchas que vivieron juntos en su etapa como administrativos dentro de la Federación durante diez años.
“Se va un grande del futbol, un histórico que vino a nuestro país a trabajar y se convirtió en un excelente compañero. No hay árbitro que no haya sido tocado por don Arturo. Desde que fue árbitro, luego como presidente. Todos los árbitros, de una u otra manera recibieron un regaño o un consejo de don Arturo”, detalló.
Para Arturo Brizio y Bonifacio Núñez, Yamasaki resultó un revolucionario y un instructor al que le reconocieron su arropo. Desde su arribo al país se mejoró la preparación física de los silbantes, se afinó la interpretación de las reglas de juego y se mejoraron las metodologías de enseñanza para los nuevos nazarenos. Se hizo más profesional el arbitraje.
Brizio aseguró que lo marcó “como persona, como amigo, como alumno que fui”. La mejor preparación física que llevó a los árbitros a estar cerca de las jugadas, es uno de sus mayores logros, comentó.
Dentro de la funeraria, la familia de Yamasaki aguardó tranquila la visita de más invitados, que llegaron poco a poco. Había que atender a un gremio que siempre le agradecerá.
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