“Hay que ser prudentes. Hay que esperar.” La gobernadora de Veracruz ha convertido esas dos frases en política de Estado. Las repite cada vez que le preguntan por Roxana Guzmán, por los periodistas asesinados en Poza Rica, por el crudo que tiñó de negro las playas del sur. La prudencia, en boca de Rocío Nahle, no es cautela procesal: es método. No responder, no explicar y, sobre todo, no incomodar la narrativa de que en Veracruz “hay coordinación, resultados y cero impunidad”.
Los expedientes dicen otra cosa. Repasemos los que siguen abiertos: Avisack Douglas Coronado, fotoperiodista, acribillada el 20 de mayo de 2025 en Juan Rodríguez Clara; la Fiscalía estatal ofreció recompensa por dos presuntos responsables, que siguen prófugos. Miguel Ángel Anaya Castillo, fundador de Pánuco Online, desapareció el 13 de abril de 2025 tras denunciar hostigamiento. Nadie sabe dónde está. Carlos Leonardo Ramírez Castro, director de Código Norte Veracruz, asesinado el 8 de enero de 2026 en Poza Rica. Tenía 26 años, amenazas denunciadas desde 2024 y medidas de protección de la CEAPP que lo obligaron a irse un año del municipio. Regresó. Lo mataron. No hay detenidos.
Luis Ángel López Valdez, reportero policiaco, ejecutado el 11 de junio, también en Poza Rica, también con esquema de protección oficial. La Fiscalía “amplía líneas de investigación”. Es todo lo que sabemos. Y Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora de Pulso Informativo del Sureste, sustraída de su casa en Nanchital el 2 de junio. Entre los seis detenidos hay cuatro policías municipales de Ixhuatlán del Sureste. Si se confirma la participación policial, no estaríamos ante un caso de violencia contra la prensa, sino ante una desaparición cometida desde el Estado.
A la lista hay que sumar a Rafael Lafita León, el periodista de Coatzacoalcos al que la Fiscalía estatal acusó de terrorismo por sus coberturas sobre corrupción policial, hasta que un juez federal desmontó el expediente.
Y luego está el mar. Cuando el chapopote apareció en las playas del sur en marzo, Nahle negó el desastre. Después lo llamó “gotitas”. Después culpó a un buque privado. Semanas más tarde, el gobierno federal admitió que el derrame salió de un oleoducto de Pemex, que la empresa lo supo desde principios de febrero y calló, y que tardó ocho días en cerrar la válvula principal. Mil kilómetros de costa, pescadores sin trabajo, tres funcionarios separados. Nadie ha explicado por qué la gobernadora —ingeniera petroquímica, exsecretaria de Energía— negaba lo que su oficio le permitía reconocer mejor que nadie.
Ése es el otro silencio, el de origen: 35 denuncias penales ante la FGR por presuntas irregularidades en la construcción de Dos Bocas, la refinería que prometió por 8 mil 900 millones de dólares y terminó costando casi 21 mil, con contratos por adjudicación directa a empresas recién creadas y una red de huachicol documentada por MCCI. Quien exige prudencia a las víctimas nunca la tuvo con el erario.
El patrón es idéntico: negar primero, minimizar después, pedir prudencia siempre. “Aquí a nadie se reprime”, dice Nahle. Los números la desmienten: tres periodistas asesinados y dos desaparecidos en año y medio de gobierno, en el estado más peligroso de América Latina para este oficio. Ningún expediente tiene sentencia. ¿Qué esperamos? ¿Que la FGR resuelva lo que la Fiscalía estatal no pudo o no quiso? ¿Que la prudencia, a fuerza de repetirse, se vuelva verdad?
El silencio de Nahle no es ausencia de palabras, es una decisión política. Cada caso sin resolver es un mensaje para quienes todavía reportean en Pánuco, en Poza Rica, en Nanchital: el Estado no llegará a tiempo y, en el peor de los escenarios, el Estado podría ser quien toque la puerta.
A Roxana Guzmán se la llevaron de su casa frente a una cámara. Hoy los peritos analizan restos en un rancho entre Ixhuatlán y Moloacán, y cuatro de los detenidos portaban placa. Su madre habló con la Presidenta; la gobernadora le pidió al país que fuera prudente. Cuando llegue el resultado del ADN —y va a llegar—, ya nadie podrá decir que no lo vimos venir. Lo vimos entrar por la puerta. Lo grabamos. Lo único que faltó fue un gobierno dispuesto a nombrarlo.
