El descubrimiento de la diosa lunar Coyolxauqui

Entre los elementos que quedaron sepultados se encontraba el monolito tallado en piedra de Coyolxauqui, que significa 'la que pinta su rostro con figuras de cascabel'

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A la caída de Tenochtitlan, capital del Imperio mexica, a manos de los expedicionarios castellanos en 1521, se llevó a cabo la edificación de una ciudad novohispana sobre los edificios derruidos de lo que fue la gran urbe mesoamericana. Con lo que, ídolos divinos, recintos religiosos y largas calzadas quedaron varios metros por debajo del nuevo dominio político.

Entre los elementos que quedaron sepultados se encontraba el monolito tallado en piedra de Coyolxauqui, que significa “la que pinta su rostro con figuras de cascabel”, es una deidad femenina mexica dedicada a la Luna, cuyo culto se arraigó dentro de la cultura religiosa de Tenochtitlan.

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LA LEYENDA MEXICA

La diosa de la tierra y madre de los dioses, Coatlicue, también conocida como la madre de todos los mexicanos, después de recoger unas plumas finas que cayeron cerca del cerro de Coatepec, en los alrededores de Tula, se dio cuenta que estaba esperando un hijo: Huitzilopochtli, dios solar y de la guerra.

Al enterarse los otros 400 hijos de Coatlicue que su madre daría a luz a un varón de quien no se conocía la identidad de su padre. Por lo que, Coyolxauqui, diosa lunar, una de las hijas de la Coatlicue, convenció a sus hermanos de asesinarla por haber deshonrado a la familia.

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Desde el vientre de su madre, Huitzilopochtli se comunicó con ella haciéndole saber el plan de sus hermanos quienes ya se dirigían al templo de Coatepec para cumplir su cometido. Al llegar estos, nació el dios de la guerra para luchar contra todos ellos. Se enfrentó a Coyolxauqui, derrotándola y cortándole la cabeza, después, arrojó su cuerpo desde la cumbre del Coatepec; este cayó desmembrándose al pie del cerro.

Para recordar la historia mitológica, los mexicas construyeron el Huey Teocalli o Templo Mayor, el templo sagrado más importante de Tenochtitlan, con un adoratorio que simbolizaba a Huitzilopochtli en la parte superior del basamento; al pie de las escalinatas del recinto un bloque circular de roca volcánica tallada que representa la muerte de Coyolxauqui.

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La historia real de Coyolxauqui describe a una aguerrida mujer que comandaba al ejército de un asentamiento de Aztlán en su trayecto hacia lo que después sería Tenochtitlan. La constante lucha que esta tuvo contra el importante líder mexica, Huitzilopochtli, quien venció a la mujer guerrera sacándole el corazón, dio paso a la deificación de ambos guerreros.

EL HALLAZGO

Eran aproximadamente las 02:30 de la madrugada, del 21 de febrero de 1978 en las esquinas de las calles Guatemala y Argentina en el Centro Histórico de la Ciudad de México, donde trabajadores de la Compañía de Luz realizaban excavaciones para la construcción de una bóveda de transformador, cuando una superficie sólida les impidió continuar. A casi dos metros de profundidad, la pala de uno de los obreros golpeó con algo que parecía ser una roca.

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“Coyolxauqui, diosa casi ignorada en la mitología de los mexicanos, emergió de la noche de los siglos para asomarse a una época de cambios que se opera cada segundo en la moderna Tenochtitlan”, así dio a conocer Excélsior la noticia.

Los sorprendidos trabajadores pudieron ver que se trataba de algo inusual, estaba claro que no era un muro ni los viejos cimientos de alguna casa antigua. De inmediato detuvieron las labores y comunicaron la situación a sus superiores.

El 23 de febrero, una serie de llamadas de una mujer anónima al área de Salvamento Arqueológico del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), alertó a los funcionarios sobre el importante descubrimiento. De inmediato se envió al arqueólogo Raúl Arana a inspeccionar del lugar. A su llegada, el especialista reconoció que estaban frente al hallazgo de una joya arqueológica sin precedentes: una de las más grandes manifestaciones escultóricas del arte precolombino.

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La pieza tallada sobre roca volcánica tiene 3.25 mts. de diámetro, con un peso de 8 toneladas. Al momento de su descubrimiento contaba con una fractura por la mitad de su superficie. En un inicio no podía determinarse la identidad de la deidad finamente representada en el monolito.

El arqueólogo Felipe Solís se dedicó a realizar las primeras inspecciones de reconocimiento de la figura escultórica. Después de una serie de análisis, concluyó que se trataba de Coyolxauqui, hermana de Huitzilopochtli; deidades inmemoriales dentro de las creencias de los habitantes prehispánicos del Valle de México.

Para el 28 de febrero ya se había descubierto por completo la escultura prehispánica y fue mostrada al entonces presidente José López Portillo. Por su parte, Excélsior detalló la información sobre el hallazgo. Destacó que el monolito pertenece al templo dedicado a Huitzilopochtli. “Pertenece a la pirámide de Huitzilopochtli, en una época anterior a la que vieron los españoles”, se puede leer en sus páginas.

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La piedra de la Coyolxauqui pertenece a un grupo de seis representaciones de la deidad lunar que se han descubierto hasta el momento. Entre diferentes tipos de esculturas, máscaras, bajorrelieves y objetos tallados, todas muestran atributos semejantes como los cascabeles sobre las mejillas, mismos que dan cuenta de una característica propia de la diosa de la Luna. Una de ellas, encontrada a unos cuantos centímetros de la monumental escultura de Guatemala y Argentina.

EL TEMPLO MAYOR A LA VISTA

Uno de los descubrimientos más importantes de los vestigios arqueológicos del templo mayor lo realizó Manuel Gamio en 1914, lugar que se mantuvo como un espacio atractivo para turistas y visitantes. Encontró una de las cabezas monumentales de serpiente que se encuentran al pie de las alfardas de la fachada principal del Templo Mayor, entre otros elementos arquitectónicos.

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El hallazgo de la Coyolxauqui ayudó a los científicos a definir la ubicación del Templo Mayor. Durante más de cuatro años se realizaron trabajos de excavación en la zona que comprendía varios estacionamientos y algunos terrenos sin construcción para descubrir la zona arqueológica del Templo Mayor donde se encontraron decenas de ofrendas y cientos de objetos arqueológicos con lo que, se organizó una serie de exposiciones con las piezas en Bellas Artes, para posteriormente construir el Museo del Templo Mayor, como lugar definitivo de exhibición. El museo abrió sus puertas en 1987, consolidándose el ambicioso Proyecto Templo Mayor a cargo del profesor Eduardo Matos Moctezuma.

Algunos cronistas afirman que el principal recinto sagrado de Tenochtitlan albergaba alrededor de 76 edificios. Durante mucho tiempo se creyó que el Templo Mayor se encontraba bajo la Catedral Metropolitana, sin embargo, el descubrimiento de la Coyolxauqui, brindo mayor precisión sobre las coordenadas de su ubicación.

OTROS DESCUBRIMIENTOS EN LA ZONA

Hacia el año de 1790 durante las obras en la plaza mayor de la Ciudad de México, realizadas por órdenes del segundo conde de Revillagigedo, se encontró la figura de la Coatlicue, la madre de todos los dioses, cerca de Palacio Nacional. El primer gran monumento rescatado de las profundidades de la ciudad.

En el mismo año, fue localizada la piedra del Sol por un grupo de trabajadores en el primer cuadro del Centro Histórico de la Ciudad de México. El astrónomo, Antonio de León y Gama, se encargó de convencer al virrey para que la monumental escultura fuera resguardada por el gobierno virreinal.

En 2006 apareció la escultura de Tlaltecuhtli, diosa de la tierra, a un costado de la construcción conocida como ‘La Casa de las Ajaracas’, que data del siglo XVII, ubicada en la misma esquina de Guatemala y Argentina, donde hoy se encuentra el Museo Archivo de la Fotografía, en el Centro Histórico de la capital del país. Uno de los descubrimientos monolíticos de mayores proporciones en la zona.

A todo lo anterior, se suma el hallazgo del Huey Tzompantli, torres de cráneos humanos dedicados al sacrificio a los dioses como agradecimiento por el ciclo de la vida y el Universo. Uno de los espacios sagrados más importantes dentro de la cosmovisión indígena.

Entre todos los secretos que se encuentran enterrados bajo los pies de miles de capitalinos, hace más de cuatro décadas, la diosa lunar, Coyolxauqui, paradójicamente, volvió a ver la luz y se levantó sobre las ruinas de la extinta ciudad de Tenochtitlan.

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