Ya dejaron de pedir permiso

Víctor Beltri

Víctor Beltri

Nadando entre tiburones

“Pero ¿por qué, si voló de día, ingresó y ustedes lo estaban esperando…?”, preguntó el periodista Luis Chaparro a los agentes del FBI que le revelaron los detalles de la captura del Mayo Zambada, de acuerdo a su propia narración. “¿Por qué apagaron los transponders, las localizaciones y los blinkers?”. “Porque no se estaban escondiendo de nosotros”, fue la respuesta lapidaria.

La detención de Zambada fue un golpe demoledor para el gobierno de López Obrador, justo cuando creía que su legado estaba seguro. Lo descolocó por completo: en la conferencia de prensa del día siguiente lo mismo admitió que su gobierno no había sido informado hasta que la operación había terminado, que calificó la extracción como una muestra de la colaboración entre los dos países aunque en este caso concreto no hubiera sido así. El expresidente nunca entendió de política internacional, ni supo leer los cambios que se avecinaban: a pregunta expresa en la misma sesión informativa, sobre los dichos del entonces candidato Trump en el sentido de que los cárteles administran el país, López Obrador respondió calificándolos como mera retórica electoral. “Son tiempos electorales”, explicó confiado. “Y en cualquier lugar del mundo donde hay elecciones se exacerba la retórica, se habla más de la cuenta, y hay demasiada pasión. Por eso, mi relación con él es un ejemplo claro de lo que estoy diciendo”, aseguró.

El medio es el mensaje, como siempre ocurre. El avión que transportó al Mayo hoy se encuentra en un museo, como símbolo y testimonio del alcance de la justicia norteamericana: el mundo entero ahora sabe que, si pudieron capturarlo a él, podrían disponer de cualquiera. Como lo hicieron en Venezuela, como lo hicieron en Irán, al inicio del conflicto; como lo han hecho, sin mayor escrúpulo, en el mundo entero. La identidad de la nave fue cuestionada desde el primer momento por el expresidente, quien supuso que en algún momento se habrían cambiado a la que mostraban las fotos: las revelaciones de la semana pasada, sin embargo, demuestran un trabajo meticuloso para modificar la aeronave por completo y evitar su detección por las autoridades mexicanas. “Pues es que no se estaban escondiendo de nosotros”, aseguró el agente del FBI en la narración de Luis Chaparro.

“Lo que sabemos hasta ahora es de que el gobierno de EE. UU. tenía acuerdo con Guzmán López. Que venían manteniendo comunicación para un posible acuerdo. Ellos han dicho que en efecto había acuerdo o se estaba gestando este acuerdo, pero que no sabían que en el avión iba también el señor Zambada”, declaró el expresidente, con el rostro desencajado, en agosto del mismo año. En aquellos tiempos el expresidente habría afirmado a sus más cercanos estar temeroso de lo que El Mayo pudiera revelar, según afirmó el entonces embajador norteamericano, Ken Salazar, en un adelanto a sus memorias aún por publicarse. López Obrador, afirmó, tenía miedo a que “soltara la sopa”.

México cambiaría por completo desde entonces: los equilibrios que sustentaban al gobierno se alteraron por completo, y a la necesidad por desviar la conversación pública se sumó la de cambiar el diseño de la administración pública para garantizar la seguridad jurídica y la continuidad del legado. El fin justificaba los medios, y la reforma al Poder Judicial fue aprobada a toda prisa; el fraude de la mayoría legislativa vendría poco después, de la mano de los mismos traidores. Mientras tanto, la guerra intestina en Sinaloa se ha extendido al país entero y sigue cobrando víctimas mortales y las declaraciones de Trump, cuando candidato, hoy son políticas de gobierno. Políticas oficiales, por cierto, en plena vigencia y cumplimiento forzoso.

Se avecinan tiempos difíciles. Muy difíciles, en realidad: el tratado comercial, que había sido la base de nuestra economía reciente, no fue renovado por un vecino que dejó de confiar en nosotros y que, además, hoy cierra la pinza cada vez más en torno a todos sabemos quién y sus cómplices. El México que conocemos, sin duda alguna, cambiará muy pronto; el avión, ahora, está en un museo. Ya dejaron de pedir permiso.