Comandante suprema
El reconocimiento anticipado de las Fuerzas Armadas a la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum, durante el evento de ayer en el marco de los trabajos del Corredor Interoceánico, marca el inicio de una nueva era en la relación entre el poder militar y el Ejecutivo ...
El reconocimiento anticipado de las Fuerzas Armadas a la virtual presidenta electa, Claudia Sheinbaum, durante el evento de ayer en el marco de los trabajos del Corredor Interoceánico, marca el inicio de una nueva era en la relación entre el poder militar y el Ejecutivo en México. Este gesto, más allá de la cortesía institucional, sugiere una disposición al diálogo y la colaboración que será crucial para enfrentar los complejos desafíos que se avecinan.
Sheinbaum heredará un país donde la línea entre seguridad pública y defensa nacional se ha desdibujado. La militarización, justificada por la lucha contra el narcotráfico y la violencia endémica, ha otorgado a las Fuerzas Armadas un protagonismo sin precedentes en tiempos de paz. El reto para la nueva comandante suprema será equilibrar la necesidad de seguridad con el respeto al Estado de derecho y las instituciones civiles.
Por otro lado, el papel cuasi empresarial que ha adquirido el Ejército en la gestión de obras de infraestructura y empresas estatales plantea interrogantes sobre la naturaleza cambiante de nuestras Fuerzas Armadas. ¿Cómo conciliar estas nuevas responsabilidades con su misión fundamental de defensa nacional? ¿Qué implicaciones tiene esta diversificación de funciones para la estructura y doctrina militar?
La presidenta Sheinbaum deberá navegar hábilmente entre la continuidad de políticas que han ampliado el poder militar y la necesidad de establecer límites claros y controles democráticos. Su capacidad para forjar una relación de confianza mutua con los altos mandos, sin comprometer la supremacía civil, será determinante.
El desafío más apremiante será, sin duda, replantear la estrategia de seguridad. La violencia y la presencia del narcotráfico exigen soluciones integrales que vayan más allá del enfoque militarizado. Sheinbaum tendrá que innovar, combinando el poder disuasivo de las Fuerzas Armadas con políticas sociales, económicas y de justicia que ataquen las raíces del problema.
En cuanto al papel económico del Ejército, la nueva administración deberá evaluar cuidadosamente los beneficios y riesgos de esta expansión. ¿Cómo garantizar la transparencia y rendición de cuentas en estas actividades? ¿Es sostenible a largo plazo esta diversificación de funciones sin afectar la preparación y eficacia militar?
El reconocimiento anticipado de las Fuerzas Armadas a Sheinbaum abre una ventana de oportunidad para redefinir esta relación crucial. La nueva comandante suprema tiene ante sí la oportunidad histórica de forjar un nuevo pacto civil-militar que fortalezca al Estado y a la sociedad mexicana y aborde eficazmente los desafíos de seguridad y desarrollo del país. Esta nueva relación deberá asegurar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para todas las actividades empresariales y administrativas del Ejército, garantizando que operen bajo las mismas normas de integridad y supervisión que cualquier otra entidad gubernamental.
El éxito de Sheinbaum en esta empresa dependerá de su visión estratégica, su habilidad política y su compromiso inquebrantable con los principios democráticos. El futuro de México y la evolución de sus Fuerzas Armadas están íntimamente ligados. Es hora de trazar un nuevo rumbo que honre la tradición militar mexicana mientras se adapta a las realidades del siglo XXI.
